• EL EXAMEN O “VIGILANCIA”

    Se trata, entonces, de un medio que nos ayuda a estar atentos a nosotros mismos para conocernos cada vez mejor, y saber descubrir las dificultades —sean interiores o exteriores— que se nos presentan para poder enfrentarlas...
  • El discernimiento espiritual

    En el lenguaje coloquial podemos decir que una persona “sin discernimiento” es aquella que toma las cosas a la ligera, que no es capaz de hacer un juicio cabal sobre la realidad ni de actuar consecuentemente.  La falta de discernimiento puede llevar, en este sentido, a actuar sin sopesar bien lo que se hace...
  • LA CONFIANZA EN DIOS Y LA SANA DESCONFIANZA DE UNO MISMO

    Confiar en Dios y desconfiar sanamente de uno mismo son dos medios que nos ayudan a vivir la gnosis (conocimiento) a la cual nos invita el Apóstol San Pedro en su escalera espiritual.  Son dos hábitos necesarios para el buen combate espiritual en nuestro camino hacia la santidad. ...
  • REVERENCIA Y GNOSIS

    La palabra reverencia se escucha, con cierta frecuencia, asociada al respeto por alguien, o incluso a un gesto —una inclinación por ejemplo— que expresa reconocimiento o veneración. Para comprender un poco mejor el significado que tiene la reverencia podemos recordar en primer lugar las ocasiones en que la vivimos... 

  • LA PRESENCIA DE DIOS

    Con frecuencia en nuestra vida cotidiana nos vemos envueltos en un ritmo acelerado de vida, jalonados por muchas urgencias y exigencias que demandan nuestra atención. Tal vez hemos tenido más de una vez la experiencia de llegar al final del día y de pronto tomar consciencia de que, en la práctica, Dios ha estado ausente de nuestra jornada...

138. LA LIBERTAD EN CRISTO

Son multitud los que hoy en día exaltan la libertad. Sin embargo, con frecuencia la fomentan de una forma viciada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite o que satisfaga los propios intereses. Y es que encontramos, desde la perspectiva moral, diversas formas de entender la libertad que están equivocadas: "hacer lo que me gusta", "no hacer lo que no me gusta", "que no tenga límite alguno", "pensar, decir y hacer lo que me parece", "obrar como la situación me inspire", etc. Pero, ¿es realmente esto la libertad? Nuestra misma experiencia personal nos demuestra que unas opciones nos conducen a la vida y otras a la muerte. Por lo tanto, la libertad debe tener algunas referencias para ser auténtica. ¿Cuáles son?

LLAMADOS A LA LIBERTAD

Nuestra vocación es la libertad[1]. Dios nos ha creado libremente y nos ha invitado a participar de su comunión amorosa. Esta invitación, por ser tal, puede ser rechazada por el ser humano, aunque no sin graves consecuencias: «El Señor creó al hombre al principio y lo entregó en poder de su albedrío. Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras. Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja»[2].

San Agustín nos hace tomar conciencia de ello al decirnos: «Eres, al mismo tiempo, siervo y libre; siervo, porque fuiste hecho; libre, porque eres amado de Aquel que te hizo, y también porque amas a tu Hacedor». Pero cabe la posibilidad de perder el norte de la existencia y por ello nos advierte: «¡No busques una liberación que te lleve lejos de la casa de tu Libertador!»[3].

LA ESCLAVITUD DEL PECADO

¿Quién de nosotros no ha "salido de su casa" y experimentado la esclavitud del pecado, la postración en que nos deja, el vacío desconsolador que nos atrapa cual red que entorpece el movimiento?  ¿Quién no ha quedado fascinado por "cadenas de oro" que nos atan y que impiden volar hacia esa libertad que ansiamos y proclamamos a grandes voces se realice en nuestra vida? ¡Y es que precisamente la esclavitud del pecado es el gran obstáculo a nuestra libertad! Por ello el mismo Señor Jesús sentenció: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo»[4].

Escrutando en nuestro interior nos descubrimos llamados a realizar obras grandes cooperando con la gracia, pero, ¿cuántas veces nos conformamos mediocremente con un "vuelo alicorto" en la vida espiritual e intelectual o en el trabajo apostólico? Los vicios arraigados por pasiones desordenadas son cadenas interiores que nos esclavizan y nos llevan a una actitud medio queredora. Por esto mismo nos enseña nuestro Fundador: «Cuando flaqueamos en la búsqueda de la verdad y en el ejercicio de la voluntad encaminada según ella, es decir cuando actuamos de espaldas a nuestra mismidad, vamos debilitando la libertad propia... Recordemos que la auténtica libertad... es la que iluminada por la verdad opta sin dejarse limitar por el hecho de que tal camino no se ajusta al facilismo, a la sensualidad, al sentimentalismo, a lo que más gusta, etc., etc. Por todo ello hay que ser muy consciente de que el dejarse llevar por el imperio de fuerzas que dominan a la persona y la conducen más allá del libre ejercicio de la libertad, la va hundiendo al nivel de cosa, la despersonaliza, al menos psíquicamente»[5].

EL MISMO SEÑOR JESÚS ES LA LIBERTAD

«Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud»[6]. A pesar de tantos y tan graves obstáculos, aún ansiamos con todo nuestro ser encontrar la auténtica libertad. ¿Dónde encontrarla? Sólo Dios puede darnos una respuesta plena a esta pregunta. «El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad»[7]. Sólo Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida puede darnos lo que anhelamos: «Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres»[8]. El Señor Jesús está en el inicio, en el trascurso y en el fin de la libertad: por Él hemos sido liberados, con Él nos hacemos libres, en Él viviremos la auténtica liberación.

