• La humildad y andar en verdad

    Hoy, sin embargo, la humildad es una de las virtudes más olvidadas y despreciadas.  En un mundo que valora mucho las apariencias, en una sociedad del marketing y del generar “impresiones”, la humildad es muchas veces vista como una debilidad y una posible limitación...  
  • RECHAZO DE LAS TENTACIONES Y HUÍDA DE LAS OCASIONES

    Puesto que no soporta vernos felices, el diablo busca pervertirnos y apartarnos del buen camino.  Para lograr su objetivo no puede ir en contra de nuestra libertad, es decir, no puede destruirnos si de alguna manera no asentimos a su seducción libremente.  ¿De qué manera, entonces, obtiene nuestro libre asentimiento?  Mediante la tentación: una sugestión y provocación a ir en contra de Dios y de sus enseñanzas...
  • LOS CRITERIOS EVANGÉLICOS

    Si arrojamos una tela al agua veremos cómo, poco a poco, se va humedeciendo hasta quedar totalmente mojada.  Algo análogo nos va sucediendo con las ideas y criterios que el entorno nos va transmitiendo: los vamos incorporando a nuestro modo de pensar y actuar, nos van empapando...   

  • RECURSO AL CONSEJO

    ... el recurso al consejo, que en el marco de la gnosis a la que nos invita San Pedro en su escalera espiritual, nos permite conocer y vivir el Plan de Dios en nuestras vidas.

  • EL EXAMEN O “VIGILANCIA”

    Se trata, entonces, de un medio que nos ayuda a estar atentos a nosotros mismos para conocernos cada vez mejor, y saber descubrir las dificultades —sean interiores o exteriores— que se nos presentan para poder enfrentarlas...

187. VIGILIA DE PENTECOSTÉS

Reproducimos acá las palabras dirigidas por Luis Fernando al Santo Padre Benedicto XVI en la conclusión del Encuentro de Movimientos Eclesiales durante la Vigilia de Pentecostés del año 2006, realizado en la Ciudad del Vaticano, donde el Movimiento tuvo una participación muy activa.

«Beatísimo Padre:

En esta fiesta de fe quiero compartir la intensa experiencia que me produce meditar sobre aquel bello pasaje de la Escritura que dice: «Estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»[1]. El Señor Jesús se presenta como quien pide ser recibido. Toca respetuosamente la puerta del corazón y pide ser admitido, para ingresar al ámbito personal. ¡Qué humildad la del Señor! ¡Su amor misericordioso no conoce límite! Llama insistente a la intimidad de cada uno, y pide ser escuchado. ¡Qué fiel perseverancia! Se descubre una finalidad escatológica, pero su dinámica empieza aquí en esta tierra con el llamado de Jesús. Oír y abrir al Señor es encontrarse con Él, es guardar su Palabra, es hacerse partícipe de su amor transformante. Quien responde según lo que dice la Virgen María en Caná, «Haced lo que Él os diga»[2], escucha y obedece a Cristo, y se abre también al Padre, quien pone su morada en él. La cena nos habla de la comunión a la que estamos invitados, pero también del camino en comunión y amistad con Jesús. Pienso que es una de aquellas magníficas síntesis que nos ofrece la Escritura para alentarnos a recorrer la senda hacia el encuentro plenificador.

El Verbo Eterno hecho hombre en la Inmaculada Virgen María para redimir a los seres humanos viene al encuentro de cada uno para introducirnos en el maravilloso regalo de la reconciliación con Dios, con uno mismo, con el prójimo, con la creación toda. Él nos llama con amorosa insistencia a vivir la vida cristiana en cada momento, nos enseña desde su luminosa presencia entre nosotros a ser personas según el Plan de Dios, Él hace manifiesta nuestra identidad más profunda, y responde a las preguntas existencialmente más acuciantes que se hace el ser humano.

Hoy existe un mundo que se cierra a la voz y a la luz de Cristo. La Iglesia, Ecclesia Sua, busca con amor iluminar y dar calor a los seres humanos. Como las llamas de fuego de Pentecostés, hoy también el fuego del Espíritu busca incesante iluminar las mentes, arder en los corazones, irradiar en la vida. Por ello el Señor Jesús toca a nuestra puerta e invita a una respuesta libre a los hombres y mujeres de hoy.

