Anterior

Siguiente

¡NACIÓ EL RECONCILIADOR!
 

CRISTO LUZ DEL MUNDO

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”[1].

Nos introducimos en el tiempo de Adviento, que precede y prepara la Navidad. Son algunas pocas semanas en las que meditaremos y celebraremos uno de los acontecimientos más hermosos, impresionantes, y a la vez, sencillos y cercanos de nuestras vidas.

Año a año tenemos la oportunidad de profundizar en dichos misterios, y así, de entrar poco a poco a contemplar más de cerca lo ocurrido en Belén, y cómo Dios ha querido relacionarse directamente con nuestras vidas. Que este año sea un tiempo propicio para crecer en una mayor comprensión y amor al Misterio que celebramos: el Hijo de Dios se hace hombre para reconciliarnos.

¿ES NECESARIO UN RECONCILIADOR?

El Papa Benedicto XVI realiza una reflexión en forma de preguntas que nos ayudan mucho a tomar conciencia de la real importancia que tiene el Señor Jesús en nuestras vidas: “¿Tiene todavía valor y sentido un "Salvador" para el hombre del tercer milenio? ¿Es aún necesario un "Salvador" para el hombre que ha alcanzado la Luna y Marte, y se dispone a conquistar el universo; para el hombre que investiga sin límites los secretos de la naturaleza y logra descifrar hasta los fascinantes códigos del genoma humano? ¿Necesita un Salvador el hombre que ha inventado la comunicación interactiva, que navega en el océano virtual de internet y que, gracias a las más modernas y avanzadas tecnologías mediáticas, ha convertido la Tierra, esta gran casa común, en una pequeña aldea global? Este hombre del siglo veintiuno, artífice autosuficiente y seguro de la propia suerte, se presenta como productor entusiasta de éxitos indiscutibles”[2].

Sin duda, todos nosotros responderemos: el mundo y cada uno de nosotros SÍ necesita de un Salvador, un Reconciliador. Y no nos contentamos con cualquier salvador porque ya hemos conocido por medio de nuestra fe la grandiosidad de lo que significa la venida de Dios a la tierra, el hacerse verdadero hombre sin dejar ser verdadero Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos resume los motivos[3] por los que Dios se hizo Hombre. Lo hizo para «salvarnos reconciliándonos con Dios» , para que «nosotros conociésemos así el amor de Dios» que no se limita a crearnos, sino que viene para reconciliarnos con Él; también «para ser nuestro modelo de santidad», pues se hizo Hombre, igual en todo a nosotros, menos en el pecado, para que siguiéndolo vivamos en plenitud Su Vida y para «hacernos “partícipes de la naturaleza divina”», pues al hacerse Hombre, nos abre las puertas de acceso a la Comunión Divina, podemos ser hijos en el Hijo, y podemos vivir la comunión con Dios.

CAMINAR HACIA EL PORTAL

Ya se acercan los días de la Navidad, en los que celebraremos la alegría de la llegada del Reconciliador al mundo. El Evangelio de Juan expresa la llegada del Mesías utilizando el símbolo elocuente de la luz y la oscuridad: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios…En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron”[4]. Nuestra tierra, que se hallaba en tinieblas y en oscuridad, recibe la noticia de los ángeles que anuncian la venida de Jesús, y así como san Lucas lo expresa: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor”[5].

El Don de la Reconciliación que nos ha traído el Emmanuel implica también que ha de ser acogido por nosotros. La estrella que ilumina la noche de Belén venciendo las tinieblas, expresa el triunfo del amor de Dios por los hombres sobre el pecado y el mal. Esa estrella debe ir iluminando nuestras vidas, poco a poco, preparando nuestro corazón para la llegada de Cristo, quien ilumina plenamente nuestra identidad, se hace Hombre para mostrarnos nuestra dignidad y la plenitud de la vocación a la que somos invitados. Dios, hecho Niño, nos muestra quiénes somos y cuál es el sentido de nuestro peregrinar como viadores. Es así que san Agustín nos dice: «Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre»[6], y el Santo Padre, parafraseándolo nos clama: “¡Despierta, hombre del tercer milenio! En Navidad, el Omnipotente se hace niño y pide ayuda y protección; su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres; su llamar a nuestras puertas nos interpela, interpela nuestra libertad y nos pide que revisemos nuestra relación con la vida y nuestro modo de concebirla”[7].

