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«AL ENCUENTRO DE PEDRO»
 

El Papa Benedicto XVI ha convocado para junio de este año, en el día que la Iglesia celebra la Solemnidad de Pentecostés, un gran encuentro con los Movimientos Eclesiales. Será una ocasión muy especial de celebrar ese gran don del Espíritu Santo que son los movimientos eclesiales. Como movimiento, nos venimos preparando con gran entusiasmo para peregrinar a Roma.  Sin embargo, nuestra peregrinación tiene también otra motivación que enriquece su significado. Es el Papa quien ha hecho la invitación. Acudir a su llamado es una expresión de la permanente escucha y acogida de la voz del Romano Pontífice, que brota de un amor profundo por la Iglesia, de aquel «amar a la Iglesia y sentir con ella».

«Ubi Petrus, ibi ergo Ecclesia»[1]. Donde está Pedro, ahí está la Iglesia. Ya desde sus inicios y cada vez con mayor claridad, la Iglesia ha comprendido que, de la misma manera que existe la Sucesión de los Apóstoles en el ministerio de los Obispos, «así también el ministerio de la unidad, encomendado a Pedro, pertenece a la estructura perenne de la Iglesia de Cristo y que esta sucesión está fijada en la sede de su martirio»[2].

El Papa , Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, «es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles»[3]. Con estas palabras el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda una verdad esencial en la naturaleza de la Iglesia: el Primado de Pedro. Desde su fundación, el Señor Jesús quiso que la Iglesia tuviera en el Obispo de Roma una cabeza visible. La Iglesia es consciente de haber conservado, con fidelidad a la Tradición Apostólica y a la fe de los Padres, el ministerio del Sucesor de Pedro, por el cual debemos estar sinceramente agradecidos.

EL PRIMADO DE PEDRO INSTITUIDO POR EL SEÑOR JESÚS

«Primero Simón, llamado Pedro»[4]. Con estas significativas palabras, San Mateo inicia su lista de los Doce Apóstoles. De igual modo lo hacen los otros dos Evangelios sinópticos[5], y la lista que aparece en los Hechos de los Apóstoles[6]. Con gran fuerza testimonial el Evangelio nos va transmitiendo una verdad relativa a Pedro y a su papel en el grupo de los Doce, verdad que viene de Cristo mismo.  Esta verdad se hará más explícita cuando, en Cesarea de Filipo, Pedro hace su profesión de fe y el Señor Jesús pronuncia aquellas palabras que la tradición ha conservado como un tesoro precioso: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»[7].

La Iglesia universal traduce el sentido de esas palabras fundacionales con la fórmula latina: "Tu es Petrus". Con estas palabras el Señor confía solemnemente a Pedro el oficio del primado, que se transmitirá también a sus sucesores. Ellas han venido a significar todo un compromiso con la fe de la Iglesia, toda una actitud frente a su vida y a su misión, un signo que manifiesta la aceptación del Plan de Dios en quien a él se adhiere.

San Juan, el discípulo amado, nos legará también un relato de riquísimo contenido teológico cuando, tras la Resurrección, el Señor Jesús confirma a Pedro en su misión particular, incluso a pesar de sus fragilidades[8]. El término utilizado "apacienta [ poimaine en griego] mis ovejas" indica que esa tarea no consiste únicamente en alimentar sino también en gobernar. Se trata de una misión que Cristo confía exclusivamente a Pedro, y que le compete tan sólo a él entre el colegio de los Apóstoles.

PEDRO, OBISPO DE ROMA

Por ello, ya en las primeras comunidades cristianas, como más tarde en toda la Iglesia, la imagen de Pedro es aquella del Apóstol que, a pesar de su debilidad humana, fue constituido expresamente por Cristo en el primer lugar entre los Doce y llamado a desarrollar en la Iglesia una propia y específica función. Se trata de una verdad acogida y vivida antes que conceptualizada como hoy lo hacemos. Pero no hay duda que desde el inicio del peregrinar de la Iglesia se vivió la primacía del Obispo de Roma. Como tantas otras verdades atesoradas por la Iglesia, el Espíritu Santo iría iluminando la fe de la Iglesia para profundizar en la comprensión de esta realidad.

