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DAR GLORIA A DIOS
 

EL DIOS GLORIOSO

La cercanía del Señor nunca ocultó a los hombres de Dios la consciencia de su grandeza.El Dios amigo y cercano, que en su bondad sale al encuentro del ser humano, es también el Dios excelso e inalcanzable.Frente a Él, el hombre reconoce su propia fragilidad, el mundo entero es como un grano de polvo[1]. Cuanto aventaja el cielo a la tierra, así aventaja Dios a los hombres[2]. Repleto de esa consciencia es que exclama David: «¡Oh Señor, Dios nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste Tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?»[3].

Es verdad: ¿quiénes somos para que Dios se fije en nosotros?Y, sin embargo, se nos propone una empresa que supera nuestras fuerzas: dar gloria a Dios.¡Dar gloria al Dios glorioso!¿Qué le pueden añadir a Dios nuestros gestos y palabras?

Para nuestra sorpresa, el mismo Dios de la Gloria se abaja y pide al ser humano -esa pequeña creatura de sus manos- que le glorifique con sus obras, con su vida.Nos encontramos frente a un misterio.Una realidad que supera la lógica habitual de los hombres e ingresa en la lógica divina de la comunión.La lógica del amor.

«Mucho más podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: "Él lo es todo".¿Dónde hallar fuerza para glorificarle?¡Que Él es el Grande sobre todas sus obras! Temible es el Señor, inmensamente grande, maravilloso su poderío.Con vuestra alabanza ensalzad al Señor, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis»[4].

LA GLORIA DE LA LIBERTAD

Muchas cosas pueden aumentar nuestra gloria.Puesto que somos siempre limitados, todo aquello que aumenta nuestra dignidad, nuestra grandeza, acrecienta nuestra gloria.Una amistad importante, la sabiduría, el poseer bienes materiales, la fama.Aún incluso el proceso natural mismo de la vida humana.El madurar como persona.Crecer en virtud.Todo aquello que nos hace ser más, ser alguien mejor de lo que éramos, es para nosotros fuente de gloria.No así en el caso de Dios.Él es el Bueno, el Perfecto.Si algo en Él pudiera ser mejor, no sería Dios sino un ser limitado.Y, sin embargo, hay algo que puede acrecentar su gloria.Nuestras palabras se quedarán cortas para expresarlo.

Un ejemplo puede iluminar lo que intentamos decir.Todo hombre puede aumentar su propia grandeza.Con su esfuerzo personal y el trabajo de sus manos puede construir un patrimonio, hacerse virtuoso, sabio, y alcanzar la buena fama entre los hombres.Todo aquello que es suyo, que tiene a su cargo, refleja la gran persona que es.

Hay, sin embargo, algo que escapa a sus manos.La libertad de los hijos que el Señor le ha concedido.Aunque ha puesto el mejor esfuerzo en la educación de sus hijos, su libertad es un santuario infranqueable que nadie puede profanar.Ciertamente son personas independientes y nada puede hacer el padre para asumir el papel de sus hijos.Y, aún así, si sus obras hablan de él, más todavía hablan sus hijos.Son ellos la corona última de su gloria.Por ello, por más que de su parte no tenga nada que añadir, el hijo bueno y obediente es la gloria de su padre.

Dios es el Creador del universo.Todas las creaturas, obra de sus manos, proclaman su grandeza.«Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento; el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír; mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo»[5]. Todas las creaturas alaban a Dios[6], pues cumplen indefectiblemente su Plan y manifiestan su Sabiduría.Sin embargo, al ser humano, cumbre de su creación[7], Dios quiso hacer una persona, alguien a su imagen y semejanza.Dotado de inteligencia y voluntad, el hombre es un ser libre y por ello capaz de amar.Esto, por otro lado, supone de parte de Dios el compromiso de respetar sus elecciones.Es necesario que el hombre libremente acepte seguir el Plan que Dios en su sabiduría diseñó para su propio bien.El hijo obediente y fiel, que sigue el camino de plenitud y realización que el Señor le ha designado, es la gloria de nuestro Padre Creador.

VIDA EN ABUNDANCIA

Aquí es necesario mirar a lo esencial.Lo que en la obediencia engrandece a Dios son los frutos que el seguimiento de su Plan amoroso trae para beneficio de sus hijos, los frutos de una vida plena y auténtica.«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»[8], dijo el Señor Jesús.Dios se alegra de mi alegría.Él goza con nuestro bien.Él es el Padre que no busca nada para sí, porque no necesita nada.Sólo quiere la felicidad de sus hijos.Ésa es su verdadera gloria.San Ireneo de Lyon diría que «la gloria de Dios es el hombre viviente»[9]. Se refiere a la "vida en abundancia" de la que nos habla el Señor Jesús.

Hay algo más que lo glorifica.Es el amor que le manifestamos por medio de nuestra obediencia.El Señor se gloría de ser digno de nuestro amor.Nadie, ni siquiera Él mismo, nos puede forzar a amarlo.Y no se trata solamente de un amor sentimental.En la obediencia hay confianza, hay entrega generosa.Hay un deseo de complacerlo, un deseo de que se cumpla su voluntad.Tal como nos enseñó el Señor Jesús[10]. Nos gozamos de la alegría de nuestro Padre así como Él se regocija con la nuestra.Es por ello que San Ireneo, complementando su pensamiento anterior, dice también que «la gloria del hombre es Dios»[11]. ¡Y es verdad!¡Cómo nos engrandece la amistad con el Señor y la obediencia amorosa a su Plan!

