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LA VIDA CRISTIANA HOY
 

Quien se ha encontrado verdaderamente con el Señor Jesús pone en Él «el sentido último de la propia vida, hasta poder decir con el Apóstol: "Para mí la vida es Cristo"»[1].

Es el mismo Señor Jesús quien nos habla de su misión: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»[2]. Por la fe conocemos que Él, el Verbo eterno, Dios de Dios y Luz de Luz, enviado por el Padre se encarnó en María Virgen por obra del Espíritu Santo. Asumiendo plenamente nuestra naturaleza humana, haciéndose igual a nosotros en todo menos en el pecado, cargó sobre sí nuestros pecados y ofreciéndose Él mismo en sacrificio nos reconcilió con el Padre en el Altar de la Cruz[3]. Mas Aquél que, libremente y movido por el amor, dio su vida por nosotros en la Cruz, tiene también «poder para recobrarla de nuevo»[4]. Él, Señor de la Vida y vida de todo hombre[5], ¡RESUCITÓ!, y resucitando nos ha dado por el don de su Espíritu[6] una nueva vida: «por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo»[7]. A una nueva criatura, corresponde una vida nueva: la vida en Cristo, la vida de Cristo, la vida cristiana...

1. LA VIDA

Ante todo, ¿qué debemos entender por "vida"? Al hablar de "vida" hacemos referencia en primer lugar a un espacio de tiempo que transcurre entre la concepción hasta la muerte, con todos los procesos naturales que en ese lapso se desenvuelven.

Pero en la Sagrada Escritura el significado de la palabra "vida" no se reduce a este "lapso de tiempo", o a un simple "estar en el mundo". Su significado va mucho más allá: incluye la suma y plenitud de bienes que puede alcanzar el ser humano en su existencia terrena. Por tanto, por vida no debemos entender sólo lo opuesto a no existir, o lo opuesto a la muerte, sino también lo opuesto a todo mal físico, moral o espiritual que afecta o degrada la vida humana. Vida, en este sentido, es una vida plena, auténtica, una vida que corresponde a la dignidad y grandeza del ser humano.

2. LA VIDA CRISTIANA

Con el Señor Jesús la vida humana adquiere su sentido más pleno, porque en Él el ser humano puede alcanzar su máxima grandeza; en Él y por Él puede alcanzar todos los bienes anhelados y reservados para él; en Él, por Él y con Él puede alcanzar el pleno despliegue y total realización de su existencia. Y lo más importante es que este proceso y despliegue, que se inicia ya en el terreno peregrinar, verá su culminación en la vida eterna donde Dios ha preparado para aquellos que lo aman «lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó»[8]. ¡La vida que Cristo nos promete y comunica es la vida en total plenitud, y por toda la eternidad! Vida que es participación de la Vida resucitada del Señor, que es por tanto liberación del mal, del pecado, de la muerte, de todo llanto o dolor[9], vida que es participación y comunión de la misma Vida y naturaleza divina[10], fuente de gozo inefable e inagotable.

Así, pues, la vida, cuando es participación de la vida misma del Señor Jesús, llega a ser, ya en este peregrinar terreno, vida intensa, cualitativamente intensa. Esto muchas veces ni se entiende ni se vive en el mundo de hoy. ¡Cuántos ven o quieren hacer ver la vida cristiana como una vida oscura, triste, aburrida, apagada, cuando una vida cristiana auténticamente llevada es todo lo contrario: una vida transida de fe, de esperanza y rebosante de amor; una vida luminosa, radiante de gozo, plena de sentido, inundada de paz! Incluso en medio de las dificultades.

3. OBSTACÚLOS A LA VIDA CRISTIANA HOY

Es grande la cantidad de elementos anti-vida que se hacen presentes en nuestro tiempo, elementos que contradicen y opacan la vida cristiana. La «cultura de muerte» avanza día a día destruyendo o degradando la vida de tantos, desde los concebidos no nacidos, hasta las personas cuya vida es considerada inútil.

Asimismo, en los inicios del tercer milenio encontramos muchos obstáculos y dificultades para vivir la vida cristiana: la secularización, que procura borrar todo rastro de Dios en nuestras sociedades de tradición cristiana; la indiferencia religiosa; el agnosticismo funcional por el que muchos que dicen creer en Dios viven como si Dios no existiera; el relativismo filosófico por el que muchos piensan que no existe una verdad para todos sino que cada uno tiene su verdad; el relativismo moral por el que el mal objetivo se torna "normal" porque "todo el mundo lo hace o lo acepta"; las campañas anti-vida; el bombardeo sensual y hedonista, que presenta continuamente una visión del varón y de la mujer reducida a un objeto-placer; el ataque continuo a la institución familiar; las campañas de desprestigio contra la Iglesia y sus hijos en los medios de comunicación; el ambiente negativo que hace que los mismos católicos tengan vergüenza de vivir y mostrar su fe, haciéndoles creer que son una minoría retrógrada, con un deseo de relegar a la Iglesia a la sacristía...