De la presencia de San Pedro en Roma tenemos múltiples evidencias históricas, tanto arqueológicas como literarias. Aunque no se mencione expresamente en el Nuevo Testamento, es muy posible que su primera carta fuese escrita desde Roma, pues ahí se lee: «Os saluda la (Iglesia) que está en Babilonia»[9], siendo "Babilonia" un nombre utilizado en la antigua literatura cristiana para referirse a Roma. Asimismo, antiguos escritores eclesiásticos, como Papías de Hierápolis (siglo II) y Clemente de Alejandría (siglo I) hacen mención de la estancia de Pedro en Roma. De igual modo, San Clemente Romano (siglo I), tercer Sucesor de San Pedro, recuerda su martirio en la Ciudad Eterna.

A ello se suman numerosos argumentos arqueológicos. Dan testimonio de la permanencia en Roma, y particularmente de su muerte, la investigación realizada en torno a la tumba del Apóstol, en especial luego de los descubrimientos realizados en el siglo XX debajo de la Basílica de San Pedro. Lo que la tradición había conservado y transmitido con fidelidad durante veinte siglos fue confirmado por las excavaciones iniciadas bajo el Pontificado del Papa Pío XII, que llevaron a descubrir, justo debajo del Altar Mayor de la Basílica, una tumba e inscripciones que llegan a indicar con gran probabilidad que se trataba de la tumba del Príncipe de los Apóstoles.

UNA VERDAD TRANSMITIDA POR LA TRADICIÓN

La Tradición -coincidiendo con los datos bíblicos- ha transmitido la verdad sobre el primado de Pedro a lo largo de los siglos. La historia da testimonio de que desde los primeros tiempos la sede romana, fiel a las palabras de Cristo, siempre ha reclamado para sí el primado, y que ese primado ha sido siempre y libremente reconocido por la Iglesia universal. El testimonio más antiguo que poseemos es el del Papa Clemente, hacia el año 90, cuando envía una carta a la comunidad de Corinto para dirimir una cuestión entonces discutida. Unos años después, otro gran santo, Ignacio de Antioquía, se refería a la Iglesia de Roma como la que «está puesta a la cabeza de la caridad». La palabra en griego para «caridad» es agape, y al utilizar esta palabra, Ignacio se refería a la Iglesia toda.  Por tanto, ya en el tiempo de San Ignacio, a principios del siglo II, era claro que la Iglesia de Roma se encontraba a la cabeza de toda la comunidad cristiana.

Los testimonios abundan, en especial en los siglos posteriores, y nos van confirmando aquella verdad vivida desde el inicio. Así lo experimentaron también desde los primeros siglos numerosos peregrinos que fueron atraídos a Roma para visitar los lugares santos, entre los que destacaba la tumba del Apóstol Pedro, que ya desde ese tiempo se veneraba en el Vaticano. Visitaron la sede de Pedro los hombres más ilustres del mundo cristiano antiguo, como Ireneo de Lyon (siglo II) y Orígenes (siglo III), manifestándose así la especial veneración que se tenía hacia la ciudad de Roma en las diversas comunidades cristianas. Poco a poco irá aflorando también la hermosa imagen de la Iglesia como una barca, la Barca de Pedro, como la encontramos ya en el siglo III.

PEDRO HOY: EL PAPA BENEDICTO XVI

Hoy Pedro es el Papa Benedicto XVI. Todos hemos experimentado en los últimos meses, tras el tránsito del querido Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI, el hermoso don que significa para la Iglesia el Papado. A las 5:50 p.m. del martes 19 de abril de 2005, tan sólo 26 horas después de haberse iniciado el Cónclave, la chimenea de la Capilla Sixtina empezaba a arrojar el esperado humo blanco, anunciando que los cardenales reunidos en el Cónclave habían elegido al 264to Sucesor de San Pedro. Con cuánta emoción se vivieron aquellas palabras que desde la Plaza de San Pedro resonaron en el mundo entero: «Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam». «Os anuncio con gran alegría: Tenemos Papa». El entonces Cardenal Joseph Ratzinger había sido elegido a la Cátedra de Pedro, tomando el nombre de Benedicto XVI.

