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  • LOS CRITERIOS EVANGÉLICOS

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  • RECURSO AL CONSEJO

    ... el recurso al consejo, que en el marco de la gnosis a la que nos invita San Pedro en su escalera espiritual, nos permite conocer y vivir el Plan de Dios en nuestras vidas.

  • EL EXAMEN O “VIGILANCIA”

    Se trata, entonces, de un medio que nos ayuda a estar atentos a nosotros mismos para conocernos cada vez mejor, y saber descubrir las dificultades —sean interiores o exteriores— que se nos presentan para poder enfrentarlas...

159. ¡BENDITA TÚ ENTRE LAS MUJERES!

En muchos países del mundo la Iglesia dedica el mes de mayo a la Virgen María. En algunas ocasiones esta celebración coincide con la vivencia del tiempo Pascual y de Pentecostés, es decir, el tiempo del encuentro con Cristo Resucitado y la espera del don del Espíritu Santo, celebraciones que nos recuerdan también los dulces vínculos que unen a María con el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Si hacemos un recorrido por los momentos esenciales de la vida de su Hijo, María está totalmente referida a Él y en presencia del Espíritu de Dios. El ?¡Alégrate, llena de gracia!? que le dirigió el ángel del Señor en el momento de la Anunciación-Encarnación[1] le anuncia que será la Madre del Mesías y acepta con un sí obediente y generoso el Plan de Dios. Al pie de la Cruz[2] se manifiesta universalmente la maternidad de María y, posteriormente, cuando Jesús es colocado en el sepulcro, María mantiene viva la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso de la resurrección, tal como la comunidad cristiana le reza en el tiempo pascual ?¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!?. En el Cenáculo de Pentecostés[3], el Espíritu Santo colma a María y a la comunidad reunida de la plenitud de sus dones.

María ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo precisamente porque ha creí-do, María es ?bendita entre todas las mujeres? porque ha creído en el cumplimiento de la Palabra de Dios.

LAS GRANDEZAS DE MARÍA

María concibe por obra del Espíritu Santo al Hijo de Dios. La presencia del Mesías en su seno la mueve al anuncio y al servicio, y con prontitud se dirige a la casa de su prima Isabel para contarle la Buena Nueva. Isabel, también en estado de buena esperanza, siente saltar de gozo al niño en su vientre y saluda a la Madre del Reconciliador diciéndole: ?Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre?[4].

Isabel da testimonio de María cuando pregunta ?¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí??[5]. De esta manera, reconoce y proclama que ante ella está la Madre del Señor. E Isabel sigue proclamando las grandezas de María, cuando -a continuación- dice ?¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!?[6], pues son palabras que reflejan la fidelidad con la que la Virgen de Nazaret respondió al don de Dios. Su acogida a los planes divinos ha sido incondicional y modélica, su grandeza y alegría tienen origen en el hecho de que Ella es la que cree. Por eso, dice el Papa Pablo VI, María ?fue la primera y más perfecta discípula de Cristo?[7].

En el mismo pasaje bíblico María, Madre del Señor, celebra las maravillas que Dios hizo en Ella con el cántico del Magníficat. En la Virgen de Nazaret brota el júbilo íntimo por los designios de Dios, que siente predilección por los humildes y los colma de bienes. Así también nuestros corazones y el de todo creyente debe colmarse de alegría profunda y hacer suyo este canto de alabanza por el gran misterio del amor de Dios que, en Cristo, ?ha visitado y redimido a su pueblo?[8].

La visita de Santa María a su prima Isabel es un preludio de la misión de Jesús, y colaborando desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora de su Hijo, se transforma en el modelo de quienes se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a toda la humanidad, siendo maestra de apostolado, de oración y acción.

Ciertamente la Anunciación-Encarnación representa el momento culminante de la fe de María a la espera de Cristo, pero es además el punto de partida de donde inicia todo su camino de fe, todo su camino hacia Dios. Y en este peregrinar de fe, María se entrega con confianza a los ?insondables e inescrutables caminos? de Dios[9], aceptando plenamente y con corazón abierto todo lo que está dispuesto en el designio divino.

Las exclamaciones de Isabel siguen resonando en los creyentes en la plegaria del Avemaría, en un delicado resumen de las grandezas de María, como un coro de alabanzas de la Iglesia por las maravillas que hizo Dios en la Madre del Señor.

MARÍA, LUZ PARA LA VIDA CRISTIANA

Santa María es ?bendita entre las mujeres? porque durante toda su vida manifestó total disponibilidad al proyecto divino, siendo para todos los creyentes un modelo sublime de fe, de escucha y docilidad a la Palabra de Dios. Es modelo de esperanza porque cree en las promesas de Dios y espera la salvación de Israel, así el Padre contó con Ella para llamarla al servicio total de esas promesas. Es modelo de caridad porque en toda su vida deja espacio a Dios, tanto en la oración como en el servicio al prójimo, enalteciendo con su conducta a Dios en lugar de sí misma y bus-cando ser en todo momento ?la sierva del Señor?[10].

María nos muestra cómo debe ser nuestra actitud frente a los misterios de Dios, siempre reverente ante las maravillas que obra el Señor, silente para atender las manifestaciones divinas, recogida para aceptar con docilidad aquello que permite Dios en su vida. Santa María ?habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada. María es, en fin, una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro modo??[11].

La Madre del Señor anuncia a su Hijo con todo su ser, nos enseña a ser discípulos de Cristo y nos alienta a difundir la Buena Nueva cada día. María intercede por nosotros, reza a Dios por nuestras necesidades y al hacerlo cumple con su misión de educarnos y prepararnos para el encuentro con el Señor Jesús. «Ella, quien lleva en su seno a la Palabra Viva, en sintonía plena con su realidad profunda, difunde la perspectiva evangélica. María está plenamente inmersa en la dinámica evangelizadora»[12].

Éste es, entonces, un tiempo propicio para meditar en la bendición de tener a Santa María entre nosotros, para acudir a nuestra Madre, ponernos en su presencia y con Ella penetrar y adherirnos con amor a los misterios del Señor Jesús.

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

  • María ha creído en el cumplimiento de las promesas divinas: Lc 1,38; Lc 2,19.51.
  • Santa María, bendita entre todas las mujeres: Lc 1,42-45.
  • María celebra las maravillas que Dios hizo en ella: Lc 1, 46-55.
  • María modelo de prontitud en el anuncio de la Buena Noticia: Lc 1,39-40, y del servi-cio concreto: Lc 1,56; Jn 2,3-5.
  • María modelo de vida cristiana: Mt 12, 46-50; Lc 1, 26-38; Lc 1, 39-45; Lc 2, 19.51; Lc11,27-28.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué significa para ti que María sea ?bendita entre las mujeres?? ¿Crees en el cum-plimiento de las promesas de Dios en tu vida?
  2. ¿Cuáles son las grandezas de María? ¿Cómo María es modelo para tu vida cristiana?
  3. ¿Qué resoluciones concretas pondrás para responder al Plan de Dios como Ella hizo?
  4. ¿Por qué María nos da ejemplo en el anuncio de la Buena Nueva?
  5. ¿De qué manera María te acompaña en tu vida cotidiana? ¿Qué puedes hacer para vi-vir en constante presencia de María en la vida diaria?
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