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El Señor Jesús «ha venido para revelar hasta el fondo que Dios
es amor» [1], ha revelado este amor «con la palabra y con la acción»
[2] y, finalmente, con su cruz y con su resurrección ha mostrado «hasta
qué extremo llega ese amor paterno de Dios»
[3].
El Hijo con sus palabras y en sí mismo nos ha mostrado que el
Padre no permanece impasible e indiferente ante el drama humano, sino que se
conmueve interiormente y con prontitud sale al encuentro de su criatura
humana herida por el pecado: ¡Dios es rico en misericordia! Tal amor
paternal y misericordia para con el hombre la retrató el Señor Jesús -para
todos los hombres de todas las generaciones- en especial en una conmovedora
parábola: es la llamada parábola del hijo pródigo y del padre
misericordioso, parábola en la que la misericordia del Padre sale al
encuentro de la miseria del hijo para reconciliarlo y abrirlo a su propia
dignidad: «Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de
su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena
de simplicidad y de belleza»
[4].
En y por el Señor Jesús, el Hijo hecho hombre, el Padre se ha
acercado humildemente a cada ser humano, ofreciéndole el gran don de la
reconciliación. El Señor Resucitado, «el mismo ayer, hoy y siempre»
[5], estará siempre vivo y presente en su Iglesia
[6] hasta el fin de los tiempos
[7]. Él es quien por el ministerio de su Iglesia nos ofrece hoy el perdón
sacramental y la indulgencia, y de este modo nos invita a todos
a ingresar y participar intensamente en el dinamismo del encuentro transformador
con la misericordia del Padre, de modo que lleguemos a brillar ante todos los
hombres como «signos vivos y eficaces de su amor misericordioso»
[8].
EL PERDÓN SACRAMENTAL
Luego del Bautismo, la «vida nueva de hijo de Dios puede ser
debilitada e incluso perdida por el pecado»
[9]. El caer de manera consciente y libre en pecado hace que nos
apartemos nuevamente de Dios, experimentando las múltiples y dolorosas
fracturas -interiores y exteriores- que son consecuencia de aquella ruptura
fontal.
El Señor Jesús conociendo nuestra fragilidad quiso «que su
Iglesia continuase, con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de
salvación, incluso en sus propios miembros»
[10]. En efecto, la Iglesia ha recibido del Señor Jesús el poder
de perdonar los pecados en su nombre
[11], encargo que ejerce en el Sacramento de la Reconciliación. Al
confesar sus pecados en este sacramento instituido por Cristo, el
bautizado recupera la comunión con el Padre y con su Iglesia
[12]. Por ello podemos decir que la Iglesia es en el mundo la presencia
viva del amor de Dios que se inclina sobre toda debilidad humana para acogerla
en el abrazo de su misericordia.
LA "INDULGENCIA"
La reconciliación con Dios sin embargo no excluye la permanencia
de algunas consecuencias del pecado, de las cuales es necesario purificarse. En
efecto, aunque perdonado verdaderamente, permanecen en el hombre las consecuencias
negativas que el pecado ha producido en él. Es lo que la tradición
teológica ha llamado "penas" y "restos" del pecado. Es justamente mediante la indulgencia
como al pecador ya perdonado en cuanto a la culpa se le condona también la
llamada pena temporal
[13].
El punto de partida para comprender la indulgencia será siempre la
abundancia de la misericordia de Dios, manifestada en la Cruz
reconciliadora del Hijo. El Señor crucificado es la fuente de toda indulgencia,
es Él mismo la gran "indulgencia" que el Padre ha ofrecido a la
humanidad para el perdón de las culpas y para devolverle la capacidad de vivir
la misma Vida del Hijo
[14], gracias al don del Espíritu Santo
[15].
Es a través del ministerio de su Iglesia que Dios extiende en el
mundo su misericordia a través de los siglos: «en ella se manifiesta la
plenitud de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos con su
amor, manifestado en primer lugar con el perdón de las culpas»
[16], pero lo hace también mediante aquel don que está en estrecha
conexión con el Sacramento de la Reconciliación, don que con nombre antiguo se
llama "indulgencia".