Este conjunto de características constituye un panorama que conduce a que la persona humana pierda de vista lo que es la vida auténtica. Se produce entonces una verdadera dimisión, un abandono de lo humano.

4. COMO ANTORCHAS RADIANTES...

Ante tantas dificultades, obstáculos, retos... ¿cómo reaccionar? Nuestra respuesta no ha de ser desánimo, desaliento o un miedo que lleve a ocultarnos. Nuestra respuesta ha de ser vivir más intensamente nuestra vida cristiana: «Si habéis encontrado a Cristo -exhortaba S.S. Juan Pablo II-, ¡vivid a Cristo, vivid con Cristo!»[11]. Para poder anunciar a Cristo de modo convincente es necesario abrirse a la Vida, adherirse a Ella y dejarse transformar en Vida. Acoger la Vida y decir: Mi vida es Cristo. Y vivir la vida de Cristo en la Iglesia.

De este modo la vida del cristiano, hoy y siempre, se asemeja a una lámpara puesta sobre el candelero: su misión es alumbrar «a todos los que están en la casa»[12]. San Pablo lo dirá a su modo, recordando que los cristianos al llevar una conducta irreprochable brillan «como antorchas en el mundo»[13]. No temamos vivir intensamente la vida cristiana y mostrar lo que somos, con convicción, con sencillez. Tengamos la certeza de que ante la Luz, las tinieblas no triunfan sino que retroceden, y los que somos de Cristo y lo llevamos dentro tenemos -no por mérito propio, sino por su amor misericordioso- la  fuerza de la Luz en nosotros. ¡No ocultemos esa Luz bajo un celemín! ¡Hay que irradiar a Cristo!

Recordemos en todo momento que para hacer visible y audible a Cristo ante los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es imprescindible llevarlo en el interior, de modo que sea Él quien viva en cada uno. ¿Cómo vivir una vida intensa, si la presencia de Cristo no es intensa en mí? ¿Cómo vivir una vida intensa, si Cristo no llega a ser el centro de mis pensamientos, de mis afectos, de mi actividad? ¿Cómo vivir una vida cristiana intensa si para mí la vida no llega a ser Cristo mismo? Para vivir una vida cristiana intensa es necesaria una vida espiritual intensa.

Recordemos también que esa misma vida espiritual intensa, si es auténtica, nos lleva al anuncio de la Buena Nueva, al apostolado. La vida cristiana sobreabunda en nuestros corazones y nos lleva a superar los obstáculos externos o internos para alcanzar a las personas que nos rodean.

Esa es nuestra tarea, esa es nuestra misión, dejarnos cristificar, recibir la Palabra Luminosa, acogerla, anunciarla, permitiendo que su luz se transparente en nuestra vida diaria a través de nuestras buenas obras: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[14].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Cristo es la Vida: Jn 14,6; Él es fuente de vida para el ser humano: Jn 1,4; Jn 5,21.26.40; Jn 8,12; Él es Pan de Vida: Jn 6,35.53-54.
  • Él ha venido para que tengamos vida: Jn 10,10.
  • Todo aquél que escucha su palabra y cree en Él tiene vida eterna: Jn 3,16. 36; Jn 5,24.
  • Sólo Él tiene palabras de vida eterna: Jn 6,68; Él nos promete la vida eterna: Jn 4,14; Jn 10,10.28; Jn 11,25.
  • Vida cristiana es vivir para el Señor: 2Cor 5,14-15; Rom 14,7-9; es permitir que Cristo viva en mí: Gál 2,20; es hacer que Cristo sea mi vida: Flp 1,21.
  • Llevando una vida cristiana intensa, llevando a Cristo en mí, estoy llamado a iluminar a muchos: Jn 5,35; Mt 5,15-16.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué significa para mí la vida en Cristo? ¿Qué implicancias tiene para mi vida concreta?
  2. ¿Cómo estoy viviendo mi vida cristiana? ¿Cómo está mi coherencia con el don que recibí en el Bautismo?
  3. En mi vivencia de la vida cristiana, ¿cuáles son los obstáculos del mundo que más me afectan? ¿Por qué?
  4. ¿Qué medios concretos voy a poner para cooperar con la gracia y superar estos obstáculos?
  5. ¿Estoy dispuesto a esforzarme por ser una "antorcha viva" que irradie la luz del Señor en medio del mundo?

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[1] S.S. Juan Pablo II, Vita consecrata, 15.

[2] Jn 10,10.

[3] Ver 2 Cor 5,18-19.

[4] Jn 10,18.

[5] Ver Jn 1,4.

[6] Ver Jn 20,19-22.

[7] 2Cor 5,17.

[8] 1Cor 2,9.

[9] Ver Ap 21,4.

[10] Ver 2Pe 1,4.

[11] S.S. Juan Pablo II, Homilía en la Catedral de Santo Domingo, 26/1/79, 2.

[12] Mt 5,16.

[13] Flp 2,15.

[14] Mt 5,16.