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LA CARIDAD
 

¿Qué es lo que más anhela el ser humano? ¿No es acaso la felicidad? ¿Quién de nosotros no guarda en lo íntimo del corazón ese deseo de ser feliz? Todo hombre -varon o mujer- al experimentar el reclamo interior de felicidad se ve lanzado a responder de modo ineludible.

Se da el caso de aquél que va por la vida queriendo satisfacer su hambre de infinito con migajas, o incluso de manera totalmente inadecuada -como en el caso del hijo prodigo, con "alimento para cerdos" (Lc 15, 16)-. En cambio, quien opta por "aceptar apasionadamente el complejo de exigencias, necesidades y deseos que caracterizan su yo" (S.S. Juan Pablo II, Catequesis del 12/10/83, n.2), se lanza valientemente a conocerse en la verdad de su ser, indagando sobre el origen de su "sed de plenitud" (Jn 4,15), pues comprende que sólo quien conoce la causa de este anhelo propiamente humano, podrá hallar al mismo tiempo el modo adecuado de satisfacerlo.

EL ORIGEN DE LA SED DE PLENITUD

El hombre que, traspasado por este deseo y sed de realización de sí mismo, "no cesa de buscar la verdad y la dicha" (Catecismo de la Iglesia Católica, 27), se encuentra con que -por más que busque- no es capaz de satisfacer él solo y por sí mismo esta exigencia interior. Toda respuesta a su anhelo de plenitud y de infinito terminaría siendo insuficiente, si es que Otro no se la hubiese revelado: "en realidad, tan sólo en el misterio del Verbo encarnado se aclara verdaderamente el misterio del hombre.. Cristo, el nuevo Adán, en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre su altísima vocacion" (Gaudium et spes, 22).

En efecto, el Señor Jesús nos ha revelado el misterio del Padre y de su amor, y con ello nos ha revelado este "misterio inaccesible a la sola razón" (Catecismo de la Iglesia Católica, 237), cual es la vida íntima de Dios: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así hemos llegado a comprender que Dios -nuestro Creador- es uno, siendo en sí mismo comunión de estas tres Personas divinas, y que lo que realiza este misterio de Unidad es el Amor. O, brevemente: "Dios es amor" (1Jn 4, 16).

Al revelar el misterio de Dios, el Señor Jesús ha revelado al mismo tiempo -y en plenitud- el hombre al propio hombre: creado por Dios a su imagen y semejanza (Gen 1,26), toda criatura humana porta en sí misma el sello trinitario, y sus dinamismos fundamentales apuntan al encuentro y a la comunión en el amor. Por ello, su plena felicidad sólo la encontrará en reflejar "en sí mismo y en la convivencia con sus hermanos, a través de una acción transformadora sobre el mundo" (Puebla, Conclusiones, 184), el misterio de la Comunión divina.

UN NUEVO CORAZÓN PARA AMAR

Pero el Hijo de Santa María -luego de que el pecado endureciese el corazón del hombre y le hiciese incapaz de participar del amor divino- no sólo nos ha descubierto nuestro origen y vocación al amor, sino que junto con su Espíritu nos ha dado un nuevo corazón (Ez 36, 26-27) capaz de acoger nuevamente el don del Amor para vivir su dinamismo transformante y plenificante.

Y para que supiésemos cómo corresponder al amor divino derramado en nuestros corazones, Él mismo nos ha dado ejemplo (Jn 13, 15), de modo que siguiendo sus huellas (1Pe 2, 21) pudiésemos encontrar el camino para responder verdaderamente a la sed de plenitud que palpita en nuestros corazones: "Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15, 11-12; Jn 13, 34).

LA CARIDAD: DON Y MANDAMIENTO

Caridad deriva del latín cáritas. Con esta palabra se tradujo a su vez la expresión griega agape, término utilizado por los discípulos que conocieron al Señor para referirse a un nuevo amor: éste es el amor del Padre que ha entregado a su Hijo para la vida de los hombres Ver Jn 3,16. buenos y malos (Mt 5, 44-48), -y es a su vez el mismo e idéntico amor- (Jn 15,9) con el que el Señor Jesús nos ha amado hasta el extremo (Jn 13, 1). Ese mismo amor divino es el que Él ha obtenido como un don para nosotros (Rom 5, 5) gracias a su sacrificio reconciliador.

El amor divino, que como una semilla fue sembrado en nuestros corazones el día de nuestro bautismo, busca desde entonces desplegarse asumiendo nuestra propia realidad humana, potenciando nuestro amor. Y eso sólo es posible por la cooperación con el don recibido. Esta es la cooperación que el Señor Jesús busca suscitar en cada uno de sus discípulos dándoles un nuevo mandamiento (1Jn 3, 23; Catecismo de la Iglesia Católica, 1823). Hace crecer y fructificar el don derramado en su corazón quien amando como Cristo nos ha amado ingresa en el dinamismo del mutuo don y acogida, "reflejo verdadero del misterio de recíproca entrega y acogida propio de la Santísima Trinidad" (Evangelium vitae , 76b). Por este dinamismo de amorización el discípulo, muriendo a todo insano egoísmo, despliega lentamente la vida y el amor del Señor Jesús que como en germen lleva oculto en sí.

Por último, tengamos en cuenta que en el Nuevo Testamento, agape expresa siempre un amor que se demuestra, haciéndose concreto en las obras (1Jn 3, 18; 2Cor 8, 24). Es esencial a la caridad manifestarse en dirección a Dios, a uno mismo y al prójimo (Lc 10, 27). Este amor encuentra asimismo un despliegue muy especial en el amor a María, Madre del Señor y Madre nuestra, el que llamamos amor filial.

Sólo la caridad, vivida en sus diversas expresiones y concreciones, irá transformando nuestra vida hasta que -parafraseando a San Pablo- podamos exclamar: ¡amo yo, mas no yo, es Cristo quien ama en mi! (Gal 2, 20). Este es, pues, el nuevo amor -don y tarea- que permite al ser humano responder certeramente a la sed de plenitud que anida en su corazón.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Dios es amor: 1Jn 4,16.
  • El Padre nos ha mostrado el amor que nos tiene: Jn 3,16; 1Jn 3,1; 4,9.
  • El Señor Jesús nos ha amado hasta el extremo: Jn 13,1; 15,9; 15,13.
  • El amor es un don del que hemos sido hechos partícipes: Rom 5,5; 1Jn 4,10;
  • Estamos llamados a llevar a su plenitud el mandamiento del amor. Lc 10,27; Mt 22,36-40, .amando como Cristo nos ha amado: Jn 13,34; 15,12;
  • El Señor Jesús nos llama a ser perfectos en el amor: Mt 5,44-48.
  • La caridad es auténtica si se manifiesta en las obras: 1Jn 3,16
  • La caridad es vínculo de perfección: Col 3,14; 1Jn 4,16.
  • La Eucaristía es "sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad" (Sacrosanctum Concilium, 47): 1Cor 10,17.
  • Todo ha de tener al amor por motivo y fin: 1Cor 13,1-3; 2Pe 1,5-7.
  • La caridad cubre multitud de pecados: 1Pe 4,8; Lc 7,47-48.
  • Las cualidades del amor: 1Cor 13,4-8.13.

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