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Al reflexionar este año jubilar sobre el tema de la alegría
cristiana, lo haremos acercándonos al Corazón de María, ya que Ella es
la primera cristiana, cristiana en plenitud, y por tanto, la primera en
experimentar lo que es la alegría cristiana. A Ella, pues, dirijamos
nuestros ojos.
Los momentos de máxima alegría de María están vinculados
especialmente a los momentos históricos de la Anunciación-Encarnación y
Nacimiento, así como de la victoriosa Resurrección de su Hijo[1].
¿No fue precisamente María, por ser la elegida para ser la Madre del
Reconciliador, la primera en experimentar el júbilo desbordante por la obra que
Dios realizaría finalmente en el mundo?[2]
Sí, Ella fue la primera en experimentar la alegría cristiana a la hora de la
Encarnación y posterior Nacimiento de su Hijo, y Ella la primera que al tener
noticia de su Resurrección[3]estalla
en un jubiloso Aleluya. ¿Quién mejor que Ella, pues, para comprender el
origen de la alegría cristiana, es decir, la alegría humana que en
Cristo alcanza su plenitud?
ALEGRÍA POR LA ENCARNACIÓN DEL VERBO[4]
La primera palabra de saludo del mensajero divino a María -en
griego jaire- es una invitación a la alegría mesiánica, palabra cuyo
contenido podemos traducir así: ¡alégrate sobremanera, alégrate con un gozo
mesiánico![5]Es
una palabra que «va abriendo el horizonte del misterio que va a tener lugar»[6]
: ha llegado la plenitud de los tiempos, y Dios, para reconciliar y
elevar a la humanidad caída, quiere hacerse Hijo de Mujer. Aquél saludo anuncia
la definitiva realización de las promesas hechas a Israel, la promesa del Emmanuel,
Dios-con-nosotros, que habría de nacer de una Virgen[7], y la promesa del descendiente de la Mujer que consigo
traería la victoria definitiva sobre la serpiente antigua [8]. Así pues, «alégrate y exulta de todo corazón»[9],
«grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar
dentro de ti»[10].
La causa de la alegría de María es la presencia reconciliadora de Dios en medio
de su pueblo, Presencia que tomará de sus entrañas virginales un rostro
concreto, plenamente humano: Jesucristo, el Reconciliador.
Pero la alegría de María procede también -y sobre todo- de la
singular experiencia de comunión que Ella vive con quien es en sí mismo
Comunión de Amor. Y es que por su "sí" generoso, respuesta libre al amor
inaudito que Dios manifiesta por el hombre[11], Ella se abre a la acción del Espíritu Santo, que enviado
por el Padre se derramaba en su ser para que el Verbo eterno se encarnara en su
seno virginal. María entra en una comunión intensa con las tres Personas de la
Trinidad, y esa es la verdadera fuente de la alegría cristiana. Cristiana,
decimos, porque por Jesucristo, el Mediador entre Dios y los hombres, Ella se
inserta plenamente en la alegría que Dios vive en sí mismo, y es que «en el
mismo Dios, todo es alegría, porque todo es un Don»[12].
EL ANUNCIO EVANGELIZADOR O LA ALEGRÍA QUESE DIFUNDE
POR SÍ MISMA
Y aquella infinita alegría que María experimentó al escuchar el
mensaje del ángel y al pronunciar su "sí" sería más que ninguna otra aquella
alegría que «no puede separarse de la comunicación de sí misma»[13].
¿Acaso no fue también ese fortísimo impulso el que la llevó inmediatamente a
querer no sólo servir sino también compartir con Isabel aquella alegría que no
podía contener en sí misma? Y es que -como nos enseña la humana experiencia- la
alegría intensa "rebosa" y necesita ser compartida con los demás. Así, «Ella
deja desbordar su alegría ante su prima Isabel que alaba su fe: "Mi alma
engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador...»[14].
Al contemplar la escena del encuentro de estas dos
mujeres benditas, observamos cómo esta "Arca viva de la Nueva Alianza"
que es María, "Arca" en la que Dios mora en medio de su pueblo, con su
presencia y su solo saludo comunica a su parienta el don del Espíritu divino,
así que «cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño dio saltos de gozo
en su vientre e Isabel fue llena del Espíritu Santo»[15].
