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La frase "estar en el mundo, sin ser del mundo"
compendia buena parte de las expresiones contenidas en la oración que el Señor
Jesús eleva al Padre en favor de sus discípulos la noche de la última Cena,
antes de ofrecer su vida en la Cruz< para la reconciliación de la humanidad
con Dios[1].
El más grave desafío que enfrenta la evangelización
al inicio de este nuevo siglo y milenio parece ser el oscurecimiento o
incluso pérdida de identidad de muchos hijos de la Iglesia. Este desafío
requiere urgentemente -como lo ha señalado el Santo Padre- una nueva
evangelización, cuyo objetivo fundamental será ayudar a muchos
bautizados "formalmente cristianos" a encontrarse con el Señor Jesús, el único
que puede revelar plenamente el hombre al propio hombre y mostrarle el camino
que conduce a su propia realización y felicidad. La frase estar en el mundo, sin
ser del mundo es para nosotros programática, y por ello debe
constituirse una guía orientadora para nuestro ser y obrar, así como un
estímulo constante para custodiar la propia identidad contra toda forma de
alienación, y para desplegarnos en el amoroso cumplimiento de nuestra misión
evangelizadora.
1. EL "MUNDO"
La palabra mundo en la Sagrada Escritura es
una palabra "equívoca", pues presenta varios significados: a veces significa el mundo
visible creado por Dios. Otras veces significa el conjunto histórico y
cultural en el cual se desarrolla la vida de los hombres. En otras
ocasiones expresa una realidad que es antagónica a Dios.
Según su significado, la palabra "mundo" porta una
carga positiva o negativa. Así,el mundo es bueno si se trata del mundo
que Dios ha creado[2],
pero es malo si se refiere al mundo que rechaza a Dios y todo lo que
procede de Él, sea de modo abierto o desde la indiferencia de quienes
prescinden del Señor en su vida.
El mundo antagónico a Dios es al que se
refiere el Señor Jesús en su oración al Padre. Sin embargo, es importante no
perder de vista el mundo bueno creado por Dios, ni el mundo en su sentido
histórico y cultural, para no caer en una «tendencia innatural de despreciar el
mundo y sus valores»[3],
asumiendo con ello posturas maniqueas, espiritualistas, desencarnadas, de fuga,
que no comprendan bien la naturaleza y misión del Pueblo de Dios y que busquen
por ello "encerrarse en la Iglesia<" como si ésta fuese un refugio y un
gueto.
2. UN MUNDO ANTAGÓNICO A DIOS, Y UN MUNDO
RECONCILIADO
Pero si Dios crea todo y lo crea bueno, ¿cómo puede existir un
mundo malo? La creación de Dios ha sido desfigurada por la acción de Satanás y
por la complicidad de los hombres: es la criatura humana quien haciendo mal uso
de su libertad introduce el mal en el mundo creado por Dios[4].
Así, desde el momento de la caída original existe un mundo sometido a la
influencia y dominio del Maligno[5],
un mundo que rechaza a Dios y todo lo que procede de Él. Pero he aquí que Dios
no destruye ese mundo que con mayor o menor conciencia se somete a Satanás. Muy
al contrario envió a su Hijo único para reconciliarlo y recrearlo por el don de
su Espíritu[6].
Gracias al Hijo y a su misión reconciliadora, no
pertenecemos ya a ese mundo: ahora pertenecemos al mundo reconciliado por Cristo,
que es la Iglesia. En< efecto, por nuestro Bautismo hemos sido arrancados
del mundo en cuanto mal y "consagrados" con el óleo santo, es decir, separados
para Dios y hechos miembros de la Iglesia. Pero, aunque consagrados, al mismo
tiempo hemos sido "dejados" en el mundo que antagoniza con Dios[7],
o más bien, enviados a él desde nuestra nueva condición de hombres y
mujeres nuevos: «Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al
mundo»[8].
3. ESTAR EN EL MUNDO.
Frente a cualquier «tendencia innatural de depreciar
el mundo y sus valores» el Hijo del Padre propone a sus discípulos una dinámica
encarnatoria. En efecto, el Señor Jesús es la Palabra eterna del Padre
que por su encarnación en el seno inmaculado de la Virgen María< asume
verdadera y completamente la naturaleza humana para redimirla y reconciliarla,
para elevarla. Tras las huellas del Señor el discípulo participa de esta
dinámica encarnatoria estando en el mundo sin ser de él.
Estar en el mundo significa asumir el mundo
visible creado por Dios como proyecto a realizar mediante un recto
dominio sobre sí mismo y sobre todo lo creado. Estar en el mundosignifica
asumir el propio papel histórico y comprometerse intensamente en el verdadero
desarrollo de los hombres, de los pueblos y de la humanidad entera[9].
