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«Resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día
Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón,
invitó al Apóstol a "remar mar adentro" para pescar: "Duc in altum"
[1]»[2].
La invitación del Papa Juan Pablo II de remar mar adentro,
hecha en nombre del Señor Jesús a todos los hijos de la Iglesia al inicio de
este tercer milenio de la fe, «manifiestan que en su designio Él nos pide
trabajar con el mayor esfuerzo, cooperando siempre a la realización del divino
Plan» [3]
. En este sentido, «los miembros del MVC se descubren llamados a comprometerse
en la tarea de la evangelización. Quieren de esa manera participar de la misión
de la Iglesia colaborando en todo lo que esté a su alcance, según sus
capacidades y posibilidades, para que la dinámica de la Buena Nueva alcance y
transforme cuanto está en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de
salvación» [4].
«REMAD MAR ADENTRO»
¿No consiste este remar mar adentro en un "adentrarnos"
continuamente en el mundo, en estar en el mundo pero sin ser del mundo
[5], para participar en el «gozo y la esperanza, la tristeza y la
angustia de los hombres de nuestro tiempo»
[6] y hacerles cercano al Señor Jesús allí, en las circunstancias
concretas de su vida cotidiana, invitándolos incesantemente al encuentro con
Él?
En efecto, el "mar" al que el Señor invita a Pedro a adentrarse
«evoca la imagen del mundo, también la del mundo contemporáneo, en el que
vivimos y en el que la Iglesia cumple su misión»
[7]. Se refiere también al mundo que «se va apartando de su sentido al
sumergirse en el secularismo, el agnosticismo funcional, el consumismo, el
relativismo y tantas otras manifestaciones que obstaculizan la realización de
las personas según el Plan de Dios»
[8].
Y así como aquel mar constituyó un desafío para Pedro y sus
compañeros, este mundo en el que nos ha tocado vivir constituye un desafío para
nosotros: ayudar a que hoy entronquen con la Vida tantos hombres y mujeres que
viven sumergidos allí donde no llega la luz del Sol de Justicia, sometidos a
las tinieblas del pecado y de la muerte, ¡ése es el gran desafío para Pedro,
pescador de hombres! Ese es también nuestro desafío, en cuanto que en la misma
Barca, que es la Iglesia, estamos llamados a participar activamente de la
misión encomendada por el Señor Jesús a Pedro y a sus apóstoles: «Id, pues, y
haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo»
[9].
VISIÓN AL FUTURO
Este remar mar adentro para echar las redes implica un
acto de profunda confianza en el Señor Jesús: «en tu palabra, echaré las
redes» [10] le
dice Pedro, aunque tiene razones suficientes para pensar que la pesca será un
fracaso: «hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada»
[11]. También hoy la empresa de la nueva evangelización parece
enfrentarse con serias dificultades porque el mensaje del Evangelio transmitido
por siglos parece haberse vuelto poco comprensible o poco atrayente para
muchos.
Ante el rechazo o la indiferencia de tantos, ante el fuerte
avance del secularismo, ante la postura relativista y subjetivista de muchos
que niegan al hombre la posibilidad de conocer la verdad y lo objetivo, se
trata de anunciar el mismo Evangelio de siempre en un lenguaje que los hombres
y mujeres de nuestro tiempo sean capaces de comprender y acoger. Esto es lo que
también hoy nos pide el Señor Jesús: «proclamar la Buena Nueva con un lenguaje
que haga más cercano el mismo Evangelio de siempre a las nuevas realidades
culturales de hoy»
[12]. Todo ello con la conciencia que en lo más hondo del corazón
humano se experimenta con fuerza una intensa hambre de Dios.
El saber que el Señor nos envía y que Él está con nosotros en la
Barca nos llena de entusiasmo y esperanza, pues de Él nos viene la fuerza y
energía de su Espíritu que nos hace capaces de responder al desafío señalado.
Somos plenamente conscientes de que transformar el mundo entero es tarea
imposible sin el Señor, pero también creemos firmemente que con Él, con
su fuerza y gracia, todo es posible. En ese marco y contexto. «Dios nos
pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar
todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro
servicio a la causa del Reino»
[13]. Por ello también nosotros, con plena confianza en el Señor, hemos
de hacer nuestra la respuesta de Pedro: «en tu palabra, Señor, echaremos
las redes». ¡También nuestra pesca será abundante si hacemos lo que Él nos dice!
