|
La celebración del Gran Jubileo, que viene teniendo lugar
contemporáneamente las Iglesias locales del mundo entero, tiene como objetivo «la
glorificación de la Trinidad, de la que todo procede y a la que todo se
dirige» [1].
Por ello el Año Santo «debe ser un canto de alabanza único e ininterrumpido a la
Trinidad, Dios Altísimo»
[2].
¿Quién es el hombre? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestro
origen? Son éstas preguntas fundamentales estrechamente vinculadas a aquellas
otras preguntas, también determinantes: ¿A dónde vamos? ¿Cuál es mi fin, mi
meta?. Al ser humano no dejan de inquietarle vivamente estas interrogantes que
-cuando no dimite de su humanidad- lo lanzan a la búsqueda continua de
una respuesta. ¿Dónde buscar? La verdad última sobre sí mismo sólo puede
encontrarla en su origen, es decir, en Aquel que lo ha creado. Y porque el
hombre -como consecuencia del pecado- ya no es capaz por sí mismo de
hallar casualmente las respuestas que busca, Dios mismo en el Señor Jesús ha
salido a su encuentro para mostrarle su propia identidad y altísima
vocación: «En realidad, tan sólo en el misterio del Verbo se aclara
verdaderamente el misterio del hombre»
[3].
EL MISTERIO DE LA TRINIDAD: DIOS ES COMUNIÓN DE AMOR
¿Quién conoce lo íntimo de Dios, sino sólo Él mismo, y aquél a
quien Él se lo quiera revelar?
[4]Pues «el unigénito Dios (el Hijo), que está en el seno del Padre, Él
lo ha dado a conocer»
[5] . Es Él quien además -junto con el Padre- nos ha dado su Espíritu,
aquél que sondea «hasta las profundidades de Dios»
[6], para que podamos comprender este misterio insondable: el misterio
de Dios, Comunión de Amor.
El Señor Jesús ha revelado quién es Dios en sí mismo
[7], dándonos a conocer la identidad misma de Dios: ha hablado
del Padre [8],
de quien Él es el Hijo amado. De su relación con el Padre,
el Hijo nos revela un singular y único grado de comunión: «Yo y el Padre somos
uno» [9].
Se trata de una Comunión por la permanencia en el amor
[10]. Este Amor, a su vez, es la tercera Persona divina
[11], el Espíritu Santo por cuyo poder se encarnó el Verbo,
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, y que el mismo Hijo enviara a sus
discípulos «de junto al Padre»
[12].
A partir de la revelación hecha por el Señor Jesús, a lo largo
de los siglos, la Iglesia también en lo que toca a este misterio ha avanzado en
la inteligencia de la fe
[13], y con ella creemos y afirmamos: Dios es Padre, Hijo y Espíritu
Santo, tres Personas, un sólo Dios
[14] . Así hemos llegado a conocer que Dios no sólo ES
[15], sino más aún, que en su unidad divina Dios vive un dinamismo de
eterna y mutua entrega y acogida entre las Personas divinas, un inacabable
despliegue interior de amor que va en la línea de la unidad indivisible. Por
ello el evangelista -inspirado- puede afirmar que Dios ES AMOR
[16]. Es ese amor que por su sobreabundancia ha movido a Dios a crear
al hombre a su imagen y semejanza, para invitarlo a entrar en comunión
con Él y participar por toda la eternidad de ese mismo dinamismo de amor.
NUESTRO ORIGEN Y DESTINO: HECHOS POR EL AMOR Y PARA EL AMOR
La comprensión del misterio de Dios ilumina la comprensión del
misterio del hombre: todo ser humano es persona creada para el encuentro
y la comunión, y por ello, es persona necesitada de otras personas
humanas como él para realizarse ella misma y abrirse así a la comunión
con Dios, fuente y origen de su ser y amor. Es por eso que el hombre
experimenta por un lado la tristeza cuando padece la soledad y el aislamiento
de su ser profundo, y por otro el gozo y la alegría cuando participa del
dinamismo de recíproca entrega y acogida con aquellos a quienes está vinculado
por el amor. Esta felicidad halla un grado mayor de plenitud cuando la persona
humana, participando del amor mismo de Jesucristo según su medida
[17], entra a formar parte de la comunión de amor que el Espíritu crea
entre los hombres, comunión que es «reflejo verdadero del misterio de recíproca
entrega y acogida propio de la Santísima Trinidad»
[18].