ENCUENTRO TRANSFORMADOR: HACIA LA VIDA CRISTIANA PLENA
Ahora bien, el perdón sacramental concedido de forma gratuita
por Dios «implica como consecuencia -por parte de quien ha sido perdonado- un
cambio real de vida, una progresiva eliminación del mal interior, una
renovación de la propia existencia»
[17], implica «un proceso laborioso, en el que participan el hombre,
con su compromiso personal, y la Iglesia, con su ministerio sacramental»
[18].
Tampoco el don de la indulgencia se comprende en su sentido
auténtico si no es en el «horizonte de renovación total del hombre»
[19]: las indulgencias -ayudas especiales que se nos ofrecen con mayor
abundancia este Año Santo- «lejos de ser una especie de "descuento" con
respecto al compromiso de conversión, son más bien una ayuda para un compromiso
más firme, generoso y radical»
[20].
Es decir, para obtener el perdón y ganar la indulgencia no se
trata de contentarse con realizar simplemente algunas actividades exteriores y
"cumplir con los requisitos". ¡Nada más alejado el sentido auténtico del
sacramento del perdón y del don de la indulgencia! Estos deben ser expresión y
apoyo del camino de conversión. ¡Se trata de encontrarnos con la misericordia
del Padre y colaborar con su dinámica transformadora en nuestra vida cotidiana!
¡Se trata de «emprender un camino de purificación hacia la plenitud del amor»
[21], de «emprender el camino de una vida en plenitud»!
[22]
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
El Señor Jesús nos revela al Padre misericordioso:
-
Revela al Padre: Jn 14,6-11; Él es misericordioso: Lc 15,
11-32, rico en misericordia: Ef 2,4-5 y Padre de las misericordias: 2 Cor 1,3.
Dios porque ama al hombre:
-
Anhela que viva: Ez 18,23; perdona siempre a quien vuelve: Ez
18,23; Sal 32,5; 32,5; 103, 3.8 14; Ef 2,4 5; 2Co 1,3; es tierno con todos: Sal
103, 11-14; es fiel: 2Tim 2,13; Ex 34, 7; envía a su Hijo: Jn 3,16.
En la Iglesia se manifiesta la misericordia de Dios:
-
Enviado por el Padre con poder para perdonar los pecados: Mt
9,2-6; Mc 2,10; Lc 5,24; el Señor Jesús transmite a su Iglesia ese poder
(institución del Sacramento del Perdón): Jn 20,22-23; por el ministerio de la
Iglesia recibimos el perdón de los pecados: Mt 28,18-19; Hech 2,38; quien
confiesa sus pecados, es perdonado: 1Jn 1,9.
-
Hoy y siempre, el Señor Jesús es nuestra indulgencia: Rom
3,23-25.
Llamados a ser signo vivos y eficaces del amor misericordioso
del Padre: Lc 10,36-37; Ef 4,32; Tim 1,15-16; Col 3,12-14.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
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Explica qué es la misericordia de Dios (utiliza la parábola
del hijo pródigo).
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¿Por qué el perdón sacramental y qué implica?
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¿Qué son las indulgencias y qué nos traen?
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Haber conocido estos contenidos, ¿en qué te ayuda en tu vida
cotidiana?
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¿Qué medios concretos puedes poner para vivir mejor la
dinámica de la misericordia de Dios?
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[1] S.S.
Juan Pablo II, Homilía del 31/01/88, n.3.
[4] Catecismo
de la Iglesia Católica, 1439.
[6] Ver
Ecclesia in America, 12.
[8] Mensaje
del Santo Padre para la Cuaresma del año 2000, n.6.
[9] Catecismo
de la Iglesia Católica, 1420.
[10]
Catecismo de la Iglesia Católica, 1421.
[11]
Ver Mt 16, 19; Jn 20, 23.
[12]
Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1422 y ss.
[13]
Ver Catecismo de la Iglesia católica, 1471.
[15]
Ver Gal 4, 6; Rm 5, 5; 8, 15-16.
[18]
Catequesis del 29/9/99, n.2.
[22]
Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma del año 2000, n. 4.
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