• RECHAZO DE LAS TENTACIONES Y HUÍDA DE LAS OCASIONES

    Puesto que no soporta vernos felices, el diablo busca pervertirnos y apartarnos del buen camino.  Para lograr su objetivo no puede ir en contra de nuestra libertad, es decir, no puede destruirnos si de alguna manera no asentimos a su seducción libremente.  ¿De qué manera, entonces, obtiene nuestro libre asentimiento?  Mediante la tentación: una sugestión y provocación a ir en contra de Dios y de sus enseñanzas...
  • LOS CRITERIOS EVANGÉLICOS

    Si arrojamos una tela al agua veremos cómo, poco a poco, se va humedeciendo hasta quedar totalmente mojada.  Algo análogo nos va sucediendo con las ideas y criterios que el entorno nos va transmitiendo: los vamos incorporando a nuestro modo de pensar y actuar, nos van empapando...   

  • RECURSO AL CONSEJO

    ... el recurso al consejo, que en el marco de la gnosis a la que nos invita San Pedro en su escalera espiritual, nos permite conocer y vivir el Plan de Dios en nuestras vidas.

  • EL EXAMEN O “VIGILANCIA”

    Se trata, entonces, de un medio que nos ayuda a estar atentos a nosotros mismos para conocernos cada vez mejor, y saber descubrir las dificultades —sean interiores o exteriores— que se nos presentan para poder enfrentarlas...
  • El discernimiento espiritual

    En el lenguaje coloquial podemos decir que una persona “sin discernimiento” es aquella que toma las cosas a la ligera, que no es capaz de hacer un juicio cabal sobre la realidad ni de actuar consecuentemente.  La falta de discernimiento puede llevar, en este sentido, a actuar sin sopesar bien lo que se hace...

108. LA COHERENCIA

La misión «pide a todos los cristianos que proclamen el Evangelio con la palabra,  pero sobre todo con la coherencia de su vida»[1]. «Sólo así seréis testigos creíbles de la esperanza cristiana y podréis difundirla a todos»[2].

Una primera aproximación a lo que significa la coherencia la encontramos en el diccionario:  «Conexión, relación o unión de unas cosas con otras». Al aplicar esta definición a la vida cristiana nos referimos principalmente a esa conexión, relación o unión que debe existir entre fe y vida, entre aquello que creemos -el Señor Jesús y su Evangelio- y el modo como vivimos en lo cotidiano. En esta coherencia está el secreto de la santidad, a la que Dios nos llama a cada uno de nosotros, en nuestro propio estado de vida. Por ello es tan importante que de la fe en la mente y en el corazón pasemos a la fe en la acción.

1.- COHERENCIA ENTRE FE YVIDA

Un cristiano coherente es aquél que sostiene con sus obras lo que cree y afirma de palabra. No hay diferencia entre lo uno y lo otro. Se descubre en él o en ella una estrecha unidad entre la fe que profesa con sus labios, la fe acogida en su mente y corazón, y su conducta en la vida cotidiana: su fe pasa a la acción, se muestra y evidencia por sus actos[3]. Así los principios tomados del Evangelio orientan su conducta y su pensamiento cristiano, su piedad y afectos, y se reflejan en la acción práctica. Esta coherencia la vive no sólo cuando las cosas se le presentan "fáciles", sino también cuando es puesto a prueba.

Un cristiano incoherente con su fe y condición de bautizado, en cambio, es aquél cuyas obras contradicen abiertamente lo que sostiene con sus palabras, lo que dice creer y lo que en su corazón anhela en lo más profundo de su ser. Es, por ejemplo, aquél que dice: "soy creyente, pero no practicante", es decir, lo que llamamos un "agnóstico funcional", un bautizado que -aunque a veces va a Misa y reza algo de vez en cuando- actúa del mismo modo como lo hace un hombre que no cree en Dios, que no conoce la fe.

Incoherentes somos también nosotros, quienes nos hemos encontrado con el Señor Jesús y nos esforzamos por llevar una vida cristiana seria, cuando negamos con nuestras obras las enseñanzas del Evangelio, cuando no hacemos lo que a otros predicamos o exigimos. ¡Ciertamente todos, más o menos, tenemos algo de incoherentes...!

2.- DIFICULTADES PARA VIVIR LA COHERENCIA CRISTIANA

Llamados a ser santos, experimentamos múltiples dificultades para realizar esta vocación. Estas dificultades para vivir la coherencia las encontramos dentro de nosotros mismos, en nuestra fragilidad o en nuestra débil voluntad ante nuestra inclinación al mal, ante los malos hábitos o vicios de los que, a veces, es difícil despojarse. No es raro experimentar que, aunque me haya propuesto firmemente ser cada día más santo, haga el mal que no quiero y que deje de hacer el bien que me había propuesto hacer[4]. El gran apóstol Pablo reconoce en sí mismo esta incoherencia que agobia su espíritu, cuyo origen atribuye «al pecado que habita en mí»[5]. En efecto, el pecado y su huella en nosotros nos llevan a experimentar y sufrir tantas veces esta división dentro de nosotros mismos, división que constituye la principal dificultad para vivir la coherencia entre la fe que profesamos y nuestra vida.

También encontramos esa dificultad por la oposición a la vida cristiana de no pocos rasgos de la cultura en que vivimos. O porque esa cultura, desde una pretendida "madurez", lo relativice todo y considere a la fe y sus consecuencias como un asunto limitado a las opciones y preferencias personales. Este influjo ambiental negativo se nos presenta como un reto.

