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«Sólo con esta amistad (de Cristo) se abren las puertas de la
vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de
la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo
que nos libera»[1].
¿No experimenta todo ser humano, ya desde su tierna infancia, el
impulso interior de encontrar "el mejor amigo"? ¿Quién de nosotros no tiene la
necesidad de uno o de más amigos o amigas que lo sean de verdad? Así, en esa
búsqueda, hemos ido construyendo cada cual nuestras amistades, estableciendo
vínculos y lazos que no han buscado sino responder a un profundo anhelo de encuentro,
de comunión, de felicidad. Mas en esa búsqueda hemos descubierto
que hay "amistades" y amistades. Las primeras son multitud, pero las segundas
son difíciles de encontrar. Hay quien te dirá "soy tu amigo", mas «lo es sólo
de nombre»[2],
o «de ocasión», o incluso hay el que «se vuelve enemigo»[3].
Mas también hay de los que lo son de verdad: «el amigo fiel es seguro refugio,
el que le encuentra, ha encontrado un tesoro»[4].
En el Señor hallamos ese tesoro, y en Él podemos encontrar y construir
amistades auténticas, profundas, duraderas.
¿QUIÉN ES EL VERDADERO AMIGO?
¿Qué es lo que un amigo quiere para su amigo? ¿El bien o el mal?
Sin duda nadie responderá "el mal". Amigo jamás será aquél que lleva a quien
dice querer por el camino del mal, que -aunque siempre se presente con
apariencia de bien- destruye, degrada y deshumaniza al ser humano. Quien ama de
verdad, no puede querer eso para el amigo. Todo lo contrario, el verdadero
amigo es quien busca llevar a su amigo por el camino del bien.
Mas el amigo que lo es de verdad no sólo quiere para su amigo el
bien, sino que quiere para él el máximo bien posible, a saber, que llegue a ser
lo que está llamado a ser, pues sabe que de ello depende su felicidad y
plena realización humana. Así, pues, «el deseo vivo y desinteresado de toda
persona que ama verdaderamente es que el otro sea, que se realice su bien, que
se cumpla el destino que ha trazado para él Dios providente»[5].
AMIGOS DEL SEÑOR
Quien le abre las puertas de su corazón al Señor Jesús descubre
que en Él se encuentra el máximo bien posible para todo ser humano,
porque en Él se descubre y conoce verdaderamente a sí mismo, su identidad más
profunda, y porque por Él puede llegar a ser lo que está llamado a ser. En
efecto, quien se encuentra con Cristo comprende que Él, Dios y hombre perfecto,
es al mismo tiempo "el Camino, la Verdad y la Vida" para toda persona humana.
Es en el encuentro y amistad con Cristo como llegaremos a realizarnos
plenamente, como llegaremos a ser plenamente nosotros mismos, como llegaremos a
ser totalmente felices. Y para cualquier hombre o mujer no hay mayor bien que
ése.
El Señor Jesús, para llevarnos a nuestra total realización, para
hacernos plenamente partícipes de su mismo gozo y felicidad[6],
nos invita a vivir la amistad con Él, a ser de sus amigos. También a cada uno
de nosotros nos dice en el hoy de nuestra historia: «no te llamo ya siervo,
sino amigo»[7].
Él es aquel que una y otra vez, con el deseo de vivir esa amistad con nosotros,
nos dice: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre
la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»[8].
Para responder a esta insistente invitación que nos hace el
Señor hemos de tener muy presente que «la oración es un medio excelente puesto
por Dios para que los hombres recorran el camino de la plenitud y de la amistad
con Él. Para encontrarse, para ser auténtico, para amar, la oración es el
camino»[9].
Por la oración perseverante[10]
nuestra amistad con el Señor crece, madura, se afianza cada día más y se
expresa finalmente en la fiel adhesión a su persona y enseñanzas: «Vosotros
sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando»[11].
Y quien en la oración crece día a día en la amistad con el Señor, se encuentra
verdaderamente consigo mismo y con los demás, haciéndose capaz de vivir la
amistad como Él supo vivirla: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por
sus amigos»[12].
«AMIGO ES AQUÉL QUE ME LLEVA A CRISTO»
El encuentro con Aquél a quien el corazón inquieto andaba
buscando suscita a la vez el deseo de que mis amigos también participen de ese
mismo encuentro. Esa es la experiencia que vemos reflejada también en los
primeros discípulos, quienes luego de seguir al Señor y pasar con Él una tarde
inolvidable, buscaron inmediatamente a sus amigos para comunicarles rebosantes
de gozo: «¡Hemos encontrado al Mesías!»[13].
Habiendo encontrado ellos mismos el tesoro de la amistad en Cristo, quieren que
sus amigos se enriquezcan a su vez con ese mismo tesoro.
Este dinamismo no se da sólo al inicio, sino que se prolonga a
lo largo de toda la vida, haciendo que la misma amistad crezca y madure cada
vez más. Por ello podemos decir que amigo, en el sentido más pleno de la
palabra, es aquél que encontrándose él mismo cada día con el Señor Jesús,
viviendo él mismo la amistad con el Amigo por excelencia, me lleva
continuamente a Cristo, porque quiere y procura lo mejor para mí, porque arde
en deseo de que también yo participe de la riqueza del Amor de Cristo.
