248. RECHAZO DE LAS TENTACIONES Y HUÍDA DE LAS OCASIONES

El segundo escalón en la Dirección de San Pedro —añadir a la virtud la gnosis— nos invita a crecer en el conocimiento personal iluminado por la fe.  La gnosis nos ofrece asimismo un conocimiento práctico necesario para combatir «el buen combate de la fe»1.  En este combate es necesario conocer al enemigo para saber también cómo derrotarlo.  De hecho,no podemos olvidar jamás que tenemos un adversario, «el diablo, [que] ronda como león rugiente, buscando a quién devorar»2

El Papa Pablo VI decía que el mal que existe en el mundo es el resultado de la «intervención en nosotros y en nuestra sociedad de un agente oscuro y enemigo, el Demonio», y que se trata de «un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor»3.  El demonio existe y actúa, y su mayor triunfo consiste en hacernos creer que no existe.  El olvido, la inconsciencia o el no creer suficientemente en la existencia del demonio y en su acción hace que fácilmente seamos sorprendidos en la batalla. 

La tentación

Puesto que no soporta vernos felices, el diablo busca pervertirnos y apartarnos del buen camino.  Para lograr su objetivo no puede ir en contra de nuestra libertad, es decir, no puede destruirnos si de alguna manera no asentimos a su seducción libremente.  ¿De qué manera, entonces, obtiene nuestro libre asentimiento?  Mediante la tentación: una sugestión y provocación a ir en contra de Dios y de sus enseñanzas.

Debemos ser conscientes de que «nuestra vida, mientras dura esta peregri­nación, no puede verse libre de tentaciones».  Mas ello no debe asustarnos ni desalentarnos.  Al contrario, saber esto nos llama al combate, «pues nues­tro progreso se realiza por medio de la tentación y na­die puede conocerse a sí mismo5 si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones»6

El tentador por excelencia es y será siempre el demonio, aunque las tentaciones pueden venir también del “mundo”, de otras personas alejadas de Dios o de nuestro propio “hombre viejo”.  Para lograr convencernos de obrar de acuerdo a lo que él nos sugiere, el demonio hace uso de toda su astucia7 y de la mentira8.  Él sabe que nunca vamos a hacer algo que identificamos como malo para nosotros, y por ello busca disfrazar el mal como algo “bueno para ti”.  ¿Alguna vez te han estafado?  Con su palabra un estafador —si eres ingenuo y estás inadvertido— te convence de que “vas a salir ganando” si haces esto o lo otro, te ilusiona para que tú finalmente le des tu dinero.  Si lo haces, él desaparece junto con tu dinero y tu ilusión.  ¡El demonio es un gran estafador!  Si crees su “cuento”, te termina despojando de la vida divina, de tu dignidad, de tu libertad, de tu paz, de tu felicidad.

¿Cómo funciona la tentación?

El proceso de la tentación primigenia relatado en el Génesis9 muestra cómo opera también en nuestras vidas.  Conocer este proceso es importante si queremos, con la fuerza de Dios, vencer la tentación cuando aparezca.  Hagamos un breve repaso:

1 º   El tentador hace una pregunta: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: no comáis de ninguno de los árboles del jardín?»10.  La pregunta aparentemente inocente invita a la mujer a “aclarar el malentendido” y entrar en diálogo

2 º   La mujer, ingenua, cae en la trampa y responde para “explicarle” cómo son las cosas. 

3 º   Establecido el diálogo, el tentador da un siguiente paso y afirma con autoridad: «¡De ninguna manera morirán!»11.  Hace quedar a Dios como un mentiroso y egoísta que no quiere compartir con ellos su divinidad12.  Romper la confianza en Dios es fundamental para que haga caso a su tentación.

4 º   Eva confía ahora en el tentador y en su mente se da un cambio curioso: de pronto el fruto que ella sabía que le traería la muerte13 se convierte asus ojos en un fruto bueno y apetecible14.  La fantasía, la ilusión y el subjetivismo la vuelven ciega a la realidad objetiva. 

