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La misión «pide a todos los cristianos que proclamen el Evangelio
con la palabra, pero sobre todo con la coherencia de su vida»[1].
«Sólo así seréis testigos creíbles de la esperanza cristiana y podréis
difundirla a todos»[2].
Una primera aproximación a lo que significa la coherencia
la encontramos en el diccionario: «Conexión, relación o unión de unas
cosas con otras». Al aplicar esta definición a la vida cristiana nos referimos
principalmente a esa conexión, relación o unión que debe existir entre fe
y vida, entre aquello que creemos -el Señor Jesús y su Evangelio- y el
modo como vivimos en lo cotidiano. En esta coherencia está el secreto de la
santidad, a la que Dios nos llama a cada uno de nosotros, en nuestro propio
estado de vida. Por ello es tan importante que de la fe en la mente y en el
corazón pasemos a la fe en la acción.
1.- COHERENCIA ENTRE FE YVIDA
Un cristiano coherente es aquél que sostiene con
sus obras lo que cree y afirma de palabra. No hay diferencia entre lo uno y lo
otro. Se descubre en él o en ella una estrecha unidad entre la fe que profesa
con sus labios, la fe acogida en su mente y corazón, y su conducta en la vida
cotidiana: su fe pasa a la acción, se muestra y evidencia por sus actos[3].
Así los principios tomados del Evangelio orientan su conducta y su pensamiento
cristiano, su piedad y afectos, y se reflejan en la acción práctica. Esta
coherencia la vive no sólo cuando las cosas se le presentan "fáciles", sino
también cuando es puesto a prueba.
Un cristiano incoherente con su fe y condición de bautizado,
en cambio, es aquél cuyas obras contradicen abiertamente lo que sostiene con
sus palabras, lo que dice creer y lo que en su corazón anhela en lo más
profundo de su ser. Es, por ejemplo, aquél que dice: "soy creyente, pero no
practicante", es decir, lo que llamamos un "agnóstico funcional", un bautizado
que -aunque a veces va a Misa y reza algo de vez en cuando- actúa del mismo
modo como lo hace un hombre que no cree en Dios, que no conoce la fe.
Incoherentes somos también nosotros, quienes nos hemos
encontrado con el Señor Jesús y nos esforzamos por llevar una vida cristiana
seria, cuando negamos con nuestras obras las enseñanzas del Evangelio, cuando
no hacemos lo que a otros predicamos o exigimos. ¡Ciertamente todos, más o
menos, tenemos algo de incoherentes...!
2.- DIFICULTADES PARA VIVIR LA COHERENCIA CRISTIANA
Llamados a ser santos, experimentamos múltiples dificultades
para realizar esta vocación. Estas dificultades para vivir la coherencia las
encontramos dentro de nosotros mismos, en nuestra fragilidad o en nuestra débil
voluntad ante nuestra inclinación al mal, ante los malos hábitos o vicios de
los que, a veces, es difícil despojarse. No es raro experimentar que, aunque me
haya propuesto firmemente ser cada día más santo, haga el mal que no quiero y
que deje de hacer el bien que me había propuesto hacer[4].
El gran apóstol Pablo reconoce en sí mismo esta incoherencia que agobia su
espíritu, cuyo origen atribuye «al pecado que habita en mí»[5].
En efecto, el pecado y su huella en nosotros nos llevan a experimentar y sufrir
tantas veces esta división dentro de nosotros mismos, división que constituye
la principal dificultad para vivir la coherencia entre la fe que profesamos y
nuestra vida.
También encontramos esa dificultad por la oposición a la vida
cristiana de no pocos rasgos de la cultura en que vivimos. O porque esa
cultura, desde una pretendida "madurez", lo relativice todo y considere a la fe
y sus consecuencias como un asunto limitado a las opciones y preferencias
personales. Este influjo ambiental negativo se nos presenta como un reto.
Incluso en nuestros días se persigue, a veces con intensidad,
abierta o muy sutilmente, a quienes aspiran a vivir con coherencia la vida
cristiana. Ante esta situación muchos bautizados, por miedo a "ser distintos",
prefieren pasar desapercibidos, actuar "como los demás" para no mostrar que son
cristianos, y así -aunque digan "creer"- terminan asimilando los criterios
antievangélicos y viviendo de acuerdo a ellos.
3.- HACIA UNA COHERENCIA CADA VEZ MAYOR
Al tomar conciencia de las dificultades que tenemos que afrontar
para vivir la fe con coherencia, no buscamos abrumarnos o desalentamos. Se
trata de vivir en un sano realismo: la incoherencia, mayor o menor, la
experimentamos todos y nos acompañará mientras estemos como peregrinos en este
mundo. El primer paso hacia una vida de mayor coherencia es aceptar con
humildad y sencillez esta verdad, y a partir de allí buscar reducir cada vez
más la distancia que hay entre nuestra mente y corazón, nutrida de la fe,
sostenida por la esperanza y animada por la caridad, y nuestras acciones
cotidianas; entre nuestras palabras y obras; entre la fe y la vida. Para ello,
hay que poner medios concretos para ir ganando en hábitos de coherencia y
avanzar así, poco a poco, hacia un estado de una cada vez mayor coherencia.
