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LOS FIELES LAICOS Y LA VIDA CRISTIANA
 

El Señor Jesús se manifiesta como la Vida. Y Santa María es el paradigma del cristiano laico. Luis Fernando profundizó en ello, y en otras realidades, en una conferencia pronunciada en el St. Mary´s College, Universidad de Surrey, Inglaterra, de la que extraemos algunos pasajes.

Vida cristiana

«Al hablar de vida uno usualmente lo hace en referencia a la vida natural de la persona humana. Sin embargo, el concepto bíblico de vida, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, no se reduce a la existencia, o al estar en el mundo. No es un concepto limitado al horizonte natural, sino que va más allá de él.

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo se nos revela que la vida trasciende aquel primer concepto, que llamaremos "primario", y se refiere a la vida en términos de plenitud de salud, como un concepto integral que abraza todo lo que hay de bueno en el ser humano. Al hablar de vida nos referimos a la suma de todos los bienes que el ser humano puede tener»[1].

«Al tiempo que percibimos esto, avanzamos hacia lo que la Revelación de Jesús presenta a nuestras mentes y corazones. Es en esta Revelación donde comprendemos lo que es la vida en su sentido pleno. De hecho, la vida en sentido cristiano no es una vida latente, un tipo de existencia vegetativa, sino más bien una vida intensa en términos cualitativos, una auténtica experiencia de plenitud.

El Señor Jesús, Dios hecho hombre en la Mujer para la salvación y reconciliación de la humanidad, se manifiesta como el paradigma y contenido de la Vida, quiero decir de la auténtica vida: la vida cristiana. Cristo se manifiesta como la Vida, abierto a compartirse generosamente a todos los seres humanos que están hambrientos y sedientos de una vida verdaderamente plena, e introducirlos en su dinamismo vital.

Esta manera de entender la vida cristiana resume la prodigalidad de la bondad de Dios, que recibimos a través de Jesús y en Jesús»[2].

María, portadora y educadora de la vida cristiana

«El Señor nos invitó a reconocer a María como Madre nuestra, siendo una de las responsabilidades de una madre el educar a sus hijos. María, como toda madre humana responsable, y aún más, se mantiene cercana a sus hijos, y respetando su libertad y dignidad, cuida de ellos con fina discreción. Los ayuda y acompaña en su crecimiento y maduración en la fe. De este modo, junto con su intercesión y las gracias que obtiene, la Madre de toda bondad interviene en la educación de sus hijos en la fe, para ser Iglesia. "Mientras peregrinamos, María será la Madre educadora de la fe[3]. Cuida de que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad. Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio"[4].

Miremos a María, paradigma del cristiano laico. Mientras lo hacemos, dejémonos ser educados por Ella.

La Virgen de Nazaret es una joven mujer orante. Ella es una buscadora del Plan de Dios. Hace las preguntas fundamentales acerca de la existencia humana y encuentra que sólo Dios es la respuesta. En su silencio interior Ella escucha las promesas de Dios a su pueblo, y mantiene un vivo eco de ellas. Llena de admiración, experimenta el anuncio que el ángel le hace del Plan de Dios. En libertad total y con fe intensa, responde: "Guénoito", "Fiat", "Hágase"[5]. Al hacerlo recibe así la Vida en su seno virginal. Al mismo tiempo la Vida viene a Ella, y fluye en Ella dando la plenitud de vida. Ella siente la urgencia de responder siempre con coherencia a la bendición que ha recibido. Intentando describir la grandeza de la relación madre hijo de María y Jesús, uno podría decir que, a la par que el Verbo Eterno de Dios se encarnaba en su seno, su Corazón se plenificaba con la presencia de su Hijo. En todo caso, debemos entender que la Virgen María vive la vida cristiana recibida de su Hijo. Es por eso que podemos decir que Ella fue la primera cristiana desde el momento que concibió a Jesús por el Espíritu Santo.

La Virgen orante nunca dejó de estar llena de admiración. En la Anunciación abrió humilde y plenamente su Corazón al misterio. A lo largo del resto de su vida Ella lleva todas las palabras y obras de su Hijo a su Inmaculado Corazón. Para Ella, la meditación es una actitud permanente. Está constantemente recibiendo la Vida de Cristo, profundizando en el significado que tiene para su propio camino hacia la perfección en la caridad en el amoroso seguimiento de Jesús, como el esperado reconciliador de la humanidad. La vida de María es un signo constante de coherencia. Ella asimila y ama la Vida: su Hijo. Libremente permite que la Vida que recibe se exprese en Ella sin obstáculos. Antes de que lo escribiera el Apóstol, Ella ya hacía realidad sus palabras: "Vivo yo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí"[6]. María es una dócil colaboradora del Plan de Dios. Su coherencia supera la prueba del tiempo y las dificultades en todo momento hasta el Gólgota. Su "Fiat" en la Anunciación encuentra su plenitud en el "Fiat" silencioso que repite al pie de la Cruz, y luego en el Cenáculo de Jerusalén»[7].

«La vida cristiana, vivida en la propia existencia, pide ser comunicada. Ésa es la dimensión apostólica a la que todos los cristianos estamos llamados.

A la vez que María evangeliza a los miembros de la casa de Zacarías, con gran caridad Ella atiende a las necesidades de sus parientes. Podemos ver que en la unidad de vida de María no hay ni divorcio ni oposición de ningún tipo entre anunciar y testimoniar la Palabra, y servir a la humanidad promoviendo su bien. María es una síntesis vital de cómo la evangelización, el servicio a los seres humanos y la transformación de las realidades de la humanidad deben ser vividos. Una vez más vemos lo que significa la coherencia en la paradigmática vida cristiana de María»[8].

«Ella está atenta a que los dinamismos fundamentales de sus hijos sean liberados de los obstáculos que los esclavizan, y sean guiados por el camino de la reconciliación hacia el descubrimiento de su verdadera identidad y de la plena conformación con el Señor de la Vida.

Al mirar a María, al responder a las palabras que Cristo pronunció desde lo alto de la Cruz -"He ahí a tu madre"[9]-, debemos abrirnos al horizonte que María nos señala como paradigma de vida cristiana en su realidad de laica»[10].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Jesús es Vida y ha venido para dárnosla en abundancia: Jn 10, 10
  • La verdadera vida: Flp 1,21 Flp 3, 7-8
  • María, portadora y educadora de la vida cristiana: Lc 1,38; Lc 1, 42-45; Jn 19 25-27
  • Respuesta a quien es la Vida misma: Lc 1,38; Gal 2,20
  • Coherencia entre fe y vida: Lc 11,27-28
  • Anuncio del Señor Jesús: Camino, Verdad y Vida: Jn 14,6

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué es la "verdadera vida"? ¿Por qué la necesito?
  2. ¿Soy dócil a los cuidados maternales de Santa María? ¿Me dejo conducir por Ella hacia el encuentro plenificador con el Señor Jesús?
  3. ¿Acojo constantemente la gracia derramada por el Espíritu Santo para acoger al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida?
  4. ¿Cómo San Pablo puedo decir que para mí "la vida es Cristo"?
  5. ¿Qué medios concretos voy a poner para vivir con mayor coherencia mi fe en la vida cotidiana?

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[1] Luis Fernando Figari. Formación y misión, p. 65-66.

[2] Formación y misión, p. 66-67

[3] Lumen gentium, 63.

[4] Puebla, 290.

[5] Lc 1,38.

[6] Gál 2,20.

[7] Formación y misión, p. 67-70.

[8] Formación y misión, p. 71.

[9] Jn 19,27.

[10] Formación y misión, p. 72.