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LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA
 

«Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar»[1].

Quienes creemos en el Señor Jesús afirmamos que Él «es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, "llamó a los que Él quiso, y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar"[2]. Desde entonces, serán sus "enviados" (es lo que significa la palabra griega Apostoloi). En ellos continúa su propia misión: "Como el Padre me envió, también yo os envío"[3]. Por tanto, su ministerio es la continuación de la misión de Cristo»[4]. Pero no sólo a los primeros apóstoles y sus sucesores compete esta misión: «Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es "enviada" al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. "La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado"[5]»[6]. Su misión, la misión de todos los que somos sus hijos, es la de evangelizar.

LA BARCA DE PEDRO

La barca de Pedro ha sido tomada ya desde antiguo como una de las figuras que simbolizan la realidad misteriosa que es la Iglesia, ese "ya" pero "todavía no" de la presencia del Reino de Dios en el mundo[7]. Esta "barca", aunque navega por el mar a veces sereno, a veces tempestuoso de la historia y del mundo al encuentro definitivo de su Señor, no se aparta de su misión en este mundo[8], cual es evangelizar y ser instrumento de reconciliación de los hombres con Dios[9]. Desde ella se realiza la misión encomendada por el Señor Jesús, de ser pescadores de hombres. Ellos deben ser traídos a la barca para ser llevados a tierra firme, símbolo de la vida eterna.

Todos los que estamos en la barca de Pedro y con Pedro tenemos el deber de participar en las faenas de pesca. Es ésta la razón por la que el Santo Padre, al iniciar el tercer milenio de la fe, en nombre del Señor, nos ha llamado a todos a remar con él mar adentro y desplegar nuestras redes en un mundo que, aunque hambriento de Dios, se aparta cada vez más de Él[10].

EL SEÑOR ESTÁ CON NOSOTROS

El Señor Jesús insta a Pedro y a sus compañeros a llevar la barca mar adentro y echar sus redes. Este es un signo que preanuncia la misión de la Iglesia, enviada por el Señor Jesús a anunciar el Evangelio y ser portadores del don de la reconciliación para todos: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»[11].

El "mar" que se abre hoy ante la Iglesia es vastísimo y presenta serios retos: «es todo un mundo que se ha de rehacer desde los cimientos; que es necesario transformar de salvaje en humano, de humano en divino, es decir, según el corazón de Dios», decía el Papa Pío XII[12]. El esfuerzo requerido para cumplir esta tarea es enorme y a veces las dificultades que se presentan para poder llegar al corazón de los hombres y mujeres que son hijos de nuestro tiempo pueden hacer perder el entusiasmo y la esperanza a no pocos. Pero las múltiples dificultades, para quien confía en el Señor, se truecan en retos que estimulan la iniciativa, el ingenio y esfuerzo. ¡Ante las dificultades de hoy no hay que diluir el mensaje ni echarnos atrás! Los nuevos desafíos llaman a la audacia, a una evangelización que sea «nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión»[13]. De ese modo el mismo mensaje de siempre, la Verdad revelada en el Señor Jesús guardada y transmitida por la Iglesia a lo largo de los siglos y generaciones, arrancará también hoy a muchos de las honduras del mar de la cultura de muerte en el que viven sumergidos.

Pero el Señor no sólo envía.  También acompaña a aquellos rudos pescadores que luego de una faena infructuosa se lanzan nuevamente a la pesca confiados únicamente en Su palabra. Ello expresa que el Señor está siempre con nosotros.  También nos recuerda continuamente que «aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él[14] de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla»[15]. Él nos acompaña y en la Iglesia permanece entre nosotros hasta el fin del mundo[16] para hacer fecundas todas nuestras iniciativas apostólicas.

EVANGELIZADORES PERMANENTEMENTE EVANGELIZADOS

La misión evangelizadora y reconciliadora encomendada a la Iglesia por el Señor Jesús nos incluye a todos sus hijos: «como miembros de la Iglesia recibimos la misión, cada uno desde el propio llamado y estado, de anunciar el amor y la reconciliación del Reino»[17].

Esta misión debe ser acogida ante todo por uno mismo, y para ello debo yo en primer lugar acoger la Palabra y dejarme transformar por Ella. Siendo evangelizado yo primero, y siendo yo permanentemente evangelizado, podré evangelizar. Evangeliza de modo convincente quien procura encarnar y reflejar el Evangelio en su vida cotidiana, quien en activa y continua cooperación con la gracia y dones recibidos se esfuerza día a día, en las diversas circunstancias de cada jornada -en el hogar, en el trabajo o centro de estudios, en la calle, etc.- por vivir con máxima coherencia las exigencias del Evangelio, sin arrancarle sus páginas incómodas. Evangeliza quien transmite a Cristo, aquél que con su sola presencia irradia la luz de Cristo y la fuerza del Evangelio: «el mejor evangelizador es el santo»[18]. Por ello mi apostolado será una consecuencia lógica de mi encuentro con Dios y reflejo de una vida cristiana madura.

Tampoco podemos olvidar que al hacer apostolado uno mismo termina siendo evangelizado.  ¿Acaso no es esa nuestra experiencia cada vez que al hacer apostolado nos encontramos con la realidad de las personas, con su encuentro con Dios, con su crecimiento en la vida de fe?  El evangelizar rectamente, me evangeliza.