Incluso en nuestros días se persigue, a veces con intensidad, abierta o muy sutilmente, a quienes aspiran a vivir con coherencia la vida cristiana. Ante esta situación muchos bautizados, por miedo a "ser distintos", prefieren pasar desapercibidos, actuar "como los demás" para no mostrar que son cristianos, y así -aunque digan "creer"- terminan asimilando los criterios antievangélicos y viviendo de acuerdo a ellos.

3.- HACIA UNA COHERENCIA CADA VEZ MAYOR

Al tomar conciencia de las dificultades que tenemos que afrontar para vivir la fe con coherencia, no buscamos abrumarnos o desalentamos. Se trata de vivir en un sano realismo: la incoherencia, mayor o menor, la experimentamos todos y nos acompañará mientras estemos como peregrinos en este mundo. El primer paso hacia una vida de mayor coherencia es aceptar con humildad y sencillez esta verdad, y a partir de allí buscar reducir cada vez más la distancia que hay entre nuestra mente y corazón, nutrida de la fe, sostenida por la esperanza y animada por la caridad, y nuestras acciones cotidianas; entre nuestras palabras y obras; entre la fe y la vida. Para ello, hay que poner medios concretos para ir ganando enhábitos de coherencia y avanzar así, poco a poco, hacia un estado de una cada vez mayor coherencia. Así, con la fuerza que nos viene del Señor y el apoyo que encontramos en la comunidad, nos iremos acercando cada vez más al horizonte de plena coherencia que descubrimos en el Señor Jesús y en su Santísima Madre.

4.- COHERENCIA Y APOSTOLADO

Estoy llamado a ser un apóstol. Cada cual en su puesto y lugar, desde el propio estado de vida, nuestra misión es la de anunciar el Evangelio, transmitir al Señor y hacer partícipes a muchos otros del don de la reconciliación que Él nos ha traído. Ello implica necesariamente que yo mismo me esfuerce por ser el primero en acoger y vivir el Evangelio con máxima coherencia.

El Concilio Vaticano II ha enseñado que, con frecuencia, «la incoherencia de los creyentes constituye un obstáculo en el camino de cuantos buscan al Señor»[6]. La incoherencia afecta, según el grado, nuestro propio testimonio, y puede tomar estéril la Palabra que estamos llamados a proclamar y transmitir. Tomar conciencia de la necesidad de ser coherentes con la fe que predicamos para que el apostolado sea fecundo y eficaz es una fuerte motivación en el camino cotidiano de nuestra propia santificación.

En este empeño tengamos en cuenta aquél dicho que reza: "Las palabras mueven, el ejemplo arrastra". Y es que «cuanto más se refleje Cristo en nuestra vida, tanto más mostrará la atracción irresistible que él mismo anunció hablando de su muerte en la cruz: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hada mi"[7]»[8].

¡Cuánto apela, cuestiona, mueve los corazones, por la firmeza, paz y seguridad que transmite, el testimonio de una persona que es coherente con el Evangelio ¡Cuántos al verlo, al verla, feliz, radiante, dicen: "yo quiero eso para mí", "yo quiero ser así"! Y así el cristiano coherente se convierte en un excelente apóstol, porque irradia el gozo y la plenitud que nos dan el llevar a Cristo muy dentro. ¡Cuanto más eficaz es el anuncio del Evangelio cuando las palabras se ven respaldadas por el testimonio luminoso de una vida cristiana coherente!

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

  • No basta creer: hay que obrar de acuerdo a lo que creemos y decimos creer: Stgo 2, 14-21.
  • Juzgamos y hacemos lo mismo que juzgamos: Rom 2, 1.
  • Escuchar y poner por obra (coherencia entre fe y acción, el obrar moral): Dt 5, 27; Hech 5, 28-29; Mt: 21, 28-31; Sal 50, 16-23; Rom 2, 19-2; Tit 1, 16; Is 29, 13; Ez 33, 31-32; Mt 5, 37; Stgo 5,12 2Cor 1, 17-20.
  • Contra la incoherencia: Ap 3, 1-3; Mt: 23, 1.
  • María cumple el Plan del Padre. María. y el Señor Jesús son modelo de plena coherencia: Jn 2, 5; Lc 11, 27-28; Mt 7, 21.
  • Modelos de actitudes incoherentes: Jn 21, 6-7;Mt 26, 13-16.
  • A los incoherentes la Escritura los llama "tibios": Mt 7, 26.
  • Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará: Hch 2, 21.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué relación existe entre la coherencia y la fe?
  2. «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.» (Mt 7, 21) Tu fe en la acción da testimonio de tu fe en la mente y en el corazón?
  3. ¿Cuáles son aquellos pecados que impiden que tu vida refleje la luz de Cristo? Pon medios concretos para luchar contra ellos.
  4. En Lc 1, 38 vemos a nuestra Madre pronunciar el «hágase» ante el ángel enviado por Dios. Santa María pronuncia y sostiene este «hágase» a lo largo de toda su vida. Ella se esfuerza permanentemente por descubrir el plan de Dios y responder a Él con coherencia en todas las circunstancias concretas de su vida. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho. Haz el firme compromiso de esforzarte cotidianamente por ser coherente y poner por obra la palabra de Dios.
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