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LA INVITACIÓN DEL SANTO PADRE, JUAN PABLO II
Hace poco más de un mes, al iniciar este nuevo año
litúrgico con el primer Domingo de Adviento, el Santo Padre lanzó este llamado
a toda la cristiandad: "El año 1999 completará el trienio de preparación
inmediata para ese histórico acontecimiento espiritual (los dos mil años de la
encarnación del Hijo de Dios): después del año de Jesucristo y del año del
Espíritu Santo, viene el año del Padre. Invito a todos a emprender una
peregrinación interior hacia la casa del Padre celestial, rico en misericordia;
un camino de conversión en la caridad, en la solidaridad con los más pobres y
en el diálogo con los hermanos" (Ángelus del I Domingo de Adviento, 29/nov/98).
Éste, ¡qué duda cabe!, es el Camino hacia Dios
señalado por el Vicario de Cristo para este último año del segundo milenio,
camino que en amorosa y filial obediencia a su voz nos disponemos a recorrer,
con la mirada fija ya en el inminente jubileo que para todos traerá un
extraordinario año de gracia.
EL PADRE ES RICO EN MISERICORDIA
Dios es amor tal y como lo testimonia San Juan en su
primera carta, y ese amor se manifiesta concretamente en forma de misericordia
¡inagotable misericordia! en su relación con su criatura humana: en efecto,
"Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando
muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo" (Ef 2,
4-5). Es en el ejercicio de esta sobreabundante misericordia por la que busca
incansablemente y de todos los modos posibles como el Padre permanece fiel a su
paternidad, fiel a su esencia, fiel a su amor para con nosotros.
¿Qué quiere decir que el Padre es rico, rico en
misericordia? El término rico (en griego plousíos) define a aquellos que viven
bien porque gozan de la sobreabundancia de bienes o recursos materiales
(riquezas). Usado en sentido análogo, San Pablo afirma que Dios, el Padre de
Jesucristo, es rico en misericordia para con nosotros, es decir, que posee
misericordia en tal sobreabundancia que se desborda y fluye hacia el hombre en
forma de misericordia (Dives in misericordia, 15). Por la misericordia Dios se
hace prójimo ¡el más próximo! de todo hombre que sufre y padece las más
terribles consecuencias del pecado.
EL PADRE ES FIEL A SU AMOR
Quizá hoy en día y acaso dolorosamente lo hemos
experimentado como hijos la figura que tenemos de un padre está bastante
devaluada: no faltan padres ausentes, padres que no reconocen o que de diversos
modos maltratan a sus hijos. Ante esta dolorosa experiencia, ¿qué hijo o hija
no guarda en su corazón sentimientos encontrados frente a la figura paterna,
experimentando actitudes de desconfianza y hasta de rechazo frente a Dios
mismo? Para apartar de nosotros toda errada concepción de Dios-Padre, y para
alentarnos a abrirnos a su amor y vivir como hijos suyos en amorosa confianza y
obediencia, el Señor Jesús ha querido liberarnos de toda visión subjetiva
revelándonos la verdadera dimensión de la paternidad divina: Dios es amor, y a
tanto ha llegado su amor para con nosotros que entregó a su propio Hijo (Rom 8,
32). Es decir, su amor es un amor que ante nada se echa atrás, y ni siquiera
nuestros más grandes pecados ni nuestra repetida infidelidad podrán hacer que
Él aparte de nosotros su amor negando su paternidad (Catecismo de la Iglesia
Católica, 211): "si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a
sí mismo" (2Tim 2,13).
EL PADRE NO ESTÁ LEJOS
El Padre más allá de lo que experimentemos
subjetivamente no permanece ni lejano ni indiferente ante el drama humano, sino
que se conmueve ante toda necesidad de misericordia. Esta conmoción interior
que es fruto del amor que nos tiene le lleva a actuar inmediatamente respetando
siempre, claro está, el radio de acción de nuestra libertad, don de Dios mismo.
Es así que Él una y otra vez, ya desde la caída inicial, se inclinó hacia su
criatura humana, llegando a ser "la cruz (de su Hijo) la inclinación más
profunda de la Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre de modo
especial en los momentos difíciles y dolorosos llama su infeliz destino. La
cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la
existencia terrena del hombre" (Dives in misericordia, 51).
Ante el pecado de los hombres, ante nuestros
pecados, el Padre no se ha guardado para sí su inagotable riqueza de amor, sino
que la derrama sobre nosotros y nos la comunica en abundancia gracias a su
Hijo. En Él piedra angular de su proyecto reconciliador y salvífico el Padre
nos ha revelado plenamente su amor, que "es siempre más grande que todo lo
creado, el amor que es él mismo, porque Dios es amor. Y sobre todo el amor es
más grande que el pecado, que la debilidad, que la vanidad de la creación, más
fuerte que la muerte; es amor siempre dispuesto a aliviar y a perdonar, siempre
dispuesto a ir al encuentro con el hijo prodigo" (Redemptor hominis, 25).
EMPRENDER EL CAMINO A LA CASA DEL PADRE
Ante tanta misericordia mostrada por el Padre, que
no se reservó a su propio Hijo sino que "le entregó por todos nosotros" (Rom 8,
32), podemos preguntarnos: ¿Qué más pudo haber hecho el Padre por nosotros?
¿Qué más? ¿Y qué haré yo para corresponder a tanta bondad y a tanto amor?
El tiempo es propicio para emprender con renovado
ardor nuestra peregrinación hacia la cada del Padre, quien con los brazos
abiertos nos espera para colmar nuestros anhelos más profundos de amor y
plenitud.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Parabola de la misericordia del Padre: Lc 15, 11-32.
-
Dios es Padre rico en misericordia: Ef 2, 4-5.
-
Hasta qué extremo nos ama el Padre: Jn 3, 16.
-
El Señor Jesús nos muestra al Padre: Jn 14, 6-11.
-
Su amor es fiel y misericordioso: quiere que el
malvado se convierta y viva: Ez 18, 23;
-
perdona al que se arrepiente: Sal 32, 5;
-
es compasivo y misericordioso frente a nuestras
culpas: Sal 103, 3.8;
-
nos ama con ternura paternal: Sal 103, 11-14;
-
es Padre de las misericordias: 2Cor 1, 3.
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