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OS ANUNCIO UNA GRAN ALEGRÍA
 

«Repleta de gozo es la escena de Belén, donde el nacimiento del divino Niño, el Salvador del mundo, es cantado por los ángeles y anunciado a los pastores como "una gran alegría"[1]»[2].

El día de Navidad la Iglesia anuncia con júbilo desbordante esta buena noticia: «el año 14 del reinado del emperador Augusto, cuando en el mundo entero reinaba una paz universal, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenía sitio en la posada, de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del Eterno Padre, y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban. Él es la Palabra que ilumina a todo hombre; por Él fueron creadas al principio todas las cosas; Él, que es el camino, la verdad y la vida, ha acampado, pues, entre nosotros. (...) Hermanos, alegraos, haced fiesta y celebrad la mejor noticia de toda la historia de la humanidad»[3].

«LA MEJOR NOTICIA DE TODA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD»

¿No es siempre una buena noticia causa de júbilo? ¿Y mientras mejor sea la noticia, no será tanto mayor el júbilo que se experimenta? Pues el día de Navidad la alegría que ha de invadirnos es la mayor de todas, pues recordamos y celebramos «la mejor noticia de toda la historia de la humanidad»: ¡Dios ha nacido! Pero, ¿qué significa esto? Pues que Dios nos ama hasta tal extremo que haciéndose Él mismo hombre como nosotros -en todo igual, menos en el pecado- ha venido a rescatarnos del poder del pecado y de la muerte, a reconciliarnos de toda ruptura, a levantarnos de nuestra miseria y hacernos partícipes de la naturaleza divina[4].

Sí, el Niño que nos ha nacido es el Evangelio vivo del Padre, es decir, Él mismo es "la mejor noticia"[5] de toda la historia de la humanidad. En su nacimiento se realiza la antigua profecía: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros"»[6]. El Niño Jesús es el Emmanuel, ¡Dios con nosotros! Ésta es pues, la mejor noticia para toda la humanidad: en Cristo Dios se ha hecho hombre, para que por Él y en Él, el hombre sea elevado a la participación de la naturaleza divina. En eso consiste la gloria del hombre, su vida y dicha plena: en participar por Cristo de la Comunión de Dios-Amor, por toda la eternidad. ¿No es ésta la mejor noticia para la humanidad entera, para todo hombre o mujer que vienen a este mundo? ¡Este Niño ha venido a salvarnos[7], a abrirnos nuevamente el camino a la Casa del Padre! ¡Él mismo es el Camino que conduce a la Vida plena y feliz a la que aspira todo hombre! Y esa es la buena nueva que la Iglesia a todos se esfuerza en anunciar, como entonces lo hizo el ángel: «os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor»[8].

COMPARTIENDO LA ALEGRÍA DE LA MADRE

Si hay alguien que mejor que nadie comprendió lo que significa esta presencia reconciliadora de Dios en el mundo, y si hay alguien en quien no cabe mayor gozo, esa es la Mujer bendita que elegida desde todos los siglos llegó a ser la Madre del Emmanuel. Por ello a María se refiere la antigua invitación a la alegría mesiánica, hecha siglos antes por el profeta: «Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti»[9].

La alegría inmensa que María experimenta desde el momento de la Anunciación-Encarnación de su Hijo procede de la presencia real de Dios en su seno maternal y de su comunión total[10] con Él. Ella, convertida en una nueva Arca de la Alianza, expresa su gran júbilo ante su prima Isabel en el hermoso cántico del Magníficat, que no deja de resonar cada día en el corazón de la Iglesia.

María es la primera en alegrarse ante esta gran noticia, y su gozo es puro, intenso, inigualable. Quien quiera en este tiempo experimentar verdaderamente el gozo por el Nacimiento del Señor, ¿puede dejar de acercarse a su maternal Corazón? Así podrá percibir la alegría que alberga y difunde con su sola presencia y saludo, pues «sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo»[11]. También hoy, con su presencia maternal, María nos transmite el gozo que Ella experimentó ante tal extraordinario acontecimiento.