Así, con la fuerza que nos viene del Señor y el apoyo que encontramos en la
comunidad, nos iremos acercando cada vez más al horizonte de plena coherencia
que descubrimos en el Señor Jesús y en su Santísima Madre.
4.- COHERENCIA Y APOSTOLADO
Estoy llamado a ser un apóstol. Cada cual en su puesto y lugar,
desde el propio estado de vida, nuestra misión es la de anunciar el Evangelio,
transmitir al Señor y hacer partícipes a muchos otros del don de la
reconciliación que Él nos ha traído. Ello implica necesariamente que yo mismo
me esfuerce por ser el primero en acoger y vivir el Evangelio con máxima
coherencia.
El Concilio Vaticano II ha enseñado que, con frecuencia, «la
incoherencia de los creyentes constituye un obstáculo en el camino de cuantos
buscan al Señor»[6].
La incoherencia afecta, según el grado, nuestro propio testimonio, y puede
tomar estéril la Palabra que estamos llamados a proclamar y transmitir. Tomar
conciencia de la necesidad de ser coherentes con la fe que predicamos para que
el apostolado sea fecundo y eficaz es una fuerte motivación en el camino
cotidiano de nuestra propia santificación.
En este empeño tengamos en cuenta aquél dicho que reza: "Las
palabras mueven, el ejemplo arrastra". Y es que «cuanto más se refleje Cristo
en nuestra vida, tanto más mostrará la atracción irresistible que él mismo
anunció hablando de su muerte en la cruz: "Cuando yo sea elevado sobre la
tierra, atraeré a todos hada mi"[7]»[8].
¡Cuánto apela, cuestiona, mueve los corazones, por la firmeza,
paz y seguridad que transmite, el testimonio de una persona que es coherente
con el Evangelio ¡Cuántos al verlo, al verla, feliz, radiante, dicen: "yo
quiero eso para mí", "yo quiero ser así"! Y así el cristiano coherente se
convierte en un excelente apóstol, porque irradia el gozo y la plenitud que nos
dan el llevar a Cristo muy dentro. ¡Cuanto más eficaz es el anuncio del
Evangelio cuando las palabras se ven respaldadas por el testimonio luminoso de
una vida cristiana coherente!
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
No basta creer: hay que obrar de acuerdo a lo que creemos y
decimos creer: Stgo 2, 14-21.
-
Juzgamos y hacemos lo mismo que juzgamos: Rom 2, 1.
-
Escuchar y poner por obra (coherencia entre fe y acción, el
obrar moral): Dt 5, 27; Hech 5, 28-29; Mt: 21, 28-31; Sal 50, 16-23; Rom 2,
19-2; Tit 1, 16; Is 29, 13; Ez 33, 31-32; Mt 5, 37; Stgo 5,12 2Cor 1, 17-20.
-
Contra la incoherencia: Ap 3, 1-3; Mt: 23, 1.
-
María cumple el Plan del Padre. María. y el Señor Jesús son
modelo de plena coherencia: Jn 2, 5; Lc 11, 27-28; Mt 7, 21.
-
Modelos de actitudes incoherentes: Jn 21, 6-7;Mt 26, 13-16.
-
A los incoherentes la Escritura los llama "tibios": Mt 7, 26.
-
Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará: Hch 2,
21.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué relación existe entre la coherencia y la fe?
-
«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de
los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.» (Mt 7, 21) Tu
fe en la acción da testimonio de tu fe en la mente y en el corazón?
-
¿Cuáles son aquellos pecados que impiden que tu vida refleje
la luz de Cristo? Pon medios concretos para luchar contra ellos.
-
En Lc 1, 38 vemos a nuestra Madre pronunciar el «hágase» ante
el ángel enviado por Dios. Santa María pronuncia y sostiene este «hágase» a lo
largo de toda su vida. Ella se esfuerza permanentemente por descubrir el plan
de Dios y responder a Él con coherencia en todas las circunstancias concretas
de su vida. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho. Haz el firme
compromiso de esforzarte cotidianamente por ser coherente y poner por obra la
palabra de Dios.
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Trabajo de Interiorización
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[1] S.S.
Juan Pablo II, Homilía, 8/2/1998, 2.
[2] S.S.
Juan Pablo II, Homilía, 8/2/1998, 6.
[8] S.S.
Juan Pablo II, Angelus, 16/3/1997, 2.
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