El Divino Maestro manifiesta no sólo con sus palabras, sino también con su misma vida, que la libertad sólo se realiza en el amor, es decir, en el don de uno mismo. «La contemplación de Jesús crucificado es la vía maestra por la que la Iglesia debe caminar cada día si quiere comprender el pleno significado de la libertad: el don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos»[9]. Por todo ello podemos concluir que el Señor Jesús, esplendor de la verdad, «es la síntesis viviente y personal de la perfecta libertad en la obediencia total» al Plan del Padre, «su carne crucificada es la plena revelación del vínculo indisoluble entre libertad y verdad» y «su resurrección de la muerte es la exaltación suprema de la fecundidad y de la fuerza salvífica de una libertad vivida en la verdad»[10].

LA VERDAD NOS HACE LIBRES

«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»[11]. Nos explica el Papa Juan Pablo II que «estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia además de que se evite cualquier libertad aparente... También hoy... Cristo se nos presenta como Aquel que trae al hombre la libertad basada en la verdad, como Aquel que liberta al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia»[12].

Si una persona se cierra a la verdad el momento de libre elección será falso, sólo será tal en cuanto mero mecanismo, pero no lo será en su sentido definitivo. «La libertad en acto será tanto más libre cuanto más responda a un ejercicio habitual consciente, en la dirección de los dinamismos fundamentales del ser humano; es decir cuando la libre elección, al actuar a través del entendimiento y la voluntad, responda realmente al auténtico crecimiento de la persona humana»[13].

Ser verdaderamente libre no significa simplemente hacer aquello que me gusta o dejar de hacer aquello que me disgusta. Y es que la libertad contiene en sí una disciplina de la verdad: ser libre significa usar el don del propio albedrío para lo que es un bien verdadero, ser una persona de conciencia recta, responsable y ante todo caritativa, porque no hay verdadera libertad donde no existe el amor. Cristo nos enseña que el mejor uso de la libertad es la caridad, que se realiza en la donación y se hace concreta en el servicio. Solamente la libertad que se entrega conduce a la persona humana a su verdadero bien. Y el bien de la persona consiste en configurarse a la Verdad, que es el Señor Jesús.

LA AMISTAD CON CRISTO NOS LIBERA

El Señor Jesús se nos ha revelado como amigo, nos ha mostrado su rostro, su corazón, su amor por cada uno de nosotros.  El es el Amigo fiel y a la vez el educador de toda amistad auténtica. Él consideró amigos suyos a sus discípulos, eligiéndolos personalmente: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros»[14]. Jesús dio su vida por amor a sus amigos en cumplimiento de su palabra: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos»[15].

Nos ha hecho sus amigos, y nosotros ¿cómo respondemos? La clave para responder a esta pregunta nos la ofrece Él mismo: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis aquello que os mando»[16]. En Jesús podemos transformar nuestra voluntad humana en voluntad obediente al Plan de Dios. Él nos muestra el camino de la respuesta auténtica: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú»[17]. El Plan de Dios no ha de entenderse como un peso exterior que nos oprime y nos priva de la libertad. Todo lo contrario: el Plan de Dios supone y perfecciona nuestra libertad, la garantiza y la promueve. El designio divino, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos permite vivir cada vez más según ella, en la dinámica del amor que eleva a la entrega.

Sin embargo, morir al pecado en nosotros mismos duele e incluso puede generar miedo. Por ello nos exhortó paternalmente S.S. Benedicto XVI: «¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo -si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a Él-, miedo de que Él pueda quitarnos algo de nuestra vida?... ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, -absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida... Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida»[18].

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

  • El capítulo 5 de la Epístola a los Gálatas es un "Himno a la libertad en Cristo".
  • Cristo ha venido a darnos la verdadera libertad: Lc 4,18-19; Jn 8,36.
  • Sólo la verdad nos hace libres: Jn 8,31-32
  • El pecado nos conduce a la esclavitud: Jn 8,33-35.
  • Conocer la verdad implica obrar conforme a ella: Rom 1,19-32.
  • Los hijos de Dios somos libres y no esclavos del pecado: Rom 6,12-23.
  • El recto ejercicio de la libertad nos conduce a la santidad y a la vida eterna: Rom 6,22.
  • La ley del espíritu libera del pecado y de la muerte: Rom 8,1-2.
  • La libertad consiste en servir a los demás y ganarlos para Cristo: 1Cor 9,19-23.
  • San Pablo pide a los Efesios que rueguen para que él pueda, aunque preso, predicar libremente: Ef 6,19-20.
  • Es a Cristo a quien servimos libremente: Col 3, 23-25.
  • Un verdadero apóstol busca la libertad de los demás con actitudes concretas: 2Tim 2,24-26.
  • Donde está el Espíritu del Señor se encuentra la auténtica libertad: 2Cor 3,17.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Cuáles son las perspectivas equivocadas que las personas suelen tener sobre la libertad?
  2. ¿Qué es la auténtica libertad? ¿Yo la vivo?
  3. ¿De qué manera mi propio pecado personal es un obstáculo para el ejercicio de una auténtica libertad? ¿Qué puedo hacer para vencer estos obstáculos?
  4. ¿Por qué el mismo Señor Jesús es la Libertad? ¿Cómo Él me puede ayudar a ser cada día más libre?
  5. ¿Cómo puede Santa María ayudarme a responder generosa y libremente al Plan de Dios en mi vida cotidiana?
  6. ¿Qué cosas concretas voy hacer para crecer en la libertad auténtica?
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