UNA ALEGRÍA QUE NECESITA SER COMPARTIDA

Y aquella infinita alegría que María experimentó al pronunciar su «Sí» -y posteriormente al contemplar a su Hijo nacido- sería más que ninguna otra aquella alegría que «no puede separarse de la comunicación de sí misma»[12]. ¿Acaso no experimentó ese fortísimo impulso interior que la llevó inmediatamente, como movida por un resorte, a querer compartir con Isabel aquel gozo que no podía contener en sí misma? Y es que -como nos enseña la humana experiencia- cuando la alegría inunda el corazón ésta necesita ser compartida.

Llamados a alegarnos por la gran noticia del Nacimiento del Señor, no podemos quedarnos con esa alegría encerrada dentro de nosotros. Quien no tiene la alegría en sí, no se ha encontrado aún con el Señor. Quien se ha encontrado con el Señor, quien lo lleva muy dentro como lo hizo la Virgen Madre, experimenta un gozo y alegría que no se puede contener y que necesita comunicarse, porque la alegría es difusiva: se transmite a los demás a través de un rostro iluminado, de una sonrisa, de los gestos, de las palabras... es decir, quien vive la alegría de haberse encontrado con el Señor, la irradia a los demás, invita a otros a compartir su propia alegría anunciando a todos esta gran noticia. Y el mejor apostolado es el que irradia la alegría que inunda el corazón cuando el Señor nace y permanece en nosotros.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • La Anunciación-Encarnación del Verbo: Lc 1,26-38.
  • María experimenta un gozo inigualable por la Encarnación del Verbo: Lc 1,46-48.
  • El Niño que ha de nacer es Hijo de Dios, concebido por obra del Espíritu Santo: Lc 1,35; se llamará Jesús: Lc 1,31; Mt 1,21; Él es "Dios con nosotros": Mt 1,22-23.
  • El nacimiento del Señor: Lc 2,1-7.
  • El ángel anuncia la extraordinaria noticia a los pastores: Lc 2,8-14; el Nacimiento del Señor es causa de júbilo universal: Lc 2,10-11.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. Celebrar el Nacimiento del Señor Jesús es disponer el propio corazón para que el Niño Dios sea acogido una vez más en él. Es una invitación a acoger el don con la alegría y ternura de María y José, de los ángeles y los pastores, que experimentaron aquel día en Belén. ¿Cómo recibes en tu corazón el nacimiento del Niño Dios? ¿Es causa de júbilo, de fiesta, de celebración? ¿Qué puedes hacer para acogerlo como nos enseña la Madre?
  2. La luz brilló en la noche sobre la cueva de Belén revelando que la Palabra de Dios había venido al mundo. Sin embargo, «el mundo no la reconoció» (Jn 1, 10). La reconocieron solamente los pastores de Belén que, pobres pero vigilantes, se apresuraron a seguir la luz que les indicaba el lugar donde había nacido el Hijo de María. ¿Cómo te estás preparando para acoger a Dios en tu corazón? ¿Qué propósitos concretos haz hecho para este tiempo?
  3. María entra en la casa de Isabel y Zacarías y "cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno" (Lc 1, 41). María que lleva al Señor en su seno es portadora de la alegría suscitando en el hijo de Isabel un salto de gozo. ¿Tu alegría por el nacimiento del Salvador busca ser difusiva a ejemplo de la María? ¿Saltas tú de gozo a encontrarte con Dios hecho Niño?

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[1] Lc 2, 10.

[2] Rosarium Virginis Mariae, 20.

[3] Calenda de Navidad.

[4] Ver 2Pe 1,4.

[5] La palabra "Evangelio" viene del griego "eu-angelos", y se traduce literalmente como "buena noticia, excelente anuncio".

[6] Mt 1,23; ver Is7,14.

[7] Ver Mt 1,21.

[8] Lc 2,10-11.

[9] Zac 2,14.

[10] Jn 17,21.

[11] Lc 1,41.

[12] Pablo VI, allí mismo.