240. LA GNOSIS Y EL COMBATE ESPIRITUAL

San Pedro, en su escalera espiritual, coloca la gnosis (ciencia/conocimiento) como segundo escalón.  Como hemos reflexionado en anteriores ocasiones, la gnosis nos ayuda a iluminar nuestra existencia para que ésta sea vivida de acuerdo al Plan de Dios.  El conocimiento al que alude el apóstol no es sólo un conocimiento teórico, sino más bien brota del encuentro con el Señor Jesús y nos da luces prácticas para avanzar por un camino de configuración con Él.

Cuando conocemos bien a una persona en muchas ocasiones podemos saber cómo se comportaría en determinadas situaciones.  Mientras más la frecuentamos y más aspectos de su personalidad, de sus intereses, de sus principios conocemos, tendremos mayor oportunidad de comprenderla y conocer su modo de actuar.  Algo análogo podríamos decir que nos ocurre con el Señor.  Mientras más nos encontramos con Él, mientras más lo conocemos y nos abrimos a su gracia transformadora, tendremos más luces para vivir como Él.  La gnosis, que tiene como fuente este encuentro con el Señor, nos permite iluminar nuestro andar cotidiano, ayudándonos a obrar como lo haría el Señor Jesús preguntándonos, por ejemplo, qué tengo yo que no tiene Él, qué tiene Él que no tenga yo, qué haría Él en mi lugar.  Es importante recordar que no se trata de una mera imitación externa, sino de avanzar con la fuerza del Espíritu por un camino de configuración con Aquel que nos revela quiénes somos.

Este segundo escalón en la Dirección de San Pedro nos invita a crecer en la capacidad de discernimiento, aprender a distinguir entre el bien y el mal, llevando a la acción en el día a día nuestro deseo de responder al Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.  Es, de hecho, «esencial que todo cristiano trabaje por alcanzar el conocimiento y la sabiduría suficientes para discernir aquello que debe realizar y así dirigir su propio esfuerzo. Esto implica conocer tanto los métodos adecuados como el orden y el modo de realizar los deberes cristianos en las diversas circunstancias de la vida»1.

El combate espiritual

Al reflexionar sobre cómo vivir nuestra experiencia de encuentro con el Señor, y dejarnos iluminar por ella en lo cotidiano, aparece ante nuestros ojos el horizonte del combate espiritual.  ¿Qué es el combate espiritual?  Llamados a la santidad, pero heridos por el pecado, sabemos que no es posible avanzar hacia la configuración con el Señor Jesús sin un serio esfuerzo por abrirnos a su gracia.  Es más, al bautizado se oponen fuerzas —sean del hombre viejo, del mundo o del demonio— que buscan apartarlo del buen camino.  El combate espiritual implica precisamente esta lucha por avanzar hacia la perfección en la caridad, utilizando todos los medios espirituales de los que disponemos para que la acción de la gracia dé frutos en nuestra vida.  «Sólo gracias a este combate espiritual —decía el Beato Juan Pablo II— la “forma de Cristo” puede penetrar en todos los estratos de la persona humana redimida y salvaguardar su libertad de adhesión al bien»2.

Quien se descubre avanzando por un camino de cada vez mayor compromiso con la vida cristiana comprende que no es una meta fácil de alcanzar.  De hecho, es imposible con nuestras solas fuerzas.  Sin embargo, al iluminar nuestro andar con la Revelación, así como con el testimonio de muchos santos y santas que nos han precedido, descubrimos muchísimos medios que nos ayudan y fortalecen.  El conocimiento que nos da la gnosis nos brinda una luz invaluable para comprendernos y enfrentar los obstáculos.  Como decía el Papa Benedicto XVI, «es un combate que implica a toda la persona y exige una atenta y constante vigilancia»3.

