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AUDACIA APOSTÓLICA
 

«Después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor (.) Vayamos adelante, el Señor nos ayudará, y María, su Santísima Madre, está de nuestra parte»[1].

Hace ya dos meses hemos vivido junto con toda la Iglesia un tiempo realmente intenso. La partida del Papa Juan Pablo II a la casa del Padre nos dejó una sensación de vacío y orfandad. Mas los días que se fueron sucediendo fueron para la Iglesia y para el mundo entero un tiempo extraordinario de gracia. Una impresionante manifestación de fe, de amor y de solidaridad espiritual se vivió en Roma y en el mundo entero. Los funerales de Juan Pablo II también fueron «una experiencia verdaderamente extraordinaria en la que se ha percibido en cierto sentido la potencia de Dios que, a través de su Iglesia, quiere formar con todos los pueblos una gran familia a través de la fuerza unificadora de la Verdad y del Amor»[2]. El Papa Juan Pablo II, en palabras de Benedicto XVI, «deja una Iglesia más valiente, más libre, más joven»[3]. A nosotros nos toca asumir ese inmenso legado que él nos ha dejado y cosechar sus frutos, acompañando a nuestro nuevo Pastor en la empresa de remar mar adentro con máxima audacia apostólica. Así, con Pedro y bajo Pedro, ¡vayamos adelante a evangelizar el mundo entero!

ANUNCIAR EL EVANGELIO CON PARRESÍA

Al hablar de audacia apostólica viene a nuestra mente una palabra usada en el Nuevo Testamento para definir el modo como los primeros apóstoles y discípulos de Cristo anunciaban el Evangelio: «teniendo, pues, esta esperanza, hablamos con toda parresía»[4].

¿Qué quiere decir parresía? Esta palabra viene del griego, y se compone de las palabras pas, que significa "todo", y rhesis, que significa "habla". En el Nuevo Testamento se usa fundamentalmente para designar la libertad al hablar. Expresa específicamente la seguridad, valentía y audacia para hablar de Jesucristo sin miedo.

EL MIEDO Y LA DESCONFIANZA DE DIOS, ENEMIGOS DE LA AUDACIA APOSTÓLICA

El miedo es un gran obstáculo para el anuncio. Tiene diversos rostros: miedo a no ser aceptado, miedo a ser objeto de burla, miedo al fracaso, miedo a la persecución en sus múltiples formas, etc. Pésimo consejero para el apostolado es el miedo: nos lleva a callar cuando debemos hablar, ocultarnos cuando debemos dar testimonio[5], retroceder cuando deberíamos avanzar. El miedo se reviste de falsa prudencia cuando debemos arriesgar y lanzarnos con audacia a conquistar nuevos horizontes apostólicos. El problema parecería estar no en sentir temor, sino más bien en dejarnos llevar por él.

Junto al miedo está la desconfianza en Dios, que se reviste de excusas "válidas" para eludir la misión: "yo no puedo", "no estoy preparado", "soy indigno", "soy aún demasiado incoherente", etc. Así justificamos a veces nuestro silencio y, en el fondo, falta de confianza en Dios para arriesgarnos, para lanzarnos al apostolado y asumir los retos que día a día se nos presentan. Pero ninguna de esas excusas es válida, desde que Dios mismo ha respondido a todas ellas asegurándonos su Presencia y asistencia divina[6], y más aún cuando tenemos en cuenta que es Dios Amor quien nos llama y nos envía a la misión apostólica.

COMO LOS PRIMEROS APÓSTOLES

Los primeros apóstoles y discípulos de Cristo experimentaron un cambio radical en sus vidas cuando el Espíritu Santo bajó sobre ellos el día de Pentecostés[7]: adquirieron el valor y audacia para el anuncio. En adelante ni los azotes, ni las cárceles, ni las amenazas, ni el rechazo de algunos podrá ya impedirles anunciar el Evangelio. El ardor y la urgencia que experimentaban los llevó a emprender las más audaces aventuras y asumir riesgos con tal de que Cristo fuese anunciado y conocido por todos. No pocos dieron testimonio del Señor con su propia vida.

Estar dispuestos a dar la vida por Él y por el Evangelio, luchar intensamente por vencer los obstáculos, poner todos los medios a nuestro alcance, nuestro ingenio y creatividad, personal y comunitariamente, para que Cristo y su Evangelio sean asequibles a todos los hombres y culturas de hoy, ¿no es esa la audacia apostólica que también el Señor nos pide vivir hoy?

PARRESÍA, UN DON DEL ESPÍRITU DE CRISTO.

Estamos llamados a encender el mundo entero con el Fuego del Amor que viene de Dios[8]. Pero, ¿cómo encender el mundo entero si el Fuego del Amor no arde en el propio corazón y se traduce en un ardor apostólico, un ansia evangelizadora? La audacia apostólica no es únicamente cuestión de decisión, de alentarnos a ser valientes, sino que es ante todo el fruto de un don derramado en el propio corazón. ¡Por ello, antes que nada, es necesario suplicar insistentemente a Dios que derrame sobre nosotros el don de su Espíritu, para que nos inflame interiormente y nos dé lenguas como de fuego para poder encender otros corazones con el Fuego de su Amor!

QUE RECLAMA UNA VIDA ESPIRITUAL INTENSA

Ahora bien, el Espíritu Santo nos ha sido dado[9] también a nosotros el día de nuestro Bautismo y Confirmación, y este don de Dios reclama hoy de nuestra parte una respuesta comprometida: una intensa vida espiritual, «o sea, [una] vida animada y dirigida por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad»[10].

