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LLAMADOS A UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN
 

Hace quinientos años, el mensaje reconciliador del Evangelio llegaba por primera vez a nuestras tierras. Un acontecimiento de esta magnitud e importancia, ciertamente no puede pasar desapercibido. Desgraciadamente la aparición de ciertas visiones inexactas de este suceso amenazan con opacar la verdad acerca de estos quinientos años. Una mirada a la historia, a la cultura y a la identidad de nuestros pueblos no pueden dejar de mostrar lo absurdo de estas visiones negativas y pesimistas que circulan impulsadas desde perspectivas ideologizadas que poco o nada tienen que ver con la realidad y, mucho menos, con la fe.

La celebración del Quinto Centenario de la evangelización del continente latinoamericano es una ocasión muy especial para la profundización en nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro como continente con vocación católica; nos obliga a una seria y comprometida reflexión acerca de nuestra identidad como cultura nacida bajo el calor del impulso evangelizador. Una mirada hacia nuestro pasado nos debe llenar de admiración y gratitud ante la fe heroica de aquellos primeros evangelizadores que dejándolo todo se lanzaron a la gran aventura de anunciar al Señor Jesús a aquellos que aún no lo conocían.

Una mirada al pasado que también nos debe mover a alcanzar una firme identidad propia, a alimentarnos de aquella corriente viva de misión y santidad que forjó la evangelización constituyente y, de esa manera, comprender mejor nuestra realidad presente y proyectarnos con mayor realismo hacia los desafíos del futuro.

En efecto, la conmemoración de los quinientos años de la obra evangelizadora solamente puede alcanzar su significación plena en la medida en que asumamos con coraje, decisión y compromiso, los retos del presente, embarcándonos en la tarea de emprender la Nueva Evangelización del continente. No se trata de reevangelizar, como si nada se hubiese hecho, sino de continuar aquella gesta evangelizadora iniciada cinco siglos atrás, acogiendo la invitación que el Santo Padre Juan Pablo II nos hace de emprender la tarea de la nueva evangelización, nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.

NUEVA EN SU ARDOR

El Nuevo Ardor al que hace referencia el Santo Padre no es otra cosa que la santidad de vida que debe inflamar nuestros corazones y que debe traducirse en un apostolado comprometido, alegre, lleno de entusiasmo y vitalidad. Nadie da lo que no tiene. Esta es una verdad que hemos constatado más de una vez. Quien no se esfuerza, cooperando con la gracia, por convertirse cada día más al Señor, por vivir en los distintos momentos de su vida concreta la reconciliación, difícilmente podrá anunciar la verdad del Evangelio. Lo único que logrará será la transmisión de sus propias rupturas y conflictos interiores.

NUEVA EN SUS MÉTODOS

Los tiempos cambian y los retos y desafíos para el anuncio del Evangelio son distintos. La Nueva Evangelización a la cual estamos convocados exige de nosotros una aproximación creativa y resuelta, siempre fiel a la esencia de nuestra fe. En vistas a ello, debemos estar abiertos a la asimilación de aquellos medios y métodos que contribuyan a las necesidades apostólicas, haciendo más asequible la presentación de la fe a los hombres y mujeres de hoy. No se trata, pues, de asumir lo nuevo por lo que tenga de novedad. Tampoco de permanecer aferrados en lo convencional, solamente por tratarse de lo acostumbrado. Buscamos asumir e incorporar al anuncio de la Buena Nueva todo aquello que contribuya a la misión apostólica, siempre a la luz del Plan de Dios y de los valores permanentes del Evangelio.

NUEVA EN SU EXPRESIÓN

La fe es vida . De ahí que en cada cultura y época de la historia, la vivencia del único Evangelio del Señor Jesús se concretice de manera propia, con sus acentos específicos y particulares, pero nunca en menoscabo de la globalidad del mensaje revelado. Y es que la vivencia del Evangelio no se agota en una experiencia cultural o en un espacio temporal determinado. La grandeza y universalidad de su mensaje están por encima de las distintas épocas o culturas.

La tarea de la nueva evangelización exige de nosotros un testimonio vivo de nuestra fe así como un anuncio apelante y cuestionador de la verdad perenne e inmutable del Evangelio pero que sea, al mismo tiempo, adecuada a las necesidades y vicisitudes del hombre hodierno.

En efecto, los signos de los tiempos nos mueven a la búsqueda de una renovada vivencia de la fe. En un mundo construido de espaldas a Dios, donde la fe está en permanente cuestionamiento, donde los valores han sido desterrados de la vida cotidiana de las personas, donde toda referencia a Dios o lo sobrenatural han sido mutiladas, cuando no suprimidas del todo, donde el ser humano ha llegado a tal grado de deshumanización que es incapaz de comprender el dinamismo amorizante de la fe porque no posee las categorías para hacerlo; se hace cada vez más urgente el anuncio de la Buena Nueva pero de una manera renovadora, vivificante, audaz, en sintonía con la mentalidad de los tiempos modernos, con sus desafíos y necesidades, capaz de responder a los interrogantes de hoy, capaz de llenar los vacíos que aquejan los corazones de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo.

ESTRELLA DE LA EVANGELIZACIÓN

María es para todo cristiano Madre y modelo. Sin embargo, su presencia maternal adquiere especial resonancia para nuestro Continente de la Esperanza. En efecto, María ocupa en la gesta evangelizadora un lugar destacadísimo. En su corazón maternal, los hijos de estas tierras hemos aprendido a conocer y amar al Señor Jesús. No en vano nuestros Pastores en Puebla la llaman Madre de los pueblos de América Latina.

Esta presencia mariana se ha perpetuado y enriquecido durante estos quinientos años. Como testimonio elocuente de ello están las múltiples manifestaciones de devoción y profundo amor filial de nuestro pueblo, en cantos y oraciones, procesiones y peregrinaciones a santuarios, las distintas advocaciones marianas, etc.

De ahí que la nueva evangelización a la que estamos convocados no puede prescindir de la presencia maternal de quien es la Estrella de la Nueva Evangelización.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Señor Jesús nos convoca a colaborar en la conversión de los hombres: Rom 10, 14; Mc 16, 15.
  • El nos hace portadores de la Reconciliación: 2Cor 5, 18.
  • Nos sumamos a su iniciativa: 2Cor 5, 18.
  • La respuesta al llamado debe ser pronta: Hch 9, 19-20.
  • Así lo exige el testimonio del Señor Jesús: 2Cor 5, 14.
  • Toda Evangelización debe brotar de la vivencia personal del Amor: 1Jn 1, 3.

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