Cada tiempo tiene sus oscuridades; son los desafíos de esa época. Las crisis personales, la ruptura entre fe y vida, el secularismo asfixiante, el relativismo, el agnosticismo funcional, la pérdida de la identidad cristiana, la hegemonía de lo superficial y rutinario, la incomprensión de lo que significa la realización humana según Dios, nuevas y viejas ideologías y psicologismos que alejan al hombre de su senda, la masificación, las injusticias, el flagelo de la pobreza, la violencia, son todas voces que muchas veces sin saberlo están clamando por una respuesta veraz, de amor, que traiga paz y reconciliación a las personas y a los pueblos. ¡Ése es un clamor por el Señor Jesús! ¡Y es que sólo Él es la respuesta a las rupturas e inquietudes del ser humano!

El Espíritu que cubrió a la Virgen en la Anunciación-Encarnación, Aquel que con la manifestación de ardientes lenguas de fuego tocó las mentes y los corazones en Pentecostés, es el mismo que ha suscitado en este tiempo una ola de movimientos eclesiales y otras comunidades de fieles para vivir la vida cristiana, para anunciar al mundo que Cristo es real, que reconcilia al hombre, que le muestra su identidad y lo invita al amor y a la comunión, a participar de la naturaleza divina. Es Dios que viene en auxilio de los seres humanos y, como en tantas otras ocasiones en nuestra bimilenaria historia, suscita en el seno de la Iglesia movimientos que, mostrando la riquísima pluralidad eclesial, contribuyen desde la comunión con Pedro y bajo Pedro a la gran misión de la Iglesia: anunciar al Señor Jesús al mundo, invitando a la transformación del hombre y de las realidades terrenas según el divino Plan.

Beatísimo Padre, con inmensa gratitud por sus muy apreciadas enseñanzas y por su aliento tan entusiasta, los integrantes de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades hemos de sentirnos, a pesar de nuestra fragilidad, impulsados a un mayor compromiso en la Nueva Evangelización, avivando el ímpetu por la coherencia y el ardor testimonial en la Iglesia, buscando nuevos y audaces métodos y expresiones para anunciar a Cristo y sus enseñanzas, desde la experiencia de quien ha escuchado Su llamado, ha oído Su voz y se ha abierto a Él en un encuentro vital, dando testimonio, según nos sea concedido por el Espíritu, de la fe, la esperanza y la caridad hasta los confines de la tierra y en todas las realidades de la humanidad.

Con corazón profundamente agradecido, Beatísimo Padre, le decimos: ¡Ayúdenos a seguir el camino de Cristo! ¡Guíenos! ¡Confírmenos en la fe! Muchísimas gracias por todo»[3].

CITAS PARA MEDITAR

Guía para la Oración

    • El llamado del Señor: Ez 36,24-27; Jn 15,16; Ap 3,20
    • Nuestra respuesta: Jn 2,5; Lc 1,38
    • Nos ha sido dado el don de la Reconciliación: 2Cor, 5,18-21., Gal 3, 26-29
    • Llevar a los demás el don del Espíritu: Hch 2,1-4; Mt 5,16
    • Sólo Cristo es la Respuesta a la crisis del mundo: Fil 2,6-11; Fil 2,12-15; Fil 1,21.
    • Nuestra vocación al apostolado: Mt 10,1ss.; Mt 28, 19-20.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Descubres como el Señor llama constantemente a la puerta de tu corazón para encontrarse profundamente contigo?
  2. ¿Cómo has venido respondiendo al llamado del Señor? ¿Reconoces nuestra espiritualidad como camino concreto para responderle?
  3. ¿Eres amigo del Señor? ¿Caminas con Él en tu vida cotidiana?
  4. ¿Eres consciente de la necesidad que tiene el mundo de que los cristianos anunciemos con valentía al Señor Jesús?
  5. Frente a la situación del mundo ¿qué implica que el Espíritu Santo haya suscitado al Movimiento de Vida Cristiana?
  6. ¿Cómo vives tu compromiso apostólico en el Movimiento?

 

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