AMIGOS EN EL SEÑOR
El Señor Jesús es «el amigo supremo y a la vez el educador de
toda amistad auténtica»[14].
Es su misma amistad la que Él nos invita a vivir entre nosotros. Siendo amigos
del Señor aprendemos a ser amigos entre nosotros. En la escuela de su Corazón
la amistad vivida entre quienes somos de Cristo madura, crece, se consolida, se
hace más profunda, fiel y consistente. Por ello podemos afirmar que no hay
mejor amistad que la que nos exige ser santos, ni habrá amistad más excelente
que la que se da entre los santos.
Pero el Señor Jesús no sólo nos enseña cómo debe ser la amistad
entre nosotros, sino que más aún se constituye Él mismo en fundamento sólido de
toda amistad. La amistad, para ser auténticamente humana y realizante en el
encuentro y comunión con el amigo, requiere siempre que el Señor Jesús esté en
medio: tú, yo, y Cristo como fundamento, Cristo como principio de comunión.
Así, pues, lo primero que hemos de tener en cuenta al buscar
construir y vivir la amistad entre nosotros, es que ésta será inconsistente o
imperfecta si no nos lleva al encuentro cada vez más pleno con el Señor Jesús,
si no se abre a Él y si no se funda en Él, porque si sólo en Cristo la persona
puede alcanzar su plena madurez humana, sólo en Él la amistad humana alcanzará
asimismo su plenitud.
PENTECOSTÉS 2006: UN ENCUENTRO DE AMIGOS EN EL SEÑOR
La amistad cristiana, la amistad centrada en el Señor Jesús, se
abre a la amistad con otros, quienes enriquecen la amistad primera. Esa es la
amistad que viven los santos y santas, la amistad que todos los miembros de la
Iglesia estamos llamados a vivir entre nosotros. Sí, cada comunidad que se
reúne en torno al Señor aspira a ser una comunidad de amigos en el Señor, un
ámbito en el que se aspira a vivir la plena unidad y comunión que el Señor
quiso para sus amigos: «Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también
sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado»[15].
El Santo Padre, Benedicto XVI, ha querido invitar y reunir a los
diversos movimientos eclesiales en Pentecostés de 2006. Es una magnífica
oportunidad para responder a la invitación del Señor a vivir esa amistad y
unidad que lo tiene a Él como fundamento. Ante el mundo entero debe brillar esa
unidad en la multiplicidad de carismas, debe vivirse intensamente y hacerse
visible esa unidad que estamos llamados a vivir todos aquellos que somos amigos
del Señor, «para que el mundo crea»[16],
y para que «creyendo tengan Vida en su nombre»[17].
¡Que hermoso sería que un numeroso grupo de hermanos pueda
participar en esta fiesta de la amistad en el Señor, para que junto con Pedro
demos testimonio al mundo entero de que «sólo con esta amistad se abren las
puertas de la vida»![18].
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Hay amigos que no lo son de verdad: Eclo 6,8-10.
-
El amigo fiel es seguro refugio, un tesoro: Eclo 6,14; no
tiene precio: Eclo 6,15; los que aman al Señor le encontrarán: Eclo 6,16.
-
Hemos de ser fieles a nuestros amigos: Prov 27,9-10; hemos de
acompañarlos especialmente cuando necesiten nuestro consuelo y presencia: Prov
27,9.
-
El Señor Jesús vivía la amistad: Lc 12,4; Jn 11,11; nos llama
amigos: Jn 15,15; es educador de la auténtica amistad: Jn 15,13; nos invita a
vivir esa misma amistad entre nosotros: Jn 15,12.
-
Amigo de Jesús es quien pone por obra lo que Él le dice: Jn
15,14; María nos invita a vivir esa amistad con su Hijo: Jn 2,5.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué significa decir que mi amistad con los demás deba estar
centrada en el Señor Jesús?
-
¿Cómo está mi amistad con el Señor Jesús? ¿Qué voy hacer para
crecer aún más en ella?
-
¿Por qué decimos que "amigo es aquél que me lleva a Cristo"?
-
¿Suelo dar testimonio del Señor Jesús a mis amigos? ¿Qué cosas
concretas puedo hacer para ayudar a que mis amigos se encuentren con el Señor
Jesús?
-
¿Por qué es importante nuestra participación en Pentecostés
2006?
[1] S.S.
Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Inauguración de su Ministerio
Petrino, 24/5/2005.
[3] Eclo
6,8-9; Sal 41(40),10.
[5] S.S.
Juan Pablo II, Catequesis, 16/11/1983, n. 2.
[9] Luis
Fernando Figari, Necesidad de la Oración, en Huellas de un Peregrinar,
Fondo Editorial, Lima, 1991, p.35.
[14]
S.S. Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 9.
[18]
S.S. Benedicto XVI, Homilía en
la Misa de Inauguración de su Ministerio Petrino
, 24/5/2005.
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