5 º   En ese momento Dios se convierte para ella en un obstáculo e incluso en una amenaza para alcanzar su felicidad.  La serpiente, en cambio, se convierte en su amiga a quien escucha: «tomó de su fruto y comió»15

6 º   Eva no quiere estar sola en su pecado y seduce a Adán, que también come.  El pecado se difunde. 

7º    Luego de este “acto suicida” «a ambos se les abrieron los ojos»16.  Termina la farsa, el gran estafador queda expuesto.  Adán y Eva han quedado “desnudos”, despojados de la vida divina.  La vergüenza y el miedo los inundan, y no les queda más que cubrirse y esconderse de Dios. 

¿Suena familiar?  Este proceso se repite en cada tentación que experimentamos, por ello es bueno conocerlo bien para que reconociéndolo no nos dejemos engañar y la rechacemos.

¿Cómo vencer la tentación?

Para vencer la tentación lo primero es poner nuestra mirada en el Señor.  San Pablo, en este sentido, nos dice: «Fiel es Dios, que no permitirá que sean tentados sobre sus fuerzas; antes bien, con la tentación, les dará también la posibilidad de resistirla con éxito»17.  El Señor siempre está con nosotros, Él es nuestra Roca fuerte y nuestro baluarte.  Junto con ello, es necesario conocer al enemigo y cómo actúa, así como también contar con una estrategia apropiada para enfrentarla.  Entonces, ¿cómo resistir la tentación?  Si la estrategia de la tentación es confundirnos y engañarnos para “vendernos” un producto malo como “bueno”, lo primero que debemos hacer es desenmascarar la mentira que se esconde detrás de la tentación.  Es como descubrir el anzuelo que se esconde detrás de la carnada.  Para ello nos será de gran ayuda la prática del discernimiento espiritual18.  En este discernimiento es importante también recurrir al consejo19, para no engañarnos a nosotros mismos ni ser engañados. 

Hecho el discernimiento debemos rechazar la tentación.  Comentando el pasaje de las tentaciones en el desierto20, decía San Agustín: «[Jesús] hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hu­bieras aprendido de Él a vencerla»21.  ¿Cómo vencer la tentación?  ¡Aprendamos del Señor Jesús! 

Si analizamos el pasaje en cuestión, vemos que el Señor Jesús, debilitado y hambriento luego de cuarenta días de ayuno, no dialoga con la tentación ni trata de razonar con el tentador.  ¡Con la tentación no se dialoga!  Por ello, cuando una tentación venga a tu mente o alguien te invite a hacer algo que no está bien, no empieces a “darle vueltas”, a pensar “qué sería si…”, a fantasear o a considerar la posibilidad.  Entre el diálogo con la tentación y la caída, hay una mínima distancia.  Dialogar con la tentación es como ponerte al borde de un precipicio, con una gran probabilidad de caer. 

A cada una de las tentaciones el Señor opone frontalmente una enseñanza divina.  En los tres casos cita la Escritura, no da su propia opinión ni se pone a discutir con el tentador.  Del Señor aprendemos que para vencer la tentación es esencial la confianza en Dios22, expresada en una firme adhesión —mental y cordial— a sus enseñanzas divinas23.  Por ello viene muy bien esta recomendación: «Graba mis palabras en tu corazón y medítalas una y otra vez con diligencia, porque tendrás gran necesidad de ellas en el momento de la tentación»24.

Finalmente el Señor rechaza al tentador con un rotundo «¡Apártate, Satanás!»25.  El rechazo firme y tajante se hace necesario ante cualquier tentación, venga de quien venga, incluso si viene de personas que queremos mucho: «¡Quítate de mi vista, Satanás!»26, le dijo una vez el Señor a San Pedro. 

