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Jueves Santo. Última Cena de Jesús con sus discípulos. El
memorial de ese acontecimiento histórico centra ahora nuestra atención en el
infinito amor de Dios. El Banquete, envuelto en la atmósfera ritual y familiar
de la celebración de la Pascua judía y que Jesús con tanta ansia había deseado
comer con sus discípulos antes de padecer.
San Juan nos introduce en este acontecimiento dramático con
estas palabras: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había
llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amó hasta el extremo»[1].
El evangelista es un testigo de excepción de todo lo que estaba
por suceder aquella noche. Lo vivió en primera persona y lo profundizó con el
correr de los años. Por lo tanto nos dejó palabras densas, cargadas de
significado, de teología, de espiritualidad, que nos invitan a focalizar
nuestra mirada en ese punto central donde convergen los distintos
acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: el Amor "hasta el
extremo".
¿QUÉ SIGNIFICA "HASTA EL EXTREMO"?
Como sabemos, San Juan escribió su Evangelio en griego. La
versión castellana traduce por "extremo" la palabra griega telos. Dicho
vocablo aparece una sola vez en todo el Evangelio. Éste es un dato muy
significativo que no podemos pasar por alto, pues se trata con mucha
probabilidad, no de una palabra que el evangelista haya utilizado al azar sino
más bien de un término pensado, meditado y, por lo tanto, usado
intencionadamente como clave de lectura de la hora de Jesús, la hora de
su Amor.
La raíz de la palabra griega telos significa
primariamente "ponerse en marcha hacia un punto o meta preciso" y su
significado usual admite en castellano varias traducciones posibles. Una de
ellas es la de "fin", traducción que, al mismo tiempo, abarca varios
conceptos:
-
Fin en cuanto último elemento de una serie de cosas o sucesos.
-
Fin entendido como término, es decir, el límite en el cual algo dejar de
existir, el cese de un acto o de un estado.
-
Fin en cuanto conclusión o resolución de algo, como finalidad, objetivo, meta,
propósito.
1. UN AMOR QUE REVELA EL ROSTRO DE DIOS Y DEL HOMBRE
Como decíamos, el primer significado de la palabra telos haría
referencia al último término de una serie de sucesos. En este caso concreto el
término hace referencia a las etapas en las cuales Dios, rico en misericordia,
se fue revelando progresiva y pedagógicamente al ser humano hasta llegar en el
Señor Jesús, «mediador y plenitud de toda la revelación»[2],
a decirnos todo lo referente a nuestra reconciliación.
Y es que la persona que busca a Dios con sincero corazón,
respondiendo a su nostalgia de infinito, tiene en el Señor Jesús la certeza de
encontrar al Único que puede saciarlo. Su enseñanza no deja lugar a dudas: «El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre»[3].
En el Señor Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, se manifiesta el «rostro
humano de Dios y el rostro divino del hombre»[4].
¿Y cómo es el rostro de Dios que muestra Jesús?
Es importante destacar aquí que, a semejanza del corazón, cuando
se habla del rostro de la persona en la cultura judía, se quiere hacer
referencia a la manifestación de todo el ser. Podemos afirmar pues que Jesús,
al revelar en sí mismo que «Dios es Amor»[5],
nos ha manifestado su auténtico rostro, y en Él, el nuestro. Por ello nos dirá
S.S. Benedicto XVI que «el amor de Dios por nosotros es una cuestión
fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre quién es Dios y
quiénes somos nosotros»[6].
En Jesucristo el amor de Dios se hace tangible, se hace gestos
concretos. Lo dice muy expresivamente el Papa en su Encíclica Deus caritas est:
«La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas,
sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un
realismo inaudito. Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y
a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el
cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar»[7].
2. UN AMOR SIN LÍMITES
El segundo significado del termino telos es el que nos
resulta más evidente a partir de nuestra traducción castellana: los amó hasta el
extremo significa al máximo, hasta el límite de toda medida concebible,
hasta lo inverosímil, hasta el exceso al cual solamente el corazón de Cristo
podría llegar. Hasta darse a sí mismo con esa totalidad que el verdadero amor
exige, y con la efusión que sólo el amor divino puede concebir y puede actuar.
Si bien "extremo" hace referencia a un límite a partir del cual
no puede haber medida mayor, la hermosa paradoja del amor de Dios es que su
límite es no tener límite, la medida del amor divino es amar sin medida, la de
ser un amor infinito que se hace donación y se actualiza en el maravilloso
misterio de la Eucaristía.
Pensemos ahora justamente en el misterioso acontecimiento con el
cual se concluyó aquella cena pascual. Así lo describe San Pablo: «Porque yo
recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que
fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: "Éste es
mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío". Asimismo también
la copa después de cenar diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre.
Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío"»[8].
Aquel sacrificio cruento que Cristo iba a ofrecer por la humanidad en su
inminente sacrificio en la cruz se actualiza en el sacrificio eucarístico de
forma incruenta. Imposible comprender semejante evento si no es desde la lógica
del amor que no quiere conocer límites, que quiere grabar en el corazón de cada
hombre, de cada mujer, la experiencia de San Pablo: «la vida que vivo al
presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó
a sí mismo por mí»[9].
