246. RECURSO AL CONSEJO

Sabemos que para ser felices debemos cumplir el Plan de Dios. Ese es el camino para avanzar por la santidad, la mejor ruta para vivir en plenitud. También sabemos que, en la práctica, no siempre es fácil saber cuál es el camino que debemos tomar para seguir el designio amoroso de Dios. Él nos ayuda en todo momento a encontrar el camino, pero no siempre nos encontramos en silencio y abiertos al Espíritu. Para escucharlo muchas veces recurrimos a la oración, al ejercicio del silencio y la escucha, a la meditación de la Sagrada Escritura, a los sacramentos. Junto a estos tenemos también otro medio a nuestra disposición que puede ser de gran ayuda, sobre todo en momentos de dificultad para ver el camino. Es el recurso al consejo, que en el marco de la gnosis a la que nos invita San Pedro en su escalera espiritual, nos permite conocer y vivir el Plan de Dios en nuestras vidas.

¿Qué es el recurso al consejo?

La vida cotidiana nos presenta múltiples situaciones en las que debemos elegir, tomar decisiones, y no siempre podemos ver todo el panorama con claridad. Elegir es incluso más difícil cuando estamos solos y desorientados. Es como si estuviéramos en una ciudad desconocida, sin saber bien hacia dónde ir: ¿acaso no será lo más natural detener a alguien que conoce un poco mejor el camino para que nos oriente y nos explique cómo llegar a nuestro destino? Sin lugar a dudas, necesitamos recurrir a los demás. En el combate espiritual, eso significa recurrir al consejo.

Se trata de un medio para ayudarnos a ver la realidad con mayor amplitud y discernir los caminos de Dios. Nos ayuda a juzgar la realidad según el Evangelio y tomar decisiones para avanzar en el cumplimiento del Plan de Dios. Quien anhela una vida cristiana debe estar convencido de que no se encuentra solo. Dios se vale de aquellas personas que, como nosotros, recorren el camino hacia la santidad para ayudarnos y orientarnos, dándonos luces por medio de buenos consejos. Un buen consejero es, en ese sentido, manifestación del amor de Dios que nos acompaña siempre a lo largo de nuestro peregrinar.

De hecho, se trata siempre de escuchar a Dios para seguir su Plan. Ello requiere, como condición necesaria, la apertura al Espíritu. Precisamente, como sabemos, el consejo es uno de los siete dones del Espíritu Santoque «ilumina nuestro corazón, de tal forma que nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse; y el camino a seguir»2. Hemos de estar siempre abiertos a ese don divino, puesto que «antes de toda acción está el consejo»3. El don del consejo que recibimos a través de otra persona nos ayuda a «obrar las obras de Dios»4. De este modo podremos experimentar en nuestras vidas la alabanza que canta el salmista: «Bendigo al Señor que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye; pongo al Señor ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo»5.

La necesidad de recurrir al consejo

Nos puede haber sucedido, y quizás más de una vez, que estábamos seguros de tener razón para luego descubrir que, por el contrario, nos encontrábamos profundamente equivocados. No siempre es fácil reconocerlo, más aun en un mundo en el cual está de moda el modelo de persona absolutamente independiente, que es capaz de alcanzar todas sus metas “sin ayuda de nadie”. Estas personas, que en realidad existen solamente en las películas, no necesitan recurrir a nadie porque no tienen ninguna “debilidad”.

La experiencia en el propio recorrido de vida cristiana nos enseña que uno de los peligros más grandes es el subjetivismo, es decir, creer que nuestra “verdad” es la verdad. ¡Qué difícil se torna buscar la objetividad cuando nos encerramos en nosotros mismos, construyendo a nuestro alrededor un muro que nos aleja de los demás y también de Dios! Si no tenemos parámetros objetivos claros con los cuales contrastar nuestras opiniones o intuiciones, corremos el serio riesgo de quedarnos en la ignorancia, caer en la terquedad, y actuar con imprudencia. Porque «el necio tiene por recto su camino»6, y «el que vive apartado, busca su capricho, se enfada por cualquier consejo»7.

Seremos más felices y viviremos en mayor libertad si es que aprendemos a escuchar a los demás. Nos enseña la Escritura que «el oído de los sabios busca conocer»8, y para ello, «el sabio escucha los consejos»9. Dice el proverbio: «con los que admiten consejos está la sabiduría»10, puesto que «el consejo en el corazón del hombre es agua profunda, el hombre inteligente sabrá sacarla»11. ¡Cuán necesario es buscar un buen consejo y aprender a escuchar a quienes nos quieren ayudar! Así, a través de las mediaciones humanas, Dios muchas veces sale a nuestro encuentro para auxiliarnos en nuestra debilidad e iluminarnos el camino.

Criterios prácticos para recurrir al consejo 

La primera pregunta práctica que nos viene a la mente cuando se trata de pedir consejo es: ¿a quién puedo pedir consejo? En efecto, no podemos pedir consejo sobre cosas espirituales a personas que no tengan una vivencia de la fe, puesto que los caminos de Dios son conocidos por aquellos que están en su camino. De lo contrario, seríamos como ciegos guiados por otros ciegos, y tarde o temprano caeríamos en algún agujero12. Para aconsejar, es necesario adquirir la sabiduría y la prudencia que no sólo nos da el conocimiento de la fe, sino también la experiencia. Por ello, es altamente recomendable pedir consejo a personas que, aun cuando son tan frágiles y pecadoras como nosotros, tienen un recorrido espiritual más avanzado, una vida espiritual sólida y testimonial, un ejercicio constante de la caridad fraterna y del servicio evangélico. Es decir, personas con capacidad de discernimiento, experimentadas en el trato con el Señor Jesús a través de la vida de oración y la vivencia de la caridad.

