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LA CORRESPONDABILIDAD
 

Para entender qué es la corresponsabilidad hagamos primero una aproximación etimológica al asunto, es decir busquemos las raíces significativas del término corresponsabilidad.

En castellano la palabra no existe oficialmente, a diferencia de otros idiomas como por ejemplo corresponsabilità en italiano, sin embargo el neologismo -vocablo o giro nuevo en determinada lengua- co-responsable se entiende bien, y lo será aun mejor si es que realizamos el análisis que mencionamos.

Según el diccionario de la Real Academia española el término responsable proviene del latín responsum, variación del verbo respondere, que significa responder. Es un adjetivo que se refiere a aquel que está obligado a responder de alguna cosa o por alguna persona o también dicese de la persona que pone atención en lo que hace o decide.

La preposición co equivale a con e indica unión o compañía. Por ejemplo el co-acusado es el que también está acusado, el co-heredero es el que también se beneficia de una herencia.

Entonces el término co-responsable se referirá a aquel que también es responsable. Será el que es responsable junto con otro u otros, aunque ello no esté directamente explicitado en la realidad.

Después de este breve análisis profundicemos en algunos aspectos importantes de nuestro tema.

LA RESPONSABILIDAD HUMANA

La actitud del cristiano ante un deber determinado es la de la necesidad de cumplir una tarea particular en medio de la gran tarea universal que nos es encomendada por Dios. Nos referimos en este caso que toda responsabilidad para el cristiano está enmarcada dentro de la gran misión del apostolado solicito por el Señor Jesus: "Id pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20).

En el Plan de Dios el hombre está llamado a ser administrador de la tierra (Gén 1, 28), responsable de ella a imagen del Creador, llamado por el mismo Dios a asumir la responsabilidad frente al mundo. Todos nosotros somos sujetos de ese llamado, de esa vocación a ser co-creadores del mundo en que vivimos.

De allí que la responsabilidad cristiana no se circunscriba a algunas tareas específicas, sino que es una responsabilidad amplia, dirigida a esa administración amorosa de todo lo creado. El hombre es responsable del mundo todo.

ARTESANOS DE COMUNIÓN EN LA IGLESIA

El ser artesanos de comunión en la Iglesia implica un esfuerzo personal constante que está enmarcado en la conciencia de la misión y de una responsabilidad conjunta y activa. La corresponsabilidad es la vivencia activa de la comunión en las distintas áreas de la vida humana. Apunta al ejercicio de la preocupación constante por el otro y se enmarca en la misión que todos los hijos de la Iglesia tenemos. Nadie puede afirmar que no es responsable de la suerte de su hermano (Gén 4, 9; Lc 10, 29-37; Mt 25, 31-46), y esta conciencia que no se limita a los confines de la propia familia ni de la Nación o del Estado debe ser vivida de manera particular en la Iglesia que por su naturaleza y vocación vive una comunión fortalecida por la caridad.

La corresponsabilidad en la Iglesia comienza por el esfuerzo personal por ser santos. La primera tarea a la que somos llamados es la de ser santos como lo es el Señor (Mt 5, 48). El esfuerzo por la santidad nos debe llevar a colaborar con los demás en las diversas áreas de la vida cristiana. El camino de la santidad es precisamente el camino de la generosa entrega a Dios y al prójimo. Sólo en esa comunión corresponsable se podrá revivir la epopeya de la Iglesia primitiva (Redemptoris missio, 91a). La llamada a la misión deriva por sí misma de la llamada a la santidad. Cada hijo de la Iglesia lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad, el cual es presupuesto fundamental y condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia (Christifideles laici, 17). Esta labor inicial desemboca naturalmente en el servicio hacia los demás, la vivencia del amor nos lleva a realizar obras de servicio amable en las diversas ocasiones de nuestra vida. Así también esta actitud de comunión corresponsable tendrá una de sus manifestaciones más ricas en el apostolado y el anuncio vital del Señor Jesús.

La corresponsabilidad debe comenzar de manera privilegiada en la Iglesia. La vida del cristiano que se esfuerza por ser santo comulga del amor de donación del Señor Jesús y se capacita para vivir esta misma caridad en la propia comunidad. Como dice el Santo Padre: "La catolicidad de la Iglesia se manifiesta también en la corresponsabilidad activa y en la colaboración generosa de todos en favor del bien comun" (Slavorum apostoli, 19a).

YO SÍ SOY GUARDIÁN DE MI HERMANO

Habrán responsabilidades específicas, con la riqueza de la que la humanidad es posible, el cristiano habrá de asumirlas con un espíritu de entrega y amor. Mas las responsabilidades particulares serán referidas a la misión toda en un horizonte de profundidad y asunción de la humanidad plena, por ello debemos mirar siempre a nuestros semejantes como prójimos a los cuales hemos de ayudar, ya que sus tareas aunque parezcan lejanas de las nuestras enmarcadas en la misión de construir un mundo más humano cada vez.

Por ello una de las actitudes que brota de la vivencia interior de la corresponsabilidad es el estar siempre atentos a las tareas de nuestros hermanos, especialmente de aquellos que se relacionan con la misión y buscar ayudarlos en su consecución en la medida de nuestras capacidades y posibilidades.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • La responsabilidad del hombre: Gén 1, 26-28; Col 1, 24; Col 4, 11; 1Cor 3, 9; 1Ts 3, 2.
  • La sobreabundancia del amor: 1Ts 3, 12; Tit 3, 4; Heb 13, 1; 1Pe 4, 8.
  • La corresponsabilidad: 2Cor 11, 23-30; Mt 5, 43; Lc 10, 30-37.

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