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«¡Vale la pena ser hombre, porque Tú te has hecho hombre! Porque
has venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Porque te has hecho
-mediante el amor- totalmente "para los demás"»[1].
Ser, existir, es ante todo una experiencia vital: me sé
(soy consciente) y me experimento siendo, y siendo no una cosa sino persona
humana. Esta experiencia es tan cotidiana que acaso tomamos el hecho de
existir como algo "normal". Sin embargo, cuando nos detenemos a reflexionar
sobre lo que significa la existencia humana, sobre lo que significa nuestra
propia existencia, nos encontramos ante un misterio difícil de resolver: ¿Qué es
el hombre?[2]
¿Qué es este misterio de ser persona humana? ¿Quién soy yo? Para
responder a estas preguntas esenciales lo hacemos desde la fe. Dios mismo en su
Hijo[3]
hecho hombre nos ofrece las luces necesarias para conocer plenamente el
misterio del ser humano, cuál es su origen, el sentido de su vida y su destino
último, y al mismo tiempo nos concede el Don y la fuerza divina para llegar a
ser verdadera y plenamente personas humanas, conforme a su designio divino.
DIOS CREA AL HOMBRE CON UN PLAN
El hombre no puede ser verdaderamente aquello que está llamado a
ser -ser humano- si su comprensión de sí mismo es equivocada o parcial,
es decir, si no se conoce verdadera y plenamente, si no sabe quién es él,
su identidad más profunda. Este conocimiento a su vez no es posible si no
conoce a Dios y su designio creador sobre el hombre.
Dios, que es Uno y único, es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en sí
mismo Misterio de Comunión en el Amor. Él crea al hombre por sobreabundacia de
amor, invitándolo a participar de su misma Vida y Comunión divina, de la
felicidad que Dios vive en sí mismo. Creado por el Amor[4]
y para el Amor, es un ser para el encuentro, necesitado de diálogo,
en búsqueda constante de la comunión con Dios y con otros "tú" humanos
como él.
La invitación a participar de la Comunión divina exigía por
parte del hombre una respuesta libre: él podía aceptar o no tal invitación. Mas
quedaba claro que sólo en el fiel cumplimiento de los designios divinos,
ejerciendo un recto dominio sobre todo lo creado y siendo creador de cultura,
el hombre alcanzaría la plenitud de lo que estaba llamado a ser.
¿VALE LA PENA SER HOMBRE?
Porque Dios sabe bien quién es el hombre y cuál el camino que
lleva a su plena realización, desde el principio le mostró amorosamente lo que
tenía que hacer y por dónde había de caminar para realizarse, para desplegarse
al máximo, para ser feliz. Mas haciendo mal uso de su libertad el hombre
rechazó el Plan de Dios, quebrando su amistad con Dios, dañándose terriblemente
él hombre a sí mismo y en su relación con los demás, e introduciendo el mal en
el mundo y en la creación entera. Tras la ilusión del "bien-para mí", el pecado
sigue siendo un acto suicida. El que peca, aunque crea lo contrario, es
enemigo de sí mismo porque se hace daño.
Ahora bien, muchas veces ante las graves situaciones que como
consecuencia y efecto del pecado hoy padecemos o padecen otros, podemos
preguntarnos: ¿tiene sentido la vida humana? ¿Vale la pena ser hombre, cuando
por las enfermedades, el hambre, el odio, la guerra, la seducción de las
ideologías, etc., la existencia del hombre puede tornarse tan miserable? Y ¿qué
sentido puede tener la vida del hombre cuando con la muerte todo parece acabar?
¿Es la vida del hombre -como algunos la han calificado- un "absurdo", o una
"náusea"? En verdad, ¿vale la pena ser hombre?
DIOS RESPONDE...
Toda visión negativa y pesimista acerca del hombre se estrella
ante un acontecimiento histórico inaudito: ¡Dios se ha hecho hombre!
¿Puede caber esto en nuestra mente? Que Dios, el creador del universo y de la
humanidad entera, haya asumido nuestra naturaleza humana, se haya hecho Hijo de
Mujer, haya habitado entre nosotros? ¿Y todo para que nosotros, rescatados de
nuestra miseria, pudiésemos llegar a ser nuevamente hijos de Dios, hombres de
verdad? Sí, ¡DIOS hizo eso! Y por ello en Jesús descubrimos la respuesta
que Dios mismo da a la pregunta que muchos se hacen en medio de la angustia: ¿vale
la pena ser hombre? ¡Claro que vale la pena, si Dios mismo
se hizo hombre!