El combate espiritual no es necesario sólo para algunos elegidos, ni para espíritus más avanzados.  En realidad, todo bautizado que quiera emprender con firmeza el camino de la santidad debe entender que inicia un combate espiritual, una lucha hasta alcanzar la estatura de Cristo.  «En la existencia de los cristianos, hoy más que nunca —explicaba Juan Pablo II—, los ídolos son seductores y las tentaciones, apremiantes: el arte del combate espiritual, el discernimiento de espíritus (…) deben volver a formar parte de la vida interior del discípulo del Señor»4.  Cómo decía el Apóstol San Pablo, en palabras que iluminan muchísimo el sentido de la gnosis a la que nos invita San Pedro, «si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu»5.

Conocimiento personal

Un aspecto muy importante para vivir la gnosis y tener un combate espiritual sólido es el conocimiento personal.  El conocerme a mí mismo es parte fundamental de avanzar por la vida cristiana y, como sabemos, está íntimamente relacionado con el conocer cada vez más al Señor Jesús.  Evidentemente supone conocer los dones y virtudes que poseemos, como también la toma de conciencia de nuestras fragilidades y limitaciones.  Este conocimiento es muy importante para el combate espiritual, pues nos permite aprovechar nuestras fuerzas y reforzar las áreas débiles que, si las descuidamos, pueden ser aprovechadas por el enemigo que nos tienta para el mal.  El comandante de un ejército, por poner un ejemplo, debe saber exactamente no sólo con qué fuerzas y armamentos dispone, sino también cuáles son sus flancos débiles.  Sería temerario emprender un combate —también en lo espiritual— sin crecer en conocimiento personal y sin las “armas” necesarias.  Todo esto nos lleva a disponernos de la mejor manera posible para acoger los dones y bendiciones de Dios y crecer en santidad.

Algunos obstáculos

Es probable que tengamos ya algunas ideas sobre aquellos obstáculos que por lo general encontramos para vivir la gnosis y el combate espiritual.  Cada persona experimentará dificultades particulares, pero ciertamente hay algunos obstáculos que se presentan con mayor frecuencia o son particularmente peligrosos.

Uno de ellos es la ignorancia.  No es sólo desconocer aspectos teóricos de la fe, sino también desconocer los “canales” por los que el Señor derrama abundantemente su gracia para nosotros de manera que podamos permanecer fieles y sostener un buen combate espiritual.  Conocer y vivir, en primer lugar, la vida sacramental en la Iglesia, particularmente en el Sacramento de la Reconciliación y en la participación en la Eucaristía.  Avanzar en el hábito del discernimiento de espíritus, profundizar en el conocimiento y la vivencia de lo que es la vida de oración, contar en la medida de lo posible con un buen consejero espiritual, son algunos medios que no podemos ignorar.  Tampoco, como decíamos antes, podemos desconocernos a nosotros mismos y las rupturas interiores que nos aquejan.

Esto, precisamente, nos lleva a otro obstáculo, que son nuestras inconsistencias y hábitos viciosos.  En este sentido el examen de conciencia nos puede ayudar a conocer nuestros hábitos, vicios o pecados, y cuáles son sus raíces.  Muchas veces descubriremos que detrás de ciertos hábitos o modos de actuar tenemos modos de pensar o ideas que son contrarias al Evangelio.  Mientras permanezcan ocultas será más difícil “revestirnos” de las virtudes a las que nos invita el Señor Jesús.  Otro obstáculo, que con mucha frecuencia nos dificulta crecer en santidad, es la inconstancia en nuestros buenos propósitos.  Es claro que una voluntad débil no podrá mantenerse fiel ni responder a las exigencias de la vida cristiana que no es, como sabemos, una carrera de velocidad sino, más bien, de “largo aliento”.

Finalmente, nunca podemos olvidar que el camino de santidad estará lleno de tentaciones.  Dios, ciertamente, nunca nos tentará, pues como dice el apóstol Santiago, Él no tienta a nadie6, pero a veces nos olvidamos que sí tenemos un enemigo que busca nuestro mal.  Como recordaba el Apóstol San Pedro, «sean sobrios y velen.  Su adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.  Resístanle firmes en la fe»7.  Para resistir en la fe contamos en todo momento con la fuerza del Espíritu y debemos pedir con insistencia al Padre que no nos deje caer en la tentación.  Con esta oración, enseña el Catecismo, «le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate “entre la carne y el Espíritu”.  Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza»8.

