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En nuestra vida cristiana, existe una persona que siempre está ahí, presente a
nuestro lado, a pesar de que muchas veces no la notemos. Su presencia es
constante y silenciosa, a la vez que sumamente activa, dinámica y efectiva. Se
trata de María nuestra Madre.
No son pocas las personas que no llegan a entender el papel de
María en su vida como cristianos, y que no comprender que el amor que le
profesamos no es sólo una devoción más o un mero acto de piedad. Es algo
muchísimo más hondo, más intenso, más rico. Y es así, por la intima relación
que existe entre la Madre y el Hijo. Unión tan profunda como misteriosa. Como
ocurre con todo misterio, nuestras palabras y categorías se quedan cortas en su
intento de penetrarla. A pesar de ello, intentamos ahondar en el misterio de
María, la Madre del Señor y Madre nuestra.
POR CRISTO A MARÍA...
La santidad a la cual estamos todos invitados no es otra cosa
que la respuesta al llamado a cumplir el Plan de Dios, buscando conformarnos al
Señor Jesús. Se trata en ultima instancia, de encarnar en la propia existencia,
aquel ideal que resume San Pablo : "Vivo yo, mas no yo, sino que es Cristo
quien vive en mi" (Gál 2, 20). No es pues una mera imitación de un aspecto u
otro de Cristo; no se pretende imitar un misterio u otro del Señor Jesús, sino
conformarse a Él mismo, en su estado por excelencia, como Verbo Encarnado. Se
trata de vivir el estado de Jesús, y éste es el de Hijo de María.
En este camino de conformación al Señor, quien se aproxima a
Jesús no puede menos que acercarse a María, pues Él nos conduce hacia la Madre.
Es Jesús mismo quien desea que nos acerquemos a Él a través de María,
invitándonos a amarla con el mismo amor con que Él la ama. Es éste el
maravilloso camino por el cual el Señor nos invita a configurarnos con Él: la
piedad filial. ...Y
POR MARÍA MÁS PLENAMENTE AL SEÑOR JESÚS
Es amando a María como somos conducidos nuevamente hacia el
Hijo, en un proceso amorizante por el cual nuestra aproximación al Señor es más
plena, más perfecta. María, al obtenernos los dones del Espíritu, nos forma,
nos educa en el amor a Jesús. Quien mejor que Ella, la Madre del Señor, la
Mujer Fuerte que siempre estuvo al lado de Cristo, para formarnos a semejanza
de su Hijo.
María no es una pieza accesoria o accidental dentro del Plan
reconciliador del Padre. Todo lo contrario. Al aceptar la invitación divina a
convertirse en la Madre del Salvador, con su decidido Hágase, la sencilla
Virgen de Nazaret se convertía en Madre de Dios, ingresando de esta forma, en
la dinámica de la reconciliación del mundo, así como en la de la vida personal
de cada uno. En efecto, es al pie de la Cruz donde el Señor Jesús le explícita
su misión de ser Madre nuestra, iniciada en el momento mismo de la Encarnación.
FUNCIÓN DINÁMICA DE MARÍA
María es, pues, nuestra Madre y Educadora en el camino de la fe.
Ésa es su misión: la de buscar conformarnos a su Hijo, la de dar a luz a Cristo
en nuestros corazones. De ahí que todo hijo de María está llamado a colaborar
con Ella, desde su propio puesto, en su tarea apostólica de llevar a todos los
hombres hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.
El camino que conduce a nuestra santificación es largo y no
exento de duras batallas y combate. Recorrerlo en compañía de María no sólo es
el medio más seguro y eficaz, sino también el más fácil y planificador. Toda
nuestra vida cristiana se sintetiza en la vivencia de esta dinámica amorizante:
Por Cristo a María y por María más plenamente al Señor Jesús.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
María Madre de Jesús y nuestra: Gén 3, 5; Is 7, 14; Jn 19, 26-27; Gál 4, 4.
-
María nos muestra a Jesús: Mt 2, 11; Lc 2, 16.
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Función dinámica de María: Jn 2, 1-5; Hch 1,14.
-
Modelo de vida cristiana: Mt 12, 46-50; Lc 1, 26-38; Lc 1,
39-45; Lc 2, 19.51; Lc 11, 27-28.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Quién es María para ti? ¿Cómo es tu relación con ella? ¿Por qué?
-
¿Cómo vives tu piedad filial?
-
¿Qué puedes hacer para conocer mejor a María?
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