EN LA BARCA CON PEDRO

Los miembros del MVC nos descubrimos llamados a comprometernos en la tarea de la evangelización. Queremos de esa manera participar de la misión de la Iglesia colaborando en todo lo que esté a nuestro alcance, según nuestras capacidades y posibilidades, para que la dinámica de la Buena Nueva alcance y transforme cuanto está en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación[19].

Conscientes de «que la evangelización parte desde la pertenencia a la Iglesia»[20], nos preguntamos: ¿cómo debemos los miembros del MVC aportar a este gran desafío evangelizador? La respuesta es sencilla y clara: siendo fieles a nuestro carisma y estilo, viviendo intensamente la espiritualidad que el Señor nos ha regalado como un don para nuestra santificación y para el apostolado. En efecto, nuestra espiritualidad, este camino particular por el que estamos llamados a vivir la fe en la vida cotidiana, es un don de Dios para muchos. Somos conscientes de que la espiritualidad sodálite es una espiritualidad para nuestro tiempo, un carisma del Espíritu reconocido como tal por la jerarquía de la Iglesia, un camino sancionado como plenamente válido para alcanzar la propia santidad en la conformación con el Señor Jesús, un camino que responde adecuadamente al desafío de nuestro tiempo de hacer cercano el Evangelio de Jesucristo a los hombres y mujeres de nuestra cultura.

Además de ser fieles a nuestra espiritualidad, necesitamos saber situarnos en el mundo según el Plan de Dios. En él vivimos, y hemos sido llamados a santificarnos y trabajar apostólicamente en él. Allí viven los hermanos a los que amamos y aquellos a cuyo encuentro la caridad nos impulsa cuando anunciamos la Buena Nueva.

Por otro lado, vale la pena reflexionar que se abre ante nosotros, como Familia Espiritual, un nuevo horizonte que requiere de nuestra parte una actitud renovada. No podemos seguir colocándonos ante la magnitud de las bendiciones recibidas como antes. Comenzamos una nueva etapa con una nueva disposición.

Así, viviendo intensamente las características de nuestra propia espiritualidad, estamos llamados a participar intensamente de la misión evangelizadora de la Iglesia, aportando a su edificación desde lo que somos y estamos invitados a dar.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Carácter misionero de la Iglesia: Jn 20,21; Mc 15,16; Hch 1,8; Mt 28,19s; Mt 13, 38.
  • Los discípulos de Cristo han de dar testimonio de El en todo lugar, y a quien se la pidiere: 1Pe 3,15; Rom 1,16.
  • La evangelización es tarea de todos los bautizados: 1Cor 9,16; Lc 4, 18-19; Mt 20, 3-7.
  • Llamados a ser "luz del mundo" Mt 5,14 y "sal de la tierra" Mt 5,13.
  • El Señor promete acompañar a sus discípulos: Mt 28, 19-20.
  • El cristiano debe reproducir la imagen del Hijo: Rom 8, 29.
  • El despliegue de los discípulos de Cristo y su dar "fruto" depende de su estar unidos a la Vida que es el mismo Señor Jesús: Jn 15, 1-6

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. Al ser bautizados entramos a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia. ¿Te sientes de verdad parte de la Iglesia ? ¿Amas a la Iglesia como a tu Madre?
  2. Nosotros somos herederos del mandato misional que el Señor Jesús le da a sus apóstoles ¿cómo puedes contribuir a la extensión del reino desde tu propio llamado y estado? ¿Pones tus dones al servicio de la Evangelización?
  3. El mejor apóstol es el santo, ¿buscas vivir tu vida cristiana con coherencia, esforzándote por morir a tus engreimientos, a tus gustos y disgustos y dar muerte en ti al hombre viejo que no te permite desplegarte y ser lo que debes de ser?
  4. El Señor Jesús nos recuerda que El es la vid y nosotros los sarmientos, que nada podemos sin El, que es El quien nos trasmite la vida. ¿Cuánto cuidado pones en tu relación con el Señor Jesús? ¿Cuánto tiempo le dedicas a los momentos fuertes de oración? ¿Te esfuerzas por vivir una espiritualidad de la acción, de forma que acción sea oración?

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[1] S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi,14.

[2] Mc 3,13-14.

[3] Jn 20,21; ver 13,20; 17,18.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 858.

[5] Apostolicam actuositatem, 2.

[6] Catecismo de la Iglesia Católica, 863.

[7] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 671; 763.

[8] Ver Luis Fernando Figari, Misión reconciliadora de la Iglesia, Fondo Editorial, Lima, 1999, p.44.

[9] Ver 2Cor 5,18-20.

[10] Ver CHD #95.

[11] Mt 28,19.

[12] S.S. Pío XII, Exhortación Por un mundo mejor, Roma, 10/2/1952, n.4.

[13] Ver Santo Domingo, Conclusiones, 28-30.

[14] Ver Jn 15,5.

[15]Catecismo de la Iglesia Católica, 859.

[16]Mt 28,20.

[17]Luis Fernando Figari, lug. cit., p.44.

[18] Ver Santo Domingo, Conclusiones, 28.

[19] Ver Movimiento de Vida Cristiana, ¿Qué es?, Fondo Editorial, Lima, 1998, p. 27.

[20] Luis Fernando Figari, Es tiempo de desplegarse, Mensaje dirigido a los participantes en la Reunión de Coordinación 2001 del Movimiento de Vida Cristiana, Lima 30/8/2001, 3.