En efecto, debemos bendecir a Dios cuando tenemos ese tipo de personas cerca de nosotros, que muchas veces pueden ser sacerdotes, consagrados o consagradas, pero también pueden ser laicos fieles y comprometidos con lo que han asumido en el Bautismo. Por otro lado, siempre hemos de tener una especial consideración con las personas más ancianas, puesto que ellos «son nuestra sabiduría, son la sabiduría de la Iglesia; los ancianos que tantas veces nosotros descartamos, los abuelos, los ancianos... Que el Señor nos dé siempre ancianos sabios. Ancianos que nos den la memoria de nuestro pueblo, la memoria de la Iglesia»13.

También debemos preguntarnos: ¿cuál es el papel del consejero? Hemos de advertir que el papel del consejero no es el de ponerse en el lugar de Dios. Ésa era, precisamente, la tentación en la que frecuentemente caían los fariseos14. El papel del consejero es el de un servidor que busca ayudar al aconsejado a abrir los ojos y oídos de su interior a Cristo, el único Consejero. Para ello no deberá buscar signos extraordinarios, sino escuchar a su aconsejado, atendiendo a lo que ocurre en su vida ordinaria, para descubrir en las circunstancias concretas las mociones del Espíritu en vistas a seguir el Plan de Dios.

¿Cuándo pedir consejo? La respuesta es: siempre que sea necesario, sobre todo en los momentos de la vida en los que nos toca tomar decisiones relevantes y que afectan nuestro futuro y el de las personas con las que nos relacionamos. Por otro lado, siempre hemos de pedir a Dios luz para nuestro entendimiento. Por ello, es bueno tener un consejero que nos acompañe con cierta frecuencia, saliendo a su encuentro sin tardar demasiado, hasta ir madurando en la capacidad de discernimiento.

¿Cómo pedir consejo? Hemos de acudir al consejo con confianza, dado que estamos yendo al encuentro de personas en las que confiamos. Y el consejo se tiene que dar en un marco de amistad, respeto mutuo, transparencia y recato. Implica, pues, la prudencia de ambas partes. Por ello, conviene elegir horarios y lugares adecuados, donde se pueda hablar con libertad. También es importante la apertura de corazón, que no debe confundirse con la confesión, que es propia del sacramento. En ese sentido, el consejero debe ser prudente para ver hasta qué punto la apertura es necesaria.

Finalmente, es importante considerar qué hacer con el consejo recibido. Un consejo recibido no es propiamente una “orden” de Dios, pero sí un elemento muy importante a tomar en cuenta en cualquier decisión que hagamos. A veces el consejo no nos gusta, nos cuesta cumplirlo, y eso nos puede dar la apariencia de que no es algo que Dios pueda “querer” para uno mismo. Por ello, es importante ir trazando un plan de vida, con objetivos claros a mediano y a largo plazo, que nos ayuden a descubrir la importancia de los medios a corto plazo, y así no dejarnos llevar por la nociva y fatal “ley del gusto-disgusto”, es decir, por nuestro capricho y veleidad. Conviene tomar en consideración el dolor que nos puede venir a causa del arrepentimiento, después de que alguien sabio y cercano nos sugirió el camino correcto, y no supimos o no quisimos escucharlo, como decía el profeta: «Ellos no escucharon ni prestaron oído, sino que procedieron en sus consejos según la pertinacia de su mal corazón, y no mostraron su rostro, sino la espalda»15.

Busquemos siempre buenos consejeros, personas que nos puedan ayudar a ver el camino desde la óptica de Dios. La Iglesia es una gran familia y en ella encontramos siempre amigos que nos tienden una mano generosa y nos ofrecen un consejo fraterno. Asimismo, hemos de estar dispuestos, en lo posible, para aconsejar a quienes necesiten un buen consejo. Dar consejo es una obra de misericordia espiritual, es una tarea de corresponsabilidad entre todos los cristianos. Vivamos así los pasos de la prudencia (ver, juzgar, actuar) ayudando a nuestro prójimo a “ver” la realidad cómo la ve Dios, con los ojos de la fe, para obrar sus obras en nuestro peregrinar terreno. La necesidad de otros, así como la nuestra, no nos hace débiles, por el contrario: con la gracia de Dios, nos fortalece y anima, y nos abre a un horizonte de crecimiento, de amistad y santidad.

CITAS

1Ver Is 11,2.

2Francisco, Audiencia del 7/5/2014.

3Eclo 37,16.

4Jn 6,28.

5Sal 16,7-8.

6Prov 12,15.

7Prov 18,1.

8Prov 18,15.

9Prov 12,15.

10Prov 13,10.

11Prov 20,5.

12Ver Mt 15,14.

13Francisco, Discurso, 1/6/2014.

14Ver Mt 23,8-10.

15Jer 7, 24.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Entiendes la importancia de recurrir al consejo?
  2. ¿Qué relación tiene el recurso al consejo con la gnosis de la que nos habla San Pedro?
  3. ¿Has recurrido al consejo alguna vez en los términos que aquí se presenta?
  4. ¿Pones obstáculos para recurrir al consejo?

CITAS PARA LA ORACIÓN

  • Tenemos necesidad del consejo: Prov 19,20-21; 15,22; Eclo 21,13; 32,19; 40, 25.
  • El que recurre al buen consejo es feliz: Sal 1,1-3; 73, 23-24.
  • No cualquiera puede aconsejar: Eclo 6, 5-6; 8,17; 19,22; 25,4-5.