De este modo la alegría de María se difunde «en los corazones juntamente con el
amor del que ella brota, por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado»[16].
Es la misma alegría de María la que se plasma inmediatamente en un
jubiloso cántico: «Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en
Dios, mi Salvador.»[17].
LLAMADOS A LA ALEGRÍA EN LA COMUNIÓN
Al mirar a María, la generosidad de su entrega a Dios y al
cumplimiento del designio divino, comprendemos también cuánta alegría y
gozo permite el Espíritu divino experimentar a aquellos que abriéndose al Don
de Dios y respondiendo con el don generoso de sí mismos, asociándose al Señor
Jesús y por medio de Él, se hacen partícipes del «misterio de recíproca entrega
y acogida propio de la Santísima Trinidad»[18].
Es esareciprocidad la que en el ser humano produce una alegría
inigualable, el gozo pleno y colmado al que está llamado a participar: «Si
guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi
gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado»[19].
María, escuela de vida cristiana, nos enseña que la vida de toda persona humana se
realiza por el don de sí mismo a los demás: quien dona ama, y al
ser creados por el Amor y para el amor, sólo podremos alcanzar la plenitud de
la alegría si amamos como el Señor Jesús nos ha amado[20].
Quien esto vive en lo cotidiano, participa de la alegría que procede de Cristo,
alegría que, conforme a la promesa del Señor, nada ni nadie podrá arrebatarnos
jamás[21].
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Dios es Dios de la alegría: Sal 42[43],4.
-
La alegría es un don de Dios: Sal 4,7.
-
Falsa es la alegría de quienes se apartan de Dios: Prov
14,12-13.
-
Dios cambia la tristeza en gozo: Sal 29[30], 12-13; Is 51,3;
Jn 16,20.
-
Llamados a servir a Dios con alegría: Sal 99[100].
Causas de la alegría cristiana:
-
La Encarnación del Señor: Lc 1,28. 46-47.
-
El Nacimiento del Señor: Mt 2,10; Lc 2,10-12; Su presencia en
medio de su pueblo: Sal 20[21], 7; Is 9,2-3.
-
La Resurrección del Señor: Lc 24,41.
-
La comunión y permanencia en el Señor: Jn 15,11-12.
La alegría cristiana:
-
Es la alegría de Cristo en nosotros: Jn 17,13.
-
Es una alegría que nada ni nadie puede arrebatar: Jn 16,22;
será perpetua: Is 35,10; 51,11.
-
Es la alegría humana en plenitud: Jn 15,12.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Porqué crees que es importante fijar nuestros ojos en María
para comprender lo que significa la alegría cristiana?
-
¿Piensas tú que la alegría cristiana tiene que ser compartida
a los demás? ¿Compartes esta alegría a tus hermanos?
-
María nos enseña que solamente amando podremos alcanzar la
plenitud de la alegría. ¿Qué medios concretos puedes poner para vivir esta
dinámica?
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[1] La Iglesia conmemora y celebra justamente estos acontecimientos
cada cincuenta años con un Jubileo, asociándose a la alegría de quien fue la
primera y privilegiada testigo de estos acontecimientos que forman parte
esencial de la obra divina de nuestra reconciliación.
[3] En la Catequesis del 21 de mayo de 1997 el Papa Juan Pablo
II sostiene y fundamenta que María fue la primera en recibir la gran
noticia de la Resurrección de su Hijo.
[4] Dado que este año jubilar se debe al 2000 aniversario de la
Encarnación-Nacimiento de Jesucristo, aquí sólo trataremos la alegría de María
vinculada a la Anunciación-Encarnación.
[5] Ver Luis Fernando Figari, En Compañía de María, VE, Lima,
1995, pp. 27-28.
[9] Sof 3,14. Ver también Zac 9,9-10.
[12] Pablo VI, Gaudete in Domino, 76.
[16] Pablo VI, ob.cit., n. 4.
[18] Evangelium vitae, 76.
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