El Papa es el Pastor Universal, él es el símbolo de la continuidad de la sucesión apostólica, es la Roca a la que debemos mirar y dirigirnos en tiempos difíciles como los actuales. Escribía nuestro Fundador, poco después de la elección del Papa Benedicto XVI: «El Papa es aquel puesto por el Señor Jesús mismo para guiar a su Iglesia, la Iglesia de Cristo. El Papa nos fascina porque lo sabemos esencial para nuestro caminar. Quien no percibe en su interior un eco afectivo por el Sumo Pontífice debe examinarse pues algo va mal (...) El corazón rebosa de alegría. La Urbe tiene Obispo, la Iglesia tiene Papa. Que nuestras oraciones se eleven con perseverancia por el Santo Padre Benedicto XVI.  Que miremos a Pedro con afecto, y que nuestra adhesión no sólo sea afectiva sino que sea efectiva. Las obras, la acción, son lo que ratifica la entereza de nuestra Fe»[10].

El Señor Jesús quiso fundar la Iglesia, y la quiso con Pedro a la cabeza. No es una verdad que podamos dejar de lado. Al peregrinar a Roma, respondiendo a la invitación de Pedro, nos acercamos a esta verdad profunda y fundamental para la Iglesia. Creemos que en especial hoy en día se hace necesario expresar la participación en la fe de la Iglesia con toda claridad, sin medias tintas, sin palabras ambiguas ni relativismos. Creemos que todo aquel que se identifique como hijo de la Iglesia debe, coherentemente, conocer, acoger, difundir y realizar lo que manifiesta el Magisterio Pontificio. Vivamos esta hermosa dimensión a lo largo de nuestra preparación para peregrinar al encuentro de Pedro, al encuentro de Jesús. Escuchemos a través del Vicario de Cristo al mismo Señor Jesús, recemos por él, y elevemos nuestra acción de gracias por el gran don que significa su presencia. Pedro, hoy el Papa Benedicto XVI, es la roca segura donde se afirma la Iglesia.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Primado de Pedro instituido por el Señor Jesús: Mt 16,17-19.
  • El primero entre los apóstoles: Mt 10,12; Mc 3,16; Lc 6,14; Hech 1,13; Jn 21,15-17.
  • Pedro Obispo de Roma: 1Pe 5,13.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué significado tiene que el mismo Santo Padre haya convocado los Movimientos Eclesiales a participar del gran encuentro en Pentecostés 2006? ¿Cómo estoy respondiendo a esta invitación?
  2. ¿Qué importancia tiene mi activa participación en la Campaña de Oración por las intenciones del Santo Padre?
  3. ¿Entiendo lo que es el Primado de Pedro? ¿Qué significa la institución del Primado de Pedro para la Iglesia?
  4. ¿Cuál fue mi experiencia personal en la elección del Papa Benedicto XVI como Sucesor de Pedro?
  5. ¿Suelo leer los Documentos del Magisterio Pontificio? ¿Qué voy hacer para interiorizarlos aún más?
  6. ¿Por qué es importante en nuestros días dar un testimonio coherente de adhesión a las enseñanzas del Vicario de Cristo?

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[1] San Ambrosio, Enarr. in Ps. 40,30.

[2] Congregación para la Doctrina de la Fe, El primado del Sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia, n. 3.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 882.

[4] Mt 10,12.

[5] Ver Mc 3,16 y Lc 6,14.

[6] Ver Hech 1,13.

[7] Ver Mt 16,17-19.

[8] Jn 21,15-17.

[9] 1Pe 5,13.

[10] Mensaje de Luis Fernando Figari a la Familia Sodálite con ocasión de la elección del Papa Benedicto XVI.