Si creemos verdaderamente en este "misterio de nuestra fe", si
entramos en ese haz de luz y de amor que nos lanza, que nos fulgura, que nos
traspasa, no podemos quedar indiferentes, según canta el poeta: «Amor, que a
todo amado a amar le obliga, prendió por éste en mí pasión tan fuerte que, como
ves, aún no me abandona»[10].
Pero, ¿acaso el amor puede ser mandado? ¡Sí!, nos dirá el Santo Padre:
«El amor puede ser "mandado" porque antes es dado»[11].
Y es que en la comunión eucarística está incluido a la vez el
ser amados y el amar a los otros. En esta lógica se entiende el gesto elocuente
por sí mismo del lavatorio de los pies. Jesús con un acto concreto de servicio
explicita esa íntima unión entre Eucaristía y amor concreto hecho servicio: «os
he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con
vosotros"[12].
3. UN AMOR QUE SE REALIZA EN LA OBEDIENCIA
El tercer significado de la palabra telos hace referencia
a la conclusión de un objetivo. En ese sentido los amó hasta el extremo nos
evoca el consummatum est, "todo está cumplido"[13]
que Jesús pronunció antes de morir. Fueron sus últimas palabras. Manifiestan su
conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al
mundo: «Padre: Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que
me encomendaste realizar»[14].
En el Evangelio según San Juan queda muy claro que Cristo fue
enviado por Dios al mundo para llevar a cabo la redención del hombre mediante
el sacrificio de su propia vida. Este sacrificio debía tomar la forma de un
"despojarse" de sí en la obediencia hasta la muerte en la Cruz. En toda su
predicación, en todo su comportamiento, Jesús es guiado por la consciencia
profunda que tiene de los designios de Dios sobre la vida y la muerte, con la
certeza de que esos designios nacen del amor eterno del Padre al mundo, y en
especial al hombre.
Jesús mismo lo formula con las siguientes palabras: «Tanto amó
Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga la vida eterna»[15].
El amor sigue siendo la explicación definitiva de la redención mediante la
Cruz. Es la única respuesta a la pregunta "¿por qué?" a propósito de la muerte
de Cristo incluida en el designio eterno de Dios.
De esa manera, la muerte no tiene la última palabra. Jesús con
su muerte revela que al final de la vida el hombre no está destinado a
sumergirse en la oscuridad, en el vacío existencial, en la vorágine de la nada,
sino que está invitado al encuentro con el Padre misericordioso, que lo espera
con los brazos abiertos por el camino del amor hecho obediencia.
En nuestra espiritualidad sodálite el mandamiento de Jesús
encuentra especialmente su plasmación en la oración del ideal: «Santa
María, ayúdame a esforzarme, según el máximo de mi capacidad y al máximo de mis
posibilidades, para así responder al Plan de Dios en todas las circunstancias
concretas de mi vida».
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
El Señor Jesús nos amó hasta el extremo: Jn 13,1.
-
Quien ve a Jesús, ve al Padre: Jn 14,9.
-
Dios es Amor: 1Jn 4,8.16.
-
La Eucaristía es fruto del amor de Jesús por nosotros: 1Cor 11,23-25.
-
La vida en Cristo es posible gracias a su infinito amor: Gál 2,20b.
-
El Señor Jesús nos ha dado ejemplo de cómo amarnos entre nosotros: Jn 13,15.
-
El amor de Jesús se expresó privilegiadamente en su obediencia al Padre: Jn
17,4; 19,30.
-
¿Qué más pudo hacer Dios por nosotros que no haya hecho ya?: Is 5,4.
-
El mandamiento de Jesús es amarnos como Él nos amó: Jn 15,12-13.
-
En la Cruz nos amó Jesús hasta el extremo: Ef 2,16; Flp 2,8; Heb 12,2.
-
Conociendo y amando a Jesús encontraremos la vida eterna: Jn 3,16.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué significa para mi vida que el Señor Jesús me haya amado hasta el extremo?
-
Ante tal prueba de amor del Señor por mí, ¿cómo le estoy respondiendo al Señor?
¿Qué puedo hacer para que esa respuesta sea aún más generosa?
-
¿Me descubro realmente llamado, aprendiendo del Señor Jesús, a amar sin
límites? ¿Cómo lo puedo hacer en concreto?
-
La amorosa entrega de Jesús en la Cruz es manifestación de su total obediencia
al Plan del Padre. ¿Cómo estoy viviendo la obediencia al Plan que el Padre
tiene concretamente para mi vida?
-
¿Qué relación tiene la oración del ideal con el tema que estamos
meditando del amor hasta el extremo? ¿Estoy haciendo vida la oración del ideal?
[4] Eclessia
in América, 67.
[6] S.S.
Benedicto XVI, Deus caritas est, 2.
[10]
Dante Alighieri, La divina comedia,1,5,103.
[11]
S.S. Benedicto XVI, Deus caritas est, 14.
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