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"El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca;
convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). Estas palabras del Señor
Jesús sintetizan la invitación que nos hace a cada uno de nosotros a seguirle.
Se trata de una conversión interior en la que el creyente se abre al dinamismo
de la gracia y coopera activa y libremente con ella, en un proceso configurante
que busca la conformación con Jesús en su estado por excelencia: Hijo de María.
Este llamado a la conversión, tan actual durante todos los
tiempos, se hace especialmente urgente en nuestros días en que el pecado y la
dinámica de ruptura que necesariamente acarrea alcanzan niveles inauditos.
Trabajar por la propia santificación no es sólo una urgente necesidad, sino que
se convierte también en una gran responsabilidad.
Sin embargo, este camino no es fácil. La experiencia cotidiana
nos enseña que para ser santos es necesario cooperar activamente con la gracia,
luchar, entregarse, esforzarse, por superar todos los obstáculos que nos
impiden cumplir el Plan de Dios. Como nos enseña San Pablo, para salir
victoriosos en esta lucha necesitamos pelear "el buen combate de la fe" (1Tim
6, 12).
EL COMBATE ESPIRITUAL
Este trabajo activo por convertirnos de manera cada vez más
plena al Señor Jesús, puede realizarse sin seguir una pauta de acción
determinada, sin orden alguno. Sin embargo, la vida misma nos muestra la
ineficacia de esta opción. Por el contrario, la experiencia de tantos hermanos
que nos han precedido en la fe, nos ensaña la conveniencia de recorrer un
camino más bien metódico y ordenado, para así poder cooperar con mayor
fidelidad con la gracia en nuestro proceso de adherencia-configuración con el
Hijo de Santa María.
El combate espiritual es, pues, una manera concreta y
sistemática de responder al llamado a la santidad. Se trata de un medio por el
cual busco despojarme de mi hombre viejo para revestirme del nuevo, en un
dinamismo altamente positivo por el que procuro reordenar mis facultades
desordenadas por el pecado, así como eliminar todo lo que de negativo hay en
mí, para de esta manera revestirme de las virtudes y hábitos contrarios.
Puesto que mi meta es la configuración plena con el Señor Jesús,
debo preguntarme: ¿Qué tengo yo que Cristo no tiene?, es decir, ¿qué me sobra?
(mis pecados, mis hábitos equivocados que me conducen al pecado). Por otra
parte, también debo cuestionarme: ¿Qué tiene Jesús que yo no tengo?, ¿Qué me
falta? (docilidad al Plan de Dios, actitud de servicio, entrega, humildad,
obediencia, amor, etc.).
CAMINO DE PLENITUD
Esta lucha constante me conduce hacia el dominio de mí mismo, al
señorío sobre mis tendencias y facultades para así poder responder con mayor
plenitud al divino Plan. Por otro lado, el trabajo permanente por revestirnos
del Señor Jesús permite el propio conocimiento, principio fundamental para la
vida espiritual y elemento básico para el autodominio.
Asimismo, el combate espiritual nos hace cada vez más libres. En
efecto, la verdadera libertad no consiste, como no pocos equivocadamente creen
y viven, en regirse según la dictadura de los propios caprichos, en dejarse
arrastrar por el propio subjetivismo. La famosa ley del gusto-disgusto, el
vivir según lo que a uno le provoca, lo único que hace es introducirnos cada
vez más en la propia mentira existencial, en el autoengaño y la falsedad. La
verdadera libertad sólo la consigue quien vive en la verdad (Jn 8, 32).
HUIR DE LAS OCASIONES
En todo combate siempre existen enemigos. El cristiano está en
alerta constante frente a todo aquello que busca apartarlo del Plan de Dios. De
ahí que el apóstol San Pedro no deje de recordarnos: "Sed sobrios, estad
despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a
quien devorar; resistidle firmes en la fe" (1Pe 5, 8). Mucho nos ayudará en
nuestro combate espiritual el tener en cuenta que frente a las ocasiones de
pecado, aun antes de que se presente la tentación, el mejor remedio es huir,
rechazarla desde el primer momento. Huir de las ocasiones de pecado es, pues,
método seguro y eficaz para evitar las caídas en el combate.
JUNTO CON MARÍA
En nuestro combate espiritual no estamos solos. El cristiano
recorre su camino hacia Dios en compañía de quien es la primera cristiana.
Santa María no es una figura lejana y estática, sino que es una persona real,
involucrada en la vida concreta de cada uno de nosotros. La Madre, por su
intercesión, influye suave y eficazmente en nuestra vida cristiana, nos
acompaña en nuestra lucha diaria con su presencia maternal, ayudándonos a
peregrinar hacia el encuentro configurante con su Hijo Jesús.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
El llamado a la santidad: Lev 20, 26; Mt 5, 48; Ef 1, 4; 1Tes
4, 3; 1Pe 1, 15-16.
-
La lucha contra el pecado: Eclo 21, 2; Rom 12, 21; Stgo 4,
7-8; 1Pe 5, 8-9.
-
El combate espiritual: Ef 6, 10-20; Flp 3, 12-14; 1Tim 6,
11-12; Heb 12, 1-4.
-
La cooperación activa con la gracia: 2Cor 6, 1; Col 1, 29.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué es el combate espiritual? ¿Crees que es importante en tu
vida? ¿Por qué?
-
¿Con qué medios cuentas para «combatir el buen combate de la
fe»?
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¿Sueles luchar contra las tentaciones y ocaciones de pecado?
¿De qué manera?
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