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La preposición “co” que antecede a la palabra responsable, indica participación en una responsabilidad común a todos[1]. Podemos decir también que la corresponsabilidad es el compromiso que se tiene de compartir la obligación del otro.
Como miembros de la Iglesia, somos responsables no sólo de nuestra propia salvación, sino también de la de nuestros hermanos en Cristo. No podemos olvidar que la mayor obra de caridad que podemos realizar es el anuncio del Evangelio, y que debemos velar para que nuestro prójimo lo conozca y alcance para sí el tesoro preciado que significa la salvación (ver: 1 Tm. 2, 3-4).
No podemos permanecer indiferentes frente a la gran necesidad que existe en el mundo de conocer la Verdad. Menos aún podemos delegar esa responsabilidad, pensando que es un asunto que deben resolverlos otros (por ejemplo la Jerarquía de la Iglesia, los consagrados, las religiosas, etc.), porque deberían ser los más capacitados o más comprometidos en las labores pastorales. El apostolado de cada uno de nosotros es imprescindible en la Iglesia, surge de nuestra misión[2] y es de tal relevancia, que si uno de nosotros no contribuye de acuerdo a sus capacidades en él, hay que decir que es inútil para la Iglesia y para sí mismo[3].
SER BUENOS ADMINISTRADORES DE LOS DONES RECIBIDOS.
Cada uno de nosotros ha recibido dones del Señor y no hay mayor gozo y satisfacción humana que ponerlos al servicio de los demás (1Pe 4, 10). A eso se añade la conciencia de que somos parte del Pueblo de Dios y de que Él ha querido salvarlo en su conjunto, contando con la participación comunitaria de cada uno de nosotros. Además, es necesario ser concientes de que los dones recibidos no son propios, sino que han sido dados para la mutua edificación y santificación de la Iglesia. Esto último es una sana reflexión para evitar la vanagloria o el egoísmo de querer que nuestros dones sean sólo para nosotros mismos o para beneficio de unos cuantos “elegidos” arbitrariamente.
Junto con nuestros talentos, tenemos responsabilidades que nos son propias y que corresponden a nuestra singularidad, vocación y misión. A su vez la Iglesia en su conjunto tiene una misión común, que es instaurarlo todo en Cristo, haciendo discípulos a todas las gentes ( Mt 28, 19). Es por ello que no soy sólo responsable de mis actos, sino que como parte del Cuerpo Místico de Cristo, soy corresponsable con otros, para que la misión de la Iglesia se lleve a cabo, lo cual supone la preocupación por mi despliegue personal en un entorno comunitario concreto.
LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La corresponsabilidad del laico en la misión de la Iglesia se abre a la creatividad de concreciones que suscita el Espíritu Santo. Por tanto, debemos hacer caso a aquellas intuiciones que proceden del Espíritu Divino y que nos conducen a determinados trabajos, obras y proyectos que son necesarios para el despliegue personal y comunitario. Ser corresponsable supone también ayudar a otros a que encuentren su misión dentro de la gran familia que es la Iglesia. Permanecer sin hacer nada, resulta una irresponsabilidad que perjudica no sólo al irresponsable, sino a la comunidad y a la Iglesia toda.
CORRESPONSABILIDAD Y COMUNIDAD
Como parte de una porción de la Iglesia, percibimos con intensidad el llamado a la corresponsabilidad, de cara a los desafíos inmensos que se nos presentan en nuestra vida y acción, concientes que somos de barro ( Sal 104, 29; 103, 14), pero que estamos llamados a gozar de la Eternidad prometida por el Señor Jesús.
¿Cómo podemos manifestar nuestra corresponsabilidad en nuestra comunidad concreta? Por ejemplo, mediante la corrección fraterna[4], siendo concientes de lo que sucede en nuestro entorno, en la vida de la Iglesia; dando consejo al que lo requiere; estando atentos a las ocasiones en las que podemos poner al servicio nuestros talentos; trabajando arduamente en aquello que se nos encomienda, como si todo dependiese de nosotros, rezando como si todo dependiese de Dios.