Huir de las ocasiones

En muchos casos no tendríamos que luchar contra las tentaciones si no nos pusiésemos en ciertas situaciones o lugares, o no nos juntásemos con ciertas personas que sabemos serán ocasión para sentirnos tentados.  “Ocasiones” son circunstancias y/o personas que favorecen la caída.  No suelen ser tentaciones en sí mismas, pero sí un ámbito propicio para el surgimiento de éstas.

Hay que ser humildes y aceptar que somos frágiles.  Por más “fuerte” que me sienta en el momento, puedo volver a caer si me pongo en ese lugar, en esa situación, o estoy con esa persona… ¿Cuántas veces hemos pensado: “no va a pasar nada”, “tengo todo bajo control”, nos pusimos en ocasión y luego pasó lo que se supone que no iba a pasar?  Si no quieres caer en tentación, lo mejor es huir de esas ocasiones.  En este caso, huir no es de cobardes, sino de valientes.  Es, además, de personas sabias e inteligentes que se conocen a sí mismas, reconocen su fragilidad y conocen también la fuerza de las tentaciones.

De igual modo, debemos aprender a elegir bien a las amistades en las que nos apoyamos.  Las buenas amistades nos elevan, nos ayudan a ser mejores, a crecer y madurar en el camino de santidad.  Las malas amistades, por el contrario, nos pueden alejar del Señor.  Caminar al lado de personas que comparten los mismos ideales de vida cristiana es un gran don para la fidelidad y, al mismo tiempo, sólido núcleo desde donde anunciar al Señor a las personas que se encuentran alejadas de Él.

Para terminar

Finalmente, lo más importante, vivamos el consejo que el Señor mismo nos da: «Velen y oren, para que no caigan en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil»27.

CITAS

1Tim 6,12.

2Pe 5,8.  Ver Camino hacia Dios # 240, La Gnosis y el Combate Espiritual.

3 Pablo VI, Catequesis, 15/11/1972.

4 San Agustín, Comentarios sobre los Salmos, Salmo 60,2-3.

5 Las tentaciones nos permiten conocer nuestros puntos débiles, aquellos que hay que reforzar en el combate.  Sobre esto ya hemos tratado en el Camino hacia Dios # 240.

6 San Agustín, Comentarios sobre los Salmos, Salmo 60,2-3.

7 Ver Gén 3,1.

8 Ver Jn 8,44.

9 3,1ss.

10 Gén 3,1.

11 Gén 3,4.

12 Ver Gén 3,5.

13 Ver Gén 3,3.

14 Ver Gén 3,6.

15 Lug. cit.

16 Gén 3,7.

17 1Cor 10,13.

18 Ver Camino hacia Dios # 244.

19 Ver Camino hacia Dios # 246.

20 Ver Mt 4,1–11.

21 San Agustín, Comentarios sobre los Salmos, Salmo 60, 2-3.

22 Ver Camino hacia Dios # 48 y # 243.

23 Ver Camino hacia Dios # 247 sobre los criterios evangélicos.

24 Tomás de Kempis, La Imitación de Cristo, Libro 3,3.

25 Mt 4,10.

26 Mt 16,23.

27 Mt 26,41.

CITASPARA LA ORACIÓN

  • El fruto del pecado es la muerte: Gén 3,3; Stgo 1,14-15.
  • Resistir al diablo: Stgo 4,7-8; 2Pe 5,8; Gén 4,7. 
  • Rechazo de la tentación: Mt 4,10; 16,23.
  • Dios nos da la fuerza para vencer la tentación: 1Cor 10,13.
  • Velar y orar para no caer en tentación: Mt 26,41; Lc 11,4.

PREGUNTAS PARA EL DIALOGO

¿Cómo es el proceso de la tentación? 

  1. ¿Es lo mismo “ser tentado” que “consentir” en la tentación?  (Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 2847) ¿Cuándo pecamos?
  2. ¿Cuál es la relación entre el rechazo de las tentaciones y la gnosis según la Dirección de San Pedro?
  3. ¿Cuál es la estrategia del Señor para vencer las tentaciones?

 

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