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He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,
20). Esta alentadora promesa se cumple de una manera muy especial cada vez que
el Señor Jesús se hace realmente presente en medio de nosotros, bajo la
apariencia de pan, en el sacramento de la Eucaristía.
EUCARISTÍA SACRIFICIO
Misterio de misterios, la Eucaristía es un auténtico don del
amor de Dios por nosotros. El Señor Jesús, en la muestra más grande del amor de
Padre (1Jn 4, 9-10), se despojó de sí mismo tomando condición de siervo,
haciéndose semejante a los hombres... y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta
la muerte, y muerte de Cruz (Flp 2, 7-8), obteniendo para nosotros la
reconciliación definitiva. Pero aunque en el misterio de la
Anunciación-Encarnación, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo la obra de
la reconciliación se realizó una vez y para siempre, el mismo Señor Jesús quiso
dejarnos en el misterio eucarístico el memorial de su sacrificio reconciliador.
Cada vez que se celebra la Eucaristía, se reactualiza el mismo sacrificio del
Hijo de Santa María (Mt 26, 26-28; 1Cor 11, 23-25). En cada Eucaristía, el
Señor Jesús sigue despojándose de sí mismo para tomar la apariencia de pan y
vino, y ofrecerse nuevamente al Padre por nosotros.
Este don maravilloso lo hacemos nuestro mediante la
participación activa en la Celebración Eucarística. En la Eucaristía
-sacramento de comunión con Dios y con los hermanos- nos unimos al sacrificio
reconciliador del Señor Jesús. Unidos a Él en un solo Cuerpo (Rom 12, 5; 1Cor
12, 27), nos ofrecemos con Él al Padre. Todas nuestra obras y esfuerzos,
nuestra oración nuestro apostolado, nuestras alegrías y también nuestras
tristezas y dolores, son presentadas al Padre en el altar, unidas a la ofrenda
más digna y agradable que le podemos hacer: su propio Hijo.
EUCARISTÍA COMUNIÓN
La Eucaristía no sólo es la plenitud de nuestra vida cristiana,
sino también la fuente de donde brota toda su vitalidad. Jesús es el Pan de
Vida que se nos ofrece como alimento (Jn 6, 48ss). Sólo en el Hijo de Santa
María podemos saciar nuestros anhelos más profundos, nuestro hambre de Dios,
nuestra nostalgia infinita de felicidad y de plenitud. Y no hay manera más
íntima y profunda de unirnos a Dios -mientras dure nuestro peregrinar en la
tierra- que recibiéndolo a Él en este sacramento. Quien comulga se une más
íntimamente con el Señor Jesús y, por lo tanto, participa más plenamente de su
propia vida divina. La Eucaristía es un adelanto sacramental de la gloria a la
que estamos llamados: la comunión y participación con Dios-Amor.
Sin embargo, al ser creados para el encuentro con Dios, lo
estamos también para abrirnos fraternalmente a los hermanos en un dinamismo
análogo al encuentro definitivo con el Tú divino. La Eucaristía también es
encuentro con los hermanos. En ella, el Pueblo de Dios encuentra su plenitud de
comunión y de participación. Sacramento de unidad por excelencia, la Eucaristía
es el punto de partida para la edificación de una auténtica comunión fraterna,
fuente de reconciliación.
EUCARISTÍA PRESENCIA
La presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía no se agota
en la Celebración Eucarística. Jesús ha querido también permanecer con nosotros
en el sagrario, de manera que podamos visitarlo, abrirle nuestro corazón y
compartir con el Amigo fiel nuestras inquietudes y esperanzas; presentar la
reverente adoración o elevar la agradecida acción de gracias; el sincero
arrepentimiento o la petición llena de confianza, en la intimidad de la
oración. Aquel anhelo tan humano de intimidad más profunda con el Señor Jesús,
de búsqueda del Hijo de María en su proximidad con nosotros, encuentra eco en
la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la Eucaristía.
Visitar al Señor, pues, es signo de nuestro amor hacia Él, así
como de nuestra entrega y compromiso cristiano. Es fuente de gracia y fuerza
para avanzar en nuestro camino de santidad, así como en la misión apostólica.
Jesús no es una idea o un sentimiento, ni un recuerdo -nos enseña Juan Pablo
II-. Jesús es una persona viva y presente entre nosotros. Amad a Jesús,
presente en la Eucaristía.
Por eso, la Eucaristía es también prolongación sacramental del
misterio de la Encarnación, de manera que el Hijo de Santa María continúa
siendo el Dios con nosotros, para siempre. El Emmanuel se hace frágil, al punto
de hacerse presente en un pequeño pedazo de pan, para así compartir nuestras
alegrías, nuestros afanes apostólicos y también los momentos difíciles.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
La Eucaristía es anunciada por los profetas: Gén 14, 18-19; Ex
16, 6-8; Mal 1, 10-11.
-
Jesús es el Pan de Vida: Jn 6, 34.
-
Alimento para la Vida Eterna: Jn 6, 54.
-
Se entrega por nosotros: Jn 6, 33.
-
Y por eso instituye la Eucaristía: Mt 26, 26-28; 1Cor 11,
24-26.
-
La Eucaristía nos une a Cristo y a la Iglesia: 1Cor 10, 16-17.
-
Nuestra actitud frente a la Eucaristía: 1Cor 11, 27-29.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué es la Eucaristía? ¿La consideras importante para tu vida cristiana? ¿Por qué?
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¿Sueles ser consciente de lo que recibes cuando comulgas? ¿Qué puedes hacer para mejorar tu disposición interior?
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¿Sueles hacer visitas al Santísimo?
¿Lo consideras algo importante en tu vida? ¿Por qué?
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