EL SEÑOR JESÚS ES EL MODELO DE CORRESPONSABILIDAD
El Señor Jesús es el modelo de corresponsabilidad por excelencia, pues hizo suya la mayor responsabilidad del hombre, que es la de ser santo. Él, siendo Dios, se abajó, encarnándose en María Santísima, haciendo suyo el Plan de Dios para la humanidad, hasta su muerte en la Cruz y su gloriosa Resurrección. Haciendo uso pleno de su libertad, se hace corresponsable con cada ser humano de su salvación, viviendo y padeciendo absolutamente todo lo que corresponde a la naturaleza humana, salvo el pecado ( Heb. 4, 15).
SANTA MARÍA ES CORRESPONSABLE Y NOS AYUDA EN ESTA TAREA
Ante el anuncio del Angel Gabriel, Santa María responde con un fiat generoso y libre, poniéndose al servicio del Creador, permitiendo la Encarnación y, con ello, haciendo lo que le correspondía en la obra de la Salvación. El Sí de María, no sólo la hace partícipe en el Plan de Salvación del Padre, sino que junto con ella, toda la humanidad puede participar de dicho Plan.
Su amor por el cumplimiento de la voluntad Divina, le permitió educar al niño Jesús en la conciencia de su misión ( Lc 2, 39- 40), uniéndose así a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Por ello, nuestros esfuerzos por ser responsables de nuestra misión apostólica y de la de otros, pueden ser ofrecidos a Santa Maria, con la convicción que Ella los comprende y acoge y los hará llegar a puerto seguro[5].
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
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La corresponsabilidad: 2Cor 11, 23-30; Mt 5, 43; Lc 10, 30-37.
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Somos responsables de la suerte de nuestros hermanos: Gén 4, 9; Lc 10, 29-37; Mt 25, 31-46.
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Somos un cuerpo: 1Cor 12,21-22, la necesidad que tenemos los unos de los otros llama a la corresponsabilidad: Gal 6,2.
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Ser corresponsables con la gracia recibida implica trabajar arduamente para hacerla fructificar: 1Cor 15,10.
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El Señor Jesús es modelo de corresponsabilidad: Heb 10,5-7; Jn 4,34; 9,4; 17,4; 19,30; María es también ejemplar por su corresponsabilidad: Lc 1,38.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
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¿Eres consciente de tu corresponsabilidad en la misión de la Iglesia?
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¿Qué piensas de esta frase: “Y por cierto es tanta la conexión y trabazón de los miembros de este cuerpo, que si un miembro no contribuye según su propia capacidad al aumento del cuerpo, hay que decir que es inútil para la Iglesia y para sí mismo”.
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¿Estás cumpliendo con poner al servicio de otras personas los dones que has recibido? ¿En qué ámbitos y en qué forma?
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El Señor sabe de qué estamos plasmados, se acuerda de que somos polvo (Sal. 102) y aún así, confía en nuestra acción evangelizadora. ¿Que medios vas a poner para dar más fruto?
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¿Cómo crees que puede ayudarte Santa María en crecer en corresponsabilidad y conciencia de tu misión en la Iglesia?
[1] Camino Hacia Dios Nº 102
[2] Apostolicam Actuositatem Nº1 : “El apostolado de los seglares que surge de su misma vocacion cristiana , nunca puede faltar en la iglesia”
[3] Apostolicam Actuositatem Nº 2: “Y por cierto es tanta la conexión y trabazón de los miembros de este cuerpo, que si un miembro no contribuye según su propia capacidad al aumento del cuerpo, hay que decir que es inútil para la Iglesia y para sí mismo”
[4] Ver Camino Hacia Dios Nº 47.
[5] Puede rezarse la oración “Contribuyendo al Cambio” de Luis Fernando Figari. En “Con María en Oración”
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