La encarnación y el nacimiento del Señor Jesús nos hablan
ciertamente con toda claridad de la grandeza del ser humano, de lo inmensamente
valioso que el hombre es a los ojos de su Creador. ¡Tanto vale el hombre a los
ojos de Dios, y tanto lo ama, que Él mismo se hace hijo de Mujer para
reconciliarnos y elevarnos nuevamente a nuestra verdadera condición y grandeza
humana! ¡A una condición mayor que aquella de antes del pecado! ¡Tanto
vale a los ojos de Dios, que por él Cristo ha derramado su sangre en la Cruz!
¡Tanto vale para Él que por él ha vencido al pecado y a la muerte con su
resurrección! ¡Tanto vale para Él que por el don de su Espíritu le abre
nuevamente el camino para que llegue a ser plenamente persona humana, siendo
hijo de Dios![5].
Por eso, ¡vale la pena ser hombre, porque Tú te has hecho hombre!
EL SEÑOR JESÚS, HOMBRE PERFECTO, REVELA EL HOMBRE AL PROPIO
HOMBRE
En Cristo el proyecto originario de Dios sobre el hombre recobra
todo su esplendor y toda su grandeza. Jesús es hombre concreto y completo, Él es
el hombre perfecto en quien no existe pecado alguno. En Él la humanidad se
encuentra plenamente desplegada y por ello es Él el modelo de plena
humanidad y santidad[6],
para todos los hombres de todo tiempo y lugar.
Al mirar a Cristo me conozco a mí mismo plenamente: descubro quién
soy (mi propia y auténtica identidad) y qué tengo que hacer para
responder a mi vocación a ser persona humana. Por un lado, el
Señor Jesús me lleva a apartarme de toda ilusión, a no creerme lo que no soy,
a no identificarme reductivamente con mi cuerpo, mis personajes, mis
pensamientos, mis sentimientos. Por otro lado, me lleva a ahondar en lo que
verdaderamente soy, a ir a lo esencial, a lo constitutivo, a aceptarlo y
valorarlo, a vivir de acuerdo a ello.
Al ver al Señor Jesús, y porque quiero ser feliz[7],
me experimento invitado a ser como Él, a tenerle como maestro y modelo de plena
humanidad. Ante Él puedo exclamar con plena certeza y convicción: "¡Sí, vale la
pena ser hombre, pero hombre como Tú, aprendiendo de Ti a amar intensamente,
desplegándome como Tú en el fiel cumplimiento del Plan de Dios para conmigo!" Y
cuando en esforzada cooperación con la gracia haga de Cristo mi vida[8],
cuando sea yo, más no yo, sino Él quien viva en mí[9],
quien ame en mí, quien actúe en mí, mi vida humana adquirirá un sentido pleno,
intenso, grandioso, más allá de todo el sufrimiento que pueda experimentar en
mi existencia como peregrino en esta tierra. Viviendo como Cristo mi propia
humanidad quedará plenamente desplegada, seré lo que estoy llamado a ser, seré
-con la ayuda de Dios- santo, seré verdaderamente persona humana, dando
con ello continua gloria a Dios. He allí el camino que lleva a mi propia
felicidad[10].
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Dios es comunión de amor: 1Jn 4,8.16. Por amor crea al hombre
a su imagen y semejanza, invitándolo a participar de su vida y comunión: Gen
1,26-27; el hombre rechaza a Dios y su Plan: Gen 3,1-7.
-
Dios promete un reconciliador: Gen 3,15; por amor al hombre,
envía a su propio Hijo: Gal 4,4-5; 1Jn 4,9-10;
-
Vale la pena ser hombre, porque Él se ha hecho hombre: Jn
1,14; se encarnó de María Virgen, por obra del Espíritu Santo: Lc 1,34-35; se
hizo en todo igual a nosotros, menos en el pecado: Heb 4,15; para
reconciliarnos: 2Cor 5,17-18, para que tuviésemos en Él la vida eterna: Jn
3,16; Vale la pena ser hombre porque en Cristo el hombre puede desplegarse en
el don de sí: Jn 15,9-12; y realizarse plenamente: 1Jn 3,2; La plenitud que
Dios tiene preparada para quien le ama sobrepasa todo lo imaginable: 1Cor 2,9.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Por qué podemos decir que vale la pena ser hombre y no caer
en el visión negativa en la que muchas veces sucumbe una visión sin fe? Explica
con tus propias palabras.
-
¿Qué significa que el ser humano no pueda conocerse plenamente
si no tiene una referencia a Dios?
-
¿Qué significa para ti el misterio de la Navidad?
-
¿Qué te muestra y enseña el pesebre de Belén sobre la realidad
humana?
-
¿Qué puedes ofrecerle al Niño Dios en esta Navidad?
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Trabajo de Interiorización
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