«GLORIFICAD A DIOS CON VUESTRA VIDA»[12]

De todo lo dicho brota una conclusión: necesitamos glorificar a Dios con nuestras vidas.No hay destino más elevado al que podamos aspirar.Toda persona anhela realizarse en su vida al máximo de su capacidad y de sus posibilidades.Pues el que quiera de verdad alcanzar esa meta, debe seguir el camino del Señor Jesús.Más aún, debe configurarse personalmente con el Señor Jesús, pues Él es el Camino[13].

Sabemos que Jesús «se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz»[14]. Sin embargo, desde lo alto de la Cruz, en la cumbre de su padecimiento, donde una visión chata, horizontalista, nos muestra "claramente" que todo ha fracasado, Jesús nos habla con todo su ser y nos deja un ejemplo: «Todo está consumado»[15]. ¡Yo he cumplido todo!¡Todo!Nada más que queda por consumarse.Es como una vela perfecta, que arde sin que nadie la pueda apagar hasta que todo su ser se haya consumido en el fuego del amor, hasta la última gota de cera.

¡Qué plenitud de vida!Nadie Le puede impedir desplegarse plenamente en todo su ser: ni las mofas o las injurias, ni la traición o el abandono, ni el dolor,...¡ni la muerte!« Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas»[16]. Su muerte fue un sacrificio libre para que tú también puedas desplegarte plenamente y alcanzar tu propia realización, para que puedas tener la Vida verdadera, para que ya no seas esclavo ni del pecado ni de la muerte.

Cuando obedecemos amorosamente vinculamos nuestro corazón al del Señor.Deseamos lo que Él desea y trabajamos en favor de Su obra en el mundo, como hizo Santa María[17]. ¿Qué mayor gloria le podemos dar?Es toda nuestra vida a su servicio, entregada con amor.Nos unimos en todo a Dios omnipotente.Y ¿cómo no respaldaría nuestro Padre el esfuerzo de nuestras manos?Ahí ocurre un misterio.Es Él mismo el que actúa por medio de nosotros[18]. Él no suprime nuestra iniciativa y el valor de nuestro esfuerzo.Al contrario, potencia infinitamente nuestras capacidades humanas, fructificando en una eficacia sobreabundante que nos permite alcanzar el verdadero máximo de nuestras capacidades.Es la renuncia a uno mismo que termina, a veces inesperadamente, por engendrar muchísimos más frutos de los que habíamos soñado alcanzar por nuestras propias fuerzas[19]. El Señor Jesús nos había advertido: « La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto»[20]. El amor nos conduce por el camino correcto.Y ahí están los frutos.Tal vez fue por eso que el Papa Benedicto XVI nos dijo: «¡No tengáis miedo de Cristo!Él no quita nada, y lo da todo.Quien se da a Él, recibe el ciento por uno.Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida.Amén»[21].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Dios glorioso: Sal 8,2a.4-5 ; Eclo 43,27-30.
  • La gloria de la libertad: Mt 5,16 ; Flp 1,9-11.
  • Vida en abundancia: Jn 10,10b.
  • Glorificar a Dios con nuestra vida: Jn 15,8 ; Jn 17,4 ; 1Pe 4,11; 2Tes 1,11-12. 

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Quiénes somos para que Dios se fije en nosotros? ¿Qué experimento al saber del amor de Dios por mí?
  2. ¿Qué significa dar gloria a Dios con mi propia vida? ¿Estoy dando gloria a Dios con mi vida? ¿Qué puedo hacer para dar aún más gloria a Dios?
  3. ¿Qué relación tiene mi obediencia a Dios y el darle gloria?
  4. El Señor Jesús nos dijo: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto». ¿Qué sentido tienen estas palabras para mi vida? ¿Cómo puedo dar mucho fruto?
  5. ¿Cómo da Santa María gloria a Dios? ¿Qué me enseña con su ejemplo?

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[1] Ver Is 40,12.15-17.

[2] Ver Is 55,9.

[3] Sal 8,2a.4-5.

[4] Eclo 43,27-30.

[5] Sal 19,2-5.

[6] Ver Dan 3,57-81.

[7] Ver Gen 1,26-27.

[8] Jn 10,10b.

[9] San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses IV,20.

[10] Mt 26,39.42; Mc 14,36; Lc 22,42; Jn 12,27-28.

[11] San Ireneo de Lyon, ob. cit., III,20.

[12] Misal Romano, Rito de Conclusión, tercera fórmula de despedida.

[13] Ver Jn 14,6.

[14] Flp 2,8.

[15] Jn 19,30.

[16] 1Pe 2,21.

[17] Ver Lc 11,28.

[18] Ver Mt 10,19-20; Mc 13,11; Lc 21,14-15; Mt 10,40; Lc 10,16; Jn 13,20; Jn 15,5; Rom 8,26.

[19] Ver Mt 19,29; Mc 10,29-30; Lc 18,29-30; Mt 10,39; Mc 8,35-36; Lc 9,24-25; 17,33; Jn 12,24-26.

[20] Jn 15,8.

[21] SS. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de imposición del palio y entrega del anillo del pescador, 24/4/2005.