La auténtica audacia apostólica procede de una profunda e intensa vida espiritual, de la presencia del Señor en el propio corazón: «la presencia del Espíritu Santo en nosotros, lejos de llevarnos a una "evasión" alienante, penetra y moviliza todo nuestro ser: inteligencia, voluntad, afectividad, corporeidad, para que nuestro "hombre nuevo" impregne el espacio y el tiempo de la novedad evangélica»[11].

¿No será la primera audacia apostólica la de dejarnos evangelizar nosotros mismos por el Señor, la de acoger sin miedo al Señor Jesús en el propio corazón? ¡Ése es el primer miedo que hay que vencer!

UNA AUTÉNTICA VIDA ESPIRITUAL LLEVA AL ANUNCIO

Si bien es cierto que el apostolado ha de alimentarse de una vida espiritual intensa, también lo es que ésta, si es auténtica, lleva necesariamente al anuncio y no cierra la persona sobre sí misma.

Quien abre de par en par las puertas de su corazón a Cristo, sin miedo, se encuentra con Él, y no se ve cómo puede no anunciar a Cristo quien lo lleva en sí, quien se ha encontrado con Él. Quien lleva al Señor muy dentro de sí sencillamente necesita comunicarlo. Esa Presencia divina en el propio corazón y el ardor que genera impulsan al creyente a buscar las maneras de comunicarlo a los demás. Quien lleva a Cristo en su interior y se abre a la fuerza de su Espíritu no se detiene ante los obstáculos, sino que busca la manera de superarlos, para que el Evangelio toque y transforme el corazón de muchos. No se detiene tampoco por el cansancio y la fatiga, ni tiene "horarios cómodos", sino que busca anunciarlo a tiempo y destiempo, día y noche, con la vida así como con la muerte. Toda su vida se hace anuncio. La presencia del Señor en el corazón del apóstol o se torna audazmente irradiante, o no es una presencia maduramente acogida.

¡HORA DE LA AUDACIA!

Hoy como ayer, el Señor necesita de apóstoles audaces, hombres y mujeres que conscientes de su insuficiencia sepan abrirse a la fuerza y ardor del Espíritu que también hoy nos lanza a la gran tarea de la Nueva Evangelización. Hombres y mujeres que prestemos, superando los temores, nuestra mente, nuestro corazón y nuestros labios al Señor, para transmitirlo a tantos corazones que en el mundo mueren por falta de Luz y de Calor.

Es todo un mundo el que hay que transformar y encender en el amor de Cristo. ¡Sólo los santos cambiarán el mundo! Sólo hombres y mujeres audaces, portadores de Cristo, inundados por la fuerza y vitalidad de su Espíritu, podrán cumplir con este cometido. «Así es, en verdad: nosotros existimos para mostrar a Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo a Dios vivo, conocemos lo que es la vida»[12].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Señor nos manda anunciar su Evangelio al mundo entero: Mt 28,18-20; nos invita a hablar sin miedo: Hech 18,9-11; a dar testimonio de nuestra fe y esperanza con parresía 2 Cor 3,12.
  • Quien cede al miedo oculta su fe y su condición de cristiano: Jn 7,13; 20,19; se queda callado: Mc 16,8; traiciona al Señor y reniega de su condición de discípulo: Mc 14,50; 26,74.
  • Los apóstoles anunciaban el Evangelio con valentía: Hech 4,13; 9,27; 13,46; 14,3; 18,26; 19,8; la parresía es coraje y audacia en el hablar: Hech 5,29; 9,28; 28,31; implica confianza en Dios y valor para anunciar el Evangelio a pesar de las pruebas: 1Tes 2,2.
  • La parresía procede del Espíritu: Hech 2,1ss; hay que suplicar el Don: Hech 4,29-31; Ef 6,18-19.
  • El ardor y urgencia por anunciar el Evangelio del Señor: 1Cor 9,16; lleva a ser creativos y audaces para que el Evangelio llegue a todos: 1Cor 9,20-22; a proclamar la palabra a tiempo y destiempo: 2Tim 4,2; a no dejarse vencer por los obstáculos: 2Cor 11,23-28.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué importancia tiene realizar un apostolado audaz? ¿Lo estoy haciendo? ¿Qué puedo hacer para que mi apostolado sea más audaz?
  2. Haz una lista de los principales miedos que tienes y que no te permiten hacer un apostolado más audaz. ¿Cómo voy a vencer a estos miedos?
  3. ¿Qué importancia tiene el Espíritu Santo en mi apostolado?
  4. ¿Qué es la "parresía"? ¿La estoy viviendo en el apostolado?
  5. ¿Qué relación tiene una vida espiritual intensa con la audacia apostólica?
  6. ¿Soy consciente de la urgencia del apostolado? ¿Qué voy hacer?

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[1] S.S. Benedicto XVI, Mensaje antes de la bendición "urbi et orbi" luego de su elección, 19/4/05.

[2] S.S. Benedicto XVI, Mensaje pronunciado al final de la misa concelebrada con los cardenales, 20/4/2005, 1.

[3] Allí mismo, 3.

[4] 2Cor 3,12.

[5] Ver Mt 5,15-16.

[6] Ver Ex 4, 10-12; Is 6,5-8; Jer 1,7-8; Mt 10,19-20.

[7] Ver Hech 2,1ss; Lc 24,49.

[8] Ver Lc 12,49.

[9] Ver Rom 5,5.

[10] S.S. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 19.

[11] S.S. Juan Pablo II, Catequesis del 21/10/98, 4.

[12] S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de la Inauguración de su Ministerio Petrino como Sumo Pontífice, 24/04/2005.