Podemos entender este tiempo de Navidad como un caminar hacia el portal de Belén. El caminar se hace en algunos momentos en la oscuridad y en un paisaje en ocasiones agreste –así también en nuestras vidas ocurre que estamos distanciados del Señor, enraizados en nuestros pecados-, y poco a poco, en la medida en que vayamos acercándonos a Belén, el ambiente se va disponiendo para el gran Acontecimiento. Hay júbilo en los pastores, vemos admiración y adoración en los Magos, María y José, sencillos y reverentes, están maravillados ante el Nacimiento del Reconciliador. De la misma forma, la presencia del Señor va llenándonos de alegría, de libertad, de verdadero gozo al poder llegar a la estrella que nos guía hacia Belén.

Caminemos al portal de nuestro Belén, para que nazca el Señor en nuestras vidas. No lo digamos o leamos como una frase hecha, sino como un hermoso llamado y compromiso a que haya cada vez más luz en nuestras vidas, y así menos tinieblas.

La reconciliación que nos trae el Señor implica decirle sí, cooperar con su gracia y poner los medios que sean necesarios para convertirnos cada día más. Si bien es la gracia de Dios la que nos convierte y transforma, Dios mismo pide nuestro asentimiento, pues está en nuestras manos el abrirle o no las puertas de nuestro corazón y permitir que el Reconciliador entre y transforme todas las esferas de nuestra vida. Sólo en el Señor Jesús, podemos comprender nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con los hermanos y con lo creado, avanzando así por el sendero plenificador de la cuádruple reconciliación.

POR MARÍA NOS VIENE EL SALVADOR

“Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.”[8]

La Madre nos presenta al Niño Dios, para que lo acojamos en nuestras vidas, nos adhiramos a Él y lo adoremos. Ya pasó el tiempo de la oscuridad y de las tinieblas, ya pasó el tiempo de la discordia y la lejanía. En Belén ha nacido el Salvador, ha nacido la Esperanza para la humanidad y es Santa María quien nos lo entrega, «Ella es la Madre que lo da a Luz, Ella es la Madre que se lo presenta a los pastores de Israel y a los sabios de la gentilidad. Su función maternal madura, se extiende. María de la Presentación sigue actuante, activa, hoy como siempre, presentando al Señor Jesús a las personas y a los pueblos. Ella es la Madre que porta al Reconciliador; Ella lo presenta a todos los corazones que se abren en reverente acogida».[9]

Acojámonos a su función maternal. Permitamos que la luz del Niño Dios brille en nuestro interior. Dispongamos nuestros corazones para que sean pesebres que en su sencillez y calor puedan acoger al Reconciliador y así llevar este mismo fuego a tantos corazones que lo buscan.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”[10]
  • “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor”[11]
  • “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios…En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron”[12]
  • “Dijo María: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra.” Y el ángel dejándola se fue”[13]
  • “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra”[14]

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Cómo me estoy preparando para vivir el misterio de la Navidad?
  2. ¿Soy consciente de la necesidad que tengo de la Luz que me trae el Reconciliador?
  3. ¿Qué implica en mi vida que Dios se haya hecho Hombre?
  4. ¿Que medios concretos voy a poner para acoger el don de la reconciliación?
  5. ¿Como es mi relación con Santa María? ¿Me acojo a su función maternal para que en mi corazón nazca el Niño Dios?

Descargar Trabajo de Interiorización
 

Versión para imprimir
 

Anterior

Siguiente



[1] Jn 3, 16-17.

[2]Benedicto XVI, Bendición Urbi et Orbe, 25 de diciembre de 2006.

[3] CEC 457-460

[4] Jn 1, 1-5.

[5] Lc 2, 10-11.

[6] San Agustín, Sermón 185.

[7] S.S. Benedicto XVI, Bendición Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 2005.

[8] Mt 2, 10-11.

[9] FIGARI, Luis Fernando. En Compañía de María, p. 65.

[10] Jn 3,16-17.

[11] Lc 2,10-11.

[12] Jn 1,1-5.

[13] Lc 1,38.

[14] Mt 2,10-11.