|
Por su Misterio Pascual, el hijo de Santa María nos trajo el
maravilloso don de la Reconciliación (CD, 6). Esta Reconciliación, obrada una
vez y para siempre, se prolonga en la historia por medio de la Iglesia, su
Cuerpo Místico. El Señor Jesús, Sacerdote de la Nueva Alianza, único mediador
entre Dios y los hombres (1Tim 2, 5), ha hecho de nosotros un reino y
sacerdotes para Dios su Padre (Ap 1, 6), de manera que unidos a Él, podamos
ofrecer al Padre sacrificios espirituales, en espíritu y en verdad (Jn 4, 23s).
En la liturgia, el Señor Jesús asocia a su Iglesia en un doble
dinamismo: glorificamos al Padre, y somos santificados por Él, que nos comunica
su vida. Por eso, la liturgia constituye el lugar por excelencia donde se
actualiza y prolonga en el tiempo la obra de la reconciliación.
GLORIFICACIÓN DE DIOS
Siendo la aspiración al encuentro un dinamismo fundamental del
ser humano, éste experimenta un hambre de trascendente plenitud, de encuentro
absoluto con Aquel que es Comunión de Amor. Este dinamismo sella profundamente
nuestra propia mismidad. En el Señor Jesús somos invitados a participar de la
misma vida divina, que es comunión trinitaria, perfecta intercomunicación de
Amor.
La liturgia es el ámbito privilegiado bajo el velo de los signos
sagrados del encuentro de la Iglesia y cada uno de sus miembros con Dios Padre,
en el Señor Jesús, bajo la acción del Espíritu. Toda celebración litúrgica es
acción sagrada por excelencia, pues es obra de Cristo sacerdote y su Cuerpo, la
Iglesia ( Sacrosantum Concilium, 7). La liturgia eleva al Padre la oración de
adoración y súplica del pueblo fiel que peregrina hacia el encuentro definitivo
con Dios-Amor.
FUENTE DE SANTIFICACIÓN
La liturgia es, a la vez, fuente de santificación. Ella es un
medio extraordinario para lograr la conformación con el Señor Jesús, el Hijo de
María, pues nos hace participar de manera más íntima de su propia vida divina.
En efecto, la vida de Cristo se nos comunica por la liturgia
"mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la
vida de la Iglesia" (Sacrosantum Concilium, 6), de manera especial la
Eucaristía, "Corazón y centro de la liturgia" (Pablo VI). A través de la
liturgia, es el mismo Señor Jesús quien nos habla, nos interpela, nos
cuestiona; pues "cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien
habla" (Sacrosantum Concilium, 7). La oración de la Iglesia al Padre, por medio
de la liturgia, es la misma oración de Cristo. Todo el año litúrgico actualiza,
hace presente, el misterio del Señor y su riqueza santificadora (Sacrosantum
Concilium, 102).
Esta eficacia santificadora de la liturgia implica nuestra
participación activa, consciente y comprometida. En una participación así, las
palabras y el corazón, lo exterior y lo interior, lo personal y lo comunitario,
no se encuentran separados, sino que caminan juntos en una íntima y armoniosa
relación. De esta forma, la liturgia se convierte en una excelente ocasión para
educarnos en el silencio, la reverencia, el recogimiento y la docilidad al
Divino Plan.
Así pues, ambos aspectos, glorificación de Dios y santificación
del hombre, convergen armónicamente en la liturgia, formando una unidad
inseparable, pues el Padre es glorificado en nuestra santidad.
LITURGIA Y VIDA
La liturgia no se reduce a un mero conjunto de normas
culturales. Ella es una función vital de toda la Iglesia. La liturgia no
solamente es la actividad propia de la Iglesia, cuya eficacia, por ser obra de
Cristo sacerdote y de su Cuerpo, no es igualada por ninguna otra acción
(Sacrosantum Concilium, 7) sino "la cumbre a la cual tiende la actividad de la
Iglesia y, el mismo tiempo, la fuente de donde emana toda su fuerza"
(Sacrosantum Concilium, 10).
Por esto, aquello que se realiza en la liturgia, no debe
permanecer encerrado en los muros del templo, sino que debe prolongarse a lo
largo de toda nuestra existencia. Nada más ajeno a la vida cristiana que un
intimismo capillista desencarnado y estéril. Y más aún hoy en día, en que la
secularización, la apatía y la indiferencia religiosa aplastan a los hombres,
en que el mundo paganizado y su cultura de muerte constituyen un desafío
permanente. Nuestra tarea evangelizadora aparece, pues, como una exigencia y un
reto cada vez más apremiantes. De ahí la importancia de alimentarnos de la
liturgia, pues ella es como enseñan nuestros Obispos de Puebla "el momento
privilegiado de comunión y participación para una evangelización que conduce a
la liberación cristiana integral, auténtica" (Puebla, 835).
Toda nuestra vida debe constituirse en un verdadero acto
litúrgico. Debemos ser protagonistas, junto con el Señor Jesús, de la
construcción de la convivencia y las dinámicas humanas que reflejan el misterio
de Dios y Constituyen su gloria viviente (Puebla, 213).
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Jesús está presente en la liturgia: Mt 18, 20.
-
La liturgia nos conforma a Jesús: Rom 6, 4s; Gál 3, 27; Jn 15,
3-4.
-
La liturgia supone conversión: Rom 10, 14s.
-
El hombre debe colaborar con la actitud santificadora de la
liturgia: 1Cor 3, 8s; 2Cor 6, 1.
-
Reverencia en la liturgia: 1Cor 11, 27.
-
En la liturgia todos somos protagonistas, cada uno desde su
puesto:1Pe 2, 4-5.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿En qué consiste el doble dinamismo de la liturgia? ¿Cuál es su sentido?
-
¿Qué importancia tiene la liturgia para tu vida? ¿Por qué?
-
¿Existe ruptura entre lo que celebras en la liturgia y tu vida
cotidiana? ¿Por qué?
-
¿Participas activamente en la liturgia o te contentas con ser
un mero espectador? ¿Qué cosas concretas puedes hacer para mejorar tu
participación?
|
Descargar Trabajo de Interiorización
|
Versión para imprimir
|
|

|

|
|