Resistir en la fe implica acudir con insistencia a la intercesión de nuestra Madre María y de San Miguel Arcángel, pidiéndoles que alejen de nosotros las insidias del enemigo.   Implica también comprender desde la fe la naturaleza de las tentaciones, estar prevenidos para actuar de modo enérgico ante ellas de modo que podamos permanecer firmes.  Las tentaciones no son siempre iguales para todas las personas, y es importante conocer cuáles son aquellas en las que caemos con mayor facilidad, para comprender también qué aspectos de nuestro interior debemos fortalecer.

Así como es necesario luchar contra las tentaciones, tenemos que ser también astutos para no ponernos en ocasiones de pecado.  Como sabemos, estas ocasiones son circunstancias que favorecen la caída y el dar la espalda a Dios, y si bien no suelen ser tentaciones en sí mismas, son ámbito propicio para el surgimiento de éstas y para que nos deslicemos hacia el pecado.

Horizonte positivo

Los obstáculos señalados son, como es evidente, una lista incompleta. Cada uno puede —y debe— encontrar las dificultades principales que tiene para crecer en santidad.  Conocer los obstáculos y la acción del pecado en nosotros no es tener una aproximación negativa al ser humano sino que es expresión del realismo de la fe.  Aunque experimentamos aún en nosotros las consecuencias del pecado, nos sabemos partícipes del don de la reconciliación y de la victoria sobre el pecado del Señor Jesús, y por eso podemos confiar que Dios y su gracia nos auxiliarán en todo momento.  «Fiel es Dios —escribía San Pablo— que no permitirá sean tentados sobre sus fuerzas.  Antes bien, con la tentación, les dará modo de poderla resistir con éxito»9.  La confianza en Dios no nos exime de ser astutos, como nos lo pedía el mismo Señor Jesús10, y más bien nos invita a conocer las reglas del buen combate espiritual.

El combate espiritual, por tanto, no busca conocer sólo los obstáculos que debemos enfrentar.  Estos son importantes de conocer, pero no señalan el horizonte último, que supone más bien el crecimiento en la virtud y la caridad.  En este sentido la gnosis, como veremos en los próximos Camino hacia Dios, implica también medios positivos para responder a la gracia derramada en nuestros corazones.  «La vida cristiana es, en efecto —escribía el Beato Juan Pablo II—, una lucha, un “buen combate”, por usar las palabras de San Pablo, en el que cada uno debe luchar por la consecución de los valores verdaderos y más altos, que son los de la virtud, la caridad y la unión con Dios»11.  La gnosis, a la que nos invita San Pedro, es ocasión privilegiada para iluminar nuestro combate y avanzar por la puerta estrecha que nos lleva a la plenitud en la caridad.

Citas

Kenneth Pierce, La escalera espiritual de San Pedro, FE, Lima 2010, p. 126.

Juan Pablo II, Audiencia general, 31/8/1983.

3 Benedicto XVI, Homilía, 1/3/2006.

Juan Pablo II, Discurso, 25/5/2002.

Gál 5,25

6 Ver Stgo 1,13-14.

1Pe 5,8-9.

8 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2846.

1Cor 10,13.

10 Ver Mt 10,16.

11 Juan Pablo II, Ángelus, 20/11/1988.

Citas para la oración

Crecer en conocimiento: Eclo 14,20 ss.; Dan 2,21-23; Tit 1,1-2.

Estamos llamados a combatir el buen combate de la fe: 1Tim 6,12.

En Cristo, la victoria es ya nuestra: Jn 16,33; 1Cor 15,57.

Triunfa quien persevera: Mt 24,13

Preguntas para el diálogo

  1. ¿Qué es el combate espiritual?
  2. ¿Cuál es la relación entre la gnosis y el combate espiritual?
  3. ¿Qué obstáculos encuentro para mi combate espiritual?
  4. ¿Qué medios forman parte de mi combate espiritual?
  5. ¿Cuál es la importancia del conocimiento personal y qué se entiende por ese conocimiento?
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