Así pues, saber quién es Dios en sí mismo y en modo particular
conocer al Señor Jesús, paradigma de vida humana plena, es esencial para mejor
comprender quién soy yo y responder acertadamente a mis dinamismos
fundamentales de permanencia y despliegue: llevo grabado en lo más profundo de
mi ser ese "sello trinitario", y por tanto sólo podré desplegarme y realizarme
si comprendo lo mejor posible este misterio divino y si hago de mi vida un
reflejo del mismo. Viviendo el amor donal como Cristo nos amó, el
bautizado entra nuevamente en esta senda por la que está llamado a realizarse
«reflejando el misterio divino de comunión en sí mismo y en la convivencia con
sus hermanos, a través de una acción transformadora sobre el mundo»
[19].
¡DESPLIÉGATE, DANDO CON ELLO GLORIA A DIOS!
En este Año Santo, ¿quién eleva un canto de alabanza único e
ininterrumpido a la Trinidad? Aquél que hace de su vida misma un
reflejo del misterio divino de amor, asociándose así al Himno que el Hijo ha
introducido en el mundo: «Cristo es el Himno del Padre y, con la encarnación,
ha entregado a la Iglesia ese mismo Himno, es decir, se ha entregado a Sí
mismo, para que ella lo perpetúe hasta su retorno. Ahora, cada cristiano está
llamado a participar en este Himno, y a hacerse él mismo "canto nuevo" en
Cristo al Padre celeste»
[20].
Por Cristo, con Él y en Él, hemos de transformar todo
nuestro ser en un canto de alabanza único e ininterrumpido a la Trinidad,
haciendo de todos nuestros actos y vida una constante liturgia que con nuestro
despliegue dé gloria de Dios: «el hombre vivo (es decir, el hombre que
por el amor despliega en sí la Vida de Cristo hasta llegar a la plenitud de su
propia vocación) es la gloria de Dios»
[21].
Nuestro propio despliegue y realización como personas humanas,
según el designio divino, será sin duda la mejor alabanza que podamos
tributarle a Dios en este Año Santo, y a lo largo de toda nuestra existencia.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
Sólo Dios puede revelar Quién es Él:
La Trinidad:
-
Dios es Comunión de Amor Dios es Comunión de Amor: 1Jn 4,8.16.
-
Es Padre: Lc 15,11ss; Mt 23,9.
-
Jesucristo es Hijo del Padre: Jn 3,34-36; El Hijo procede del
Padre, y tiene su misma vida: Jn 5,26.36; el Hijo es igual al Padre: Jn 5,18;
el Padre y el Hijo son Uno: Jn 10,29; 14, 7-11; 17,21.
-
El Espíritu Santo, en relación al Padre y al Hijo: es distinto
del Padre y del Hijo: Mt 3,16-17; procede del Padre y del Hijo: Jn 14,26;
15,26.
Creados para participar de Dios-Amor: 1Pe 1,2-4.
-
Por el Hijo: Jn 10,7-10; 14,6; 15,9-10.
-
Mediante la comunicación de su Espíritu: Gál 4,6-7; Rom 5,5.
Año Santo: invitados a elevar un canto de alabanza a la Trinidad
-
Dando gloria a Dios: Jn 15,8.
-
Mediante una liturgia continua: 1Cor 10,31.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
Explica por qué y en qué el Señor jesús aclara el misterio de tu vida.
-
¿Cómo es tu relación personal con el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo? ¿Qué puedes hacer para mejorarla?
-
¿En qué te ayuda entender que Dios es Comunión de Amor?
-
Eres una persona hecha para la comunión y encuentro con los
demás, ¿cómo vives esa dimensión en tu vida?
-
"Ser santo es desplegarse dando con ello gloria a Dios". Haz
un "en si" y un "en sí en mi" de la Frase.
|
Descargar Trabajo de Interiorización
|
Versión para imprimir
|
|

|

|
[1] Tertio
millennio adveniente, 55.
[2] Incarnationis
Mysterium, 3.
[3] Gaudium et
spes, 22; ver Ecclesia in America, 10.
[4] Ver Catecismo
de la Iglesia Católica, 237.
[7] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 234 y 236.
[8] Ver Catecismo
de la Iglesia Católica, 240.
[9] Jn 10,30;
ver Jn 10,38. Ver, además, Catecismo de la Iglesia Católica,
241-242.
[11] Ver Catecismo
de la Iglesia Católica, 243-246.
[13] Ver
Luis Fernando Figari, ob. cit., pp.8-12.
[14] Ver Catecismo
de la Iglesia Católica, 249-256.
[15] Ex
3,14; ver Luis Fernando Figari, ob. cit., pp. 23-25.
[16] Ver 1Jn
4,8.16; ver Luis Fernando Figari, ob. cit., pp. 25-26.
[18] Evangelium
vitae, 76b.
[20] S.S.
Juan Pablo II, Homilía durante la Misa celebrada para las "Scholae cantorum" de
la Asociación italiana de Santa Cecilia, 1983, n.3.
[21] San
Ireneo, Adversus haereses IV, 20, 7.
|