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EL SERVICIO EVANGELIZADOR
 

El mundo actual nos plantea a los cristianos un gran reto. Nos encontramos en una sociedad que vive de espaldas a Dios, encerrada en el dinamismo suicida del egoísmo y la mentira existencial como forma usual de vida. Un mundo esclavo de múltiples rupturas y contradicciones, donde la cultura de muerte, con su endiosamiento de la tecnología, del consumo y del placer desenfrenados, lo penetra todo. Un mundo en que la mayoría de los seres humanos se precipita por la dramática pendiente de la desesperanza, en que tantos y tantos corazones sufren la terrible angustia de sentirse viviendo en medio del desierto del sinsentido, de la soledad, del sufrimiento. En un mundo que agoniza por falta de luz y calor, no debemos permanecer indiferentes.

Frente al terrible panorama que nos rodea, hoy más que nunca suena con dramática urgencia el llamado que el Señor Jesús nos hace a cada uno de nosotros: "Id y haced discípulos míos a todas las naciones" (Mt 28, 19a). El Señor Jesús es la respuesta a la crisis del hombre, pues sólo Él es Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6), sólo Él tiene palabras de Vida Eterna (Jn 6, 68), sólo Él es el Agua Viva que calma nuestra profunda sed de infinito (Jn 4, 10; Jn 4, 14). Y quien se ha encontrado con el Hijo de Santa María, no puede hacer menos que comunicarlo a los demás. Optar por el Señor Jesús, es optar por el amor y su dinamismo, que desde la realidad personal, se extiende hacia los demás. El apostolado es sobreabundancia de amor (2Cor 2, 15).

El horizonte evangelizador que se nos presenta es inmenso; pues "es todo un mundo al que tenemos que reconstruir, de salvaje volverlo humano, y de humano en divino" (Pío XII). Grande y a la vez apasionante tarea, que lleva a las personas que han ahondado en su interior, a repetir con el Apóstol: "¡Ay de mí, si no evangelizare!" (1Cor 9, 16).

LLAMADOS A SER APÓSTOLES

La evangelización es una vocación propia de la Iglesia, la esencia de su identidad más profunda (Evangelii nuntiandi, 14-15; Lumen gentium, 5). Por el Bautismo nacemos en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Por eso, la vocación de todo fiel cristiano es, por su propia naturaleza, vocación al apostolado (Apostolicam actuositatem, 2). Es el mismo Señor Jesús quien nos convoca a ser sus apóstoles (Jn 15, 16), llamando a cada uno por su nombre (Mt 10, 2-4), encomendándonos en ministerio de la Reconciliación (2Cor 5, 18).

El apostolado es, pues, una tarea fundamental para todo cristiano, y lo es más todavía para nosotros, miembros de un movimiento cuya vocación es eminentemente apostólica. Los miembros del MOVIMIENTO DE VIDA CRISTIANA somos convocados a secundar a María en su labor evangelizadora de conducir a todos los hombre hacia el encuentro con el Señor Jesús, su Hijo, En efecto, por el don de la maternidad espiritual, María debe dar a luz a Cristo en los hombres, según el Plan de Dios. Cuando hacemos apostolado, colaboramos con nuestra Madre en su tarea evangelizadora.

ANUNCIADORES DE LA BUENA NUEVA

Ser apóstol no es el resultado de un estudio frío, racional, técnico, sino fruto del encuentro persona con el Señor Jesús, del compromiso profundo con el Hijo de María. Es ser testigo de la Resurrección del Señor, de que Cristo es real, de que el amor es real, que salvan. Ser apóstol es proclamar al Señor en primera persona, trasmitiendo lo que se vive (Flp 1, 21; Flp 3, 7-8), en el ambiente donde cada uno se encuentra. Esta anuncio de la Buena Nueva comienza con el propio testimonio de vida. Pero el solo testimonio no basta. También se hace necesario dar razón de nuestra esperanza (1Pe 3, 15), mediante un anuncio claro, audaz y explícito del Señor Jesús, en un compromiso apostólico concreto.

EVANGELIZADORES PERMANENTEMENTE EVANGELIZADOS

Un ciego no puede guiar a otro ciego (Mt 15, 14), pues nadie da lo que no tiene. De ahí que el primer campo de apostolado soy yo mismo. El apóstol debe trabajar incansablemente por su propia conversión, debe colaborar activamente con la gracia para vivir la Reconciliación; formándose sólidamente en la fe, alimentándose en la Eucaristía, renovándose en el sacramento de la Reconciliación, cimentándose en la oración asidua (MJ 4). El apostolado que no nace un corazón reconciliado, es estéril, se convierte en una mera proyección de la propia ruptura interior (Mt 7, 16-19).

BAJO LA GUÍA DE MARÍA

En nuestra acción apostólica, nos acompaña la presencia maternal de María, como estrella de la evangelización, que guía nuestros pasos, y como modelo del servicio apostólico (Evangelii nuntiandi, 82). Aquella que fue la primera discípula del Señor, que con su presencia anunció la Buena Nueva a su prima Isabel y presidió con su oración el inicio de la evangelización de la naciente Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo, es testimonio vivo y actual de servicio evangelizador y de entrega amorosa a los seres humanos.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Señor Jesús nos llama al apostolado: Mt 28, 19a; Jn 15, 16.
  • Nos llama por nuestro nombre: Mt 10, 2-4.
  • El apostolado es sobreabundancia de amor: 2Cor 12, 15; Gál 4, 19.
  • El apostolado es servicio a Dios y no a uno mismo: Col 3, 23-24.
  • Somos instrumentos: 1Cor 3, 5-7. María modelo: Lc 1, 44.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué significa para mi ser apóstol?
  2. ¿Qué importancia tiene el apostolado en mi vida cristiana? ¿Por qué?
  3. ¿Qué dificultades tengo para ser un buen apóstol? ¿Por qué?

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