Estar en el mundo significa evangelizar la cultura y las culturas del
hombre, es decir, «alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio
los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las
líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la
humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de
salvación»[10].
Siguiendo los designios divinos el creyente está
llamado a humanizar el mundo entero y conducirlo hacia su meta definitiva. Como
decía el Papa Pío XII: « Es todo un mundo que se ha de rehacer desde los
cimientos, que es necesario transformar de salvaje en humano, de humano en
divino, es decir, según el corazón de Dios»[11].
Y eso sólo se puede hacer "desde dentro", y sin perder de vista la propia
identidad.
4. SIN SER EL MUNDO.
No debemos olvidar que a pesar de haber sido
bautizados aún hay algo en nosotros que nos inclina al mal[12],
y que no estamos totalmente libres de la influencia alienante del mundo
antagónico a Dios. Por tanto, en respuesta a la novedad de vida recibida por el
don del agua y del Espíritu, hemos de poner todo empeño no sólo para no
acomodarnos al mundo presente rechazando sus criterios y
pseudo-valores, sino también para conformarnos día a día con el Señor Jesús
mediante la continua renovación de nuestra mente y de todo nuestro ser,
mediante la metánoia[13].
La misión de la nueva evangelización exige en primer lugar dejarnos
iluminar nosotros mismos por la luz de Cristo, permitiendo que Aquel que es la
Luz de los hombres[14]
ilumine plenamente nuestro ser y disipe todo lo que en nosotros haya de
oscuridad, de pecado, de mal. Quien a la luz de la verdad sobre Dios y sobre el
hombre revelada por el Señor Jesús descubre cada vez más y reflexiona
continuamente sobre su propia identidad[15],
no podrá ser confundido, ni engañado, ni avasallado por el dinamismo alienante
del mundo. Y quien en cooperación con la energía divina procura vivir en lo
cotidiano en plena coherencia con su identidad bautismal llegará a ser como sal
que sala la tierra, luz que brilla sobre el candelero[16] y levadura que fermenta toda la masa[17].
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Estamos en el mundo: Jn 13,1; 17,10.
-
No somos del mundo, como tampoco Cristo es del
mundo: Jn 15,19; 17,14.16.
-
El mundo aborrece a Cristo: Jn 7,7; Lc 2, 34 35; y
aborrece a los que son de Cristo: Jn 15,18; 1Jn 3,1.13.
-
No se trata de "salir del mundo": Jn 17,15; 1Cor
5,9-10.
-
Como el Padre envió al Hijo, así Él nos envía: Jn
17,18; para dar testimonio de la verdad: Jn 18,37; 1Jn 5,20.
-
El Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo:
1Jn 4,9.14; 1Tim 1,15. Para ello el Hijo se encarnó: Jn 1,14; Heb 10,5. Cristo
reconcilia al mundo con Dios: 2Cor 5,19. Por Cristo hemos sido rescatados del
mundo sujeto a la influencia del Maligno: Ef 2,1-5. Pertenecemos al mundo
reconciliado: 1Jn 5,19.
-
No debemos acomodarnos al mundo presente, sino
transformarnos mediante la metánoia: Rom 12,2; Ef 4,22-24.
-
No debemos amar al mundo ni lo que hay en el
mundo: 1Jn 2,15-16. La amistad con el mundo es enemistad con Dios: Stgo 4,4.
Hemos de conservarnos incontaminados en el mundo: Stgo 1,27.
-
El Señor ha vencido al mundo, y nos anima a no
desfallecer: Jn 16,33; 1Jn 4,4; 5,4-5. Quien se deja vencer por el mundo.: 2Pe
2,20-22.
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[2] Ver
Gén1,10.12.18.21.25.31.
[3] S.S.
Pablo VI, Carta apostólica Lumen Ecclesiae, 20/11/1974, 8; citado por el
Papa Juan Pablo II en Fides et Ratio, 43.
[7] Hoy
nos referimos a este mundo antagónico a Dios con el término de "cultura
de muerte", expresión que engloba un conjunto de anti-valores, modelos de vida,
normas y costumbres, horizontes y criterios profundamente opuestos al
Evangelio, y por ello a la vida y dignidad del hombre.
[9] Ver
Populorum progressio, 20-21.
[10]
Evangelii nuntiandi, 19.
[11]
S.S. Pío XII, exhortación Por un mundo mejor, 10/2/1952, n.4.
[12]
Ver Catecismo de la Iglesia Católica<, 1426.
[13]
Ver Rom 12,2; Ef 4,22-24. Para profundizar en este tema sugerimos
la lectura de CHD # 61, La conversión.
[15]
Para profundizar en este tema sugerimos la lectura de CHD # 69: Identidad
y misión, y CHD # 78: Sal de la tierra y luz del mundo.
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