De este modo, la confianza en el Señor y en su palabra nutre y alienta nuestra visión
al futuro, lanzándonos decididamente al compromiso y despliegue
apostólico.
«ECHAD VUESTRAS REDES»
Echar las redes es símbolo de despliegue apostólico.
¿No despliega el pescador sus redes para pescar? Así también nosotros hemos de
desplegar hoy nuestras redes en el mundo en que nos ha tocado vivir para ganar
para la Vida a los que más podamos
[14]. El anuncio del Evangelio se realiza de múltiples maneras y
teniendo en cuenta personas, situaciones y ambientes distintos. Desplegarnos
apostólicamente implica multiplicar en la medida de nuestras
posibilidades y capacidades nuestra presencia apostólica en la sociedad,
apoyando las diversas iniciativas apostólicas ya existentes o dando lugar a
otras nuevas, viviendo siempre intensamente nuestra propia espiritualidad,
estilo y carisma.
Ahora bien, lo que se nos pide es un despliegue apostólico en la
vida cotidiana. El apostolado en la vida cotidiana es el
apostolado que surge de un corazón que arde en el amor al Señor. ¿Puede
acaso una hoguera dejar de irradiar su luz y su calor sólo por un instante?
¡No! Así tampoco aquél o aquélla que experimenta arder en sí el fuego del amor
divino puede dejar de irradiar la luz de Cristo a todos los hombres con quienes
se cruza en el camino: evangeliza con su sola presencia, a cada instante, desde
que se levanta hasta que se acuesta, aunque sea con sólo su saludo
[15], con un gesto, con una sonrisa, sirviendo a los hermanos con
generosidad y paciencia, edificando con sus palabras
[16], haciendo lo ordinario y rutinario de modo extraordinario,
perdonando a quien le ofende y siendo artesano de la reconciliación, y ello
estando en casa o fuera de ella, en el colegio, o en la universidad, o en el
lugar donde trabaja, en la calle o donde sea que se encuentre.
Este es entonces el ideal al que debemos aspirar: anunciar e
irradiar al Señor Jesús en todo momento, a tiempo y a destiempo
[17], en todas las circunstancias y ámbitos concretos de nuestra vida
cotidiana. Es ciertamente un ideal que sólo podremos alcanzar en la medida que
nos esforcemos por ser santos: son ellos los mejores evangelizadores
[18], son ellos los que cambiarán el mundo.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Es tiempo de desplegar las redes: Lc 5,4;
-
Llamados a ser pescadores de hombres: Mt 4,19; Mc 1,17; Lc
5,10.
-
Hemos de anunciar el mensaje de la reconciliación: 2Cor
5,18-20.
-
A todos los pueblos: Mt 28,18-20. Evangelizar es irradiar a
Cristo: Mt 5,15-16.
-
Es fuente de gozo: Lc 10,17.
-
Es nuestro urgente deber: 1Cor 9,16.
-
Hemos de evangelizar a tiempo y destiempo: 2Tim 4,2.
-
Sin miedo, con ardor: Hech 9, 27-29.
-
Para ganar a los que más podamos: 1Cor 9,19.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Qué significa para ti el llamado que el Señor nos hace de ser
pescadores de hombres?
-
¿Qué relación existe entre apostolado y despliegue?
-
¿Qué es hacer apostolado a tiempo y a destiempo? ¿En qué
medida buscas hacerlo vida?
-
¿Cuáles son las instancias de tu vida cotidiana en las que
estás llamado a ser un apóstol del Señor? ¿Lo eres? ¿Qué te falta o qué más
puedes hacer?
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Trabajo de Interiorización
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[2] Novo
millennio ineunte, 1.
[3] Luis
Fernando Figari, Es tiempo de desplegarse, Mensaje dirigido a los
participantes en la Reunión de Coordinación 2001 del Movimiento de Vida
Cristiana, Lima 30/8/2001, n.7.
[4] Movimiento
de Vida Cristiana, ¿Qué es?, Fondo Editorial, Lima 1998, p. 27.
[5] Ver
Camino Hacia Dios (CHD), No 84.
[7] S.S.
Juan Pablo II, Homilía durante la liturgia de la Palabra celebrada con los
jóvenes en Poznan, Polonia, 3 de junio de 1997, n.4.
[8] Luis
Fernando Figari, allí mismo, n.3.
[13]
Novo millennio ineunte, 15.
[17]
Ver 2Tim 4,2; también CHD No 90.
[